Ahora que se escucha y se lee tanto sobre la problemática de la España vaciada y la despoblación y el envejecimiento que sufren determinadas localidades, es bueno recordar que esto también se da en pueblos de la provincia malagueña, sobre todo en los de su interior.

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Un problema que, sin embargo, podría tener una fácil solución: que todos aquellos que viven en grandes ciudades y se llevan las manos a la cabeza mientras gritan que se proporcionen remedios para solventar esta situación, se vayan a vivir a estos municipios que se están quedando sin vecinos. ¡En cinco segundos hemos arreglado el entuerto!

Mientras los concienciados buscan empresas de mudanzas, nosotros por nuestra parte vamos a realizar una listado de los pueblos más hermosos y acogedores de la provincia de Málaga para visitar en este invierno de nueva normalidad postpandemia.

Porque si el verano es época indiscutible para vivir en los municipios de la Costa del Sol, en los meses de fríos los pueblos malagueños de interior son imbatibles en cuanto a belleza y tranquilidad. Pasear por sus calles mientras el olor a lumbre nos azota el rostro es uno de los placeres más sencillos y reconfortantes que hay.

La provincia malagueña está repleta de pueblos con encanto, pero nosotros nos decantamos por estos siete que se pueden completar con aquellas localidades que el lector tenga en mente. ¡Será por pueblos! ¡No hay domingos suficientes en el año para visitarlos todos mientras en la radio del coche suena Carrusel Deportivo!

En ellos encontraremos importantes ejemplos de patrimonio histórico y natural, actividades culturales, de turismo activo, casas rurales, eventos y fiestas populares… y, lo mejor sin lugar a dudas (y con lo que convenceremos para que se apunten a venir a nuestros amigos más reticentes), restaurantes, fondas y bares donde la gastronomía típica de cada municipio reconfortará nuestros cuerpos helados y de donde saldremos con las calorías necesarias para afrontar el camino de vuelta a la España repleta.

Comares

Conocido como el «Balcón de la Axarquía», encontramos a Comares en las estribaciones de los Montes de Málaga a más de 700 metros de altitud sobre el nivel del mar ofreciendo, como su sobrenombre indica, unas vistas fabulosas de sus alrededores. De hecho, cuenta con uno de los miradores más altos de la Axarquía, desde donde es posible ver once localidades distintas, hasta perder la vista en el horizonte marino.

El municipio comareño es uno de los 31 pueblos que conforman la comarca axárquica y cuenta con un rico pasado tan vasto que casi se pierde en el albor de los tiempos. Sus orígenes son confusos, pudiéndose remontar incluso al siglo séptimo antes de Cristo, cuando los griegos focenses llegaron a las costas de Málaga. ¡Ahí es nada!

Comares se encuentra en plena comarca de la Axarquía. Diputación de Málaga

Además de perdernos por su callejero rural lleno de historia y hermosura, podemos visitar su iglesia de la Encarnación, del siglo XVI y con decoraciones mudéjares, su castillo de la Tahona, el paraje natural con restos arqueológicos como un aljibe árabe de la Mesa Mazmúllar o pasear por la ruta senderista de la Fuente Gorda donde nos tropezaremos con una antigua calzada romana.

Canillas de Aceituno

Otra localidad de la Axarquía que debemos visitar sí o sí es Canillas de Aceituno. De calles estrechas impecablemente blancas y repletas de flores y arcos mudéjares por doquier, este municipio se encuentra a las faldas de Sierra de Tejeda y está coronado por el pico de La Maroma, el más alto de la provincia.

Estas características ya dejan a las claras que en sus alrededores la naturaleza es la reina del cotarro y el paisaje se presenta abrupto, lo que ha propiciado la creación, hace ya un año, del puente del paraje de El Saltillo, una infraestructura que, por mucho que le pese a los canilleros, ya se conoce popularmente como el Caminito del Rey de la Axarquía.

Una construcción instalada sobre el cauce del río Almanchares por la Diputación de Málaga y que es uno de los tres puentes colgantes más grandes de España en espacios naturales, con 50 metros de longitud. Para visitarlo existen diversas rutas, pero, esto debemos tenerlo muy en cuenta, los caminos que conducen hasta este puente son de cierta dificultad. No es un paseo por una amplia avenida.

Pero no es lo único que ver en Canillas de Aceituno y si queremos pasar un día más tranquilo y menos arriesgado, el paisaje urbano de esta villa es un elemento a disfrutar por méritos propios. El trazado de sus calles recuerdan de inmediato su origen morisco: sinuoso, estrecho, sin plazas, con zonas donde sólo se deja espacio para ensanches.

Las flores engalanan las calles de Canillas de Aceituno como vienen haciendo desde hace siglos. Ayuntamiento de Canillas de Aceituno/ / Carlos Castro

La localidad forma parte de la conocida Ruta Mudéjar y en ella destacan la Casa de los Diezmos o Casa de la Reina Mora, la Casa Esgrafiada decorada con motivos moriscos y arcos de herradura, el aljibe árabe, su iglesia del Rosario y los restos musulmanes de su castillo.

Jubrique

Las calles de Jubrique conservan parte de las características que las hicieran famosas. Diputación de Málaga

Situado en el Valle del Genal, en la Serranía de Ronda, Jubrique tiene mucho que ofrecer a aquellos que decidan caminar por sus calles y pasear por sus entornos naturales. La parroquia de San Francisco de Asís y las ermitas de Santa Cruz del Chorrillo y del Castañuelo aguardan a los que sean muy capillitas y a los que gustan de pisar el interior de cada iglesia que se topan en su caminar.

En cuanto a los festejos populares, la Fiesta del Aguardiente está a la vuelta de la esquina. Se celebra en diciembre y está declarada de Interés Turístico por la Diputación de Málaga. La tradición de la elaboración de este espirituoso en Jubrique se remonta al siglo XVIII, así que antes de retar a un jubriqueño a una competición de beber, entrena el hígado a base de aguarrás y golpes.

Valle de Abdalajís

Clavado como una espina en la enorme localidad de Antequera, Valle de Abdalajís es un empinado pueblo situado al norte del Valle del Guadalhorce.

El origen del municipio vallestero se marca en la antigua Nescania romana, aunque varios yacimientos repartidos por su entorno atestiguan que la zona estuvo habitada mucho antes. Por lo que de su pasado se conserva un extenso patrimonio arqueológico, al tiempo que está señalado por la sierra con la que comparte nombre.

Entre los lugares que se merecen una visita, antes de ir a almorzar con contundencia, destacan los conventos de la Beata Madre Petra y de San José de la Montaña, la ermita del Santo Cristo de la Sierra, que está situada en la ladera de El Picacho, desde donde se vislumbran unas vistas excepcionales vistas; la iglesia de San Lorenzo, su Museo Etnográfico y la sala arqueológica del Valle de Abdalajís y el Palacio de los Condes de Corbo que fue edificado en el siglo XVI.

Almargen

Para no dejar Almargen más al margen del mapa de Málaga (disculpen este juego de palabras tan horroroso), escribiremos sobre esta localidad que junto a Ardales, Campillos, Cañete la Real, Carratraca, Cuevas del Becerro, Sierra de Yeguas y Teba conforma la comarca del Guadalteba.

Almargen es uno de los pueblos más occidentales del norte de la provincia, limitando con Sevilla y Cádiz, y pone a disposición del curioso rincones donde descubrir su pasado y su futuro. Para comenzar a explorar el pueblo, se puede partir desde la plaza de María Auxiliadora. Ubicada en el corazón de la localidad, vertebra el entramado de sus calles y en uno de sus lados se aprecia la iglesia de la Inmaculada Concepción del siglo XVI. En su interior destacan la armadura mudéjar y el retablo gótico de La Piedad.

Museo Municipal de Almargen Tartessos en Guadalteba: Parte del legado que se puede contemplar en el museo de Almargen. Diputación de Málaga

La historia en Almargen ha dejado de herencia muchos yacimientos arqueológicos por lo que también se ha de hacer una parada en el museo municipal Tartessos en Guadalteba, que alberga entre sus piezas interesantes hallazgos adscritos al periodo del Bronce Final.

En cuanto a los parajes naturales, lo mejor es acercarse al nacimiento del río Salado, que se sitúa en un cañón creado por las aguas en un entorno tranquilo, recogido y mágico.

Alozaina

Otra localidad que ha crecido en un paraje de ensueño es Alozaina, que marca el tránsito entre la Hoya de Málaga y la Serranía de Ronda. Localizada, así, junto al Valle del Guadalhorce, los municipios de Tolox, Yunquera y Casarabonela rodean este coqueto pueblo que, para visitarlo en paz, exige de tiempo suficiente para pasear por sus calles y esquinas de manera relajada.

Alozaina cuenta con un variado patrimonio histórico. Diputación de Málaga

El nombre de Alozaina significa pequeña fortaleza, lugar bueno y sano, de silueta altiva y bella (todo en una palabra). Y la localidad ofrece numerosos recuerdos de su pasado en forma de patrimonio como su castillo, la ermita de Hoyos de los Peñones, la fuente de El Albar, la iglesia Santa Ana y la torre de María Sagredo.

En cuanto a su entorno, tan sólo con escribir que la localidad creció en la Sierra de las Nieves ya queda claro lo maravilloso de los paisajes que la rodean y del cual el visitante puede sacar provecho recorriendo sus numerosas rutas, sendas y caminos, eso sí, siempre con civismo y respeto.

Arriate

Si Valle de Abdalajís es una espina para Antequera, Arriate es un grano en la cara de Ronda. Es decir, que la localidad goza de un entorno feérico, con el Valle del Guadalcobacín como privilegiado telón de fondo, sobre el cual destacan la sierra de las Cumbres y el cerro de las Salinas.

La iglesia de San Juan de Letrán es uno de los puntos obligados a contemplar en Arriate. Diputación de Málaga

Esto ofrece numerosas posibilidades a los turistas. De esta forma, se puede recorrer el mapa de la pequeña urbe caminando por un entramado de callejuelas que conducen tanto a la ribera del río, como a los miradores de la Estacá y de la Habana, y a la iglesia de San Juan de Letrán.

Un paseo que se puede combinar, por otra parte, con una caminata por el valle y sus alrededores. Existen varios itinerarios de senderismo de diversa dificultad, destacando el camino hacia el Puente de la Ventilla, pasando por el enclave natural de Arroyo Oscuro; o el camino de Montejaque, también conocido como Ribera de Don Rodrigo, desde el cual podemos desviarnos y pasar por el yacimiento romano de Acinipo.

Siguiendo la solución planteada al comienzo de este artículo, Arriate es un pueblo que va creciendo y se está convirtiendo en la residencia de parejas jóvenes y de extranjeros que eligen esta localidad para vivir. Una manera diferente de encarar la vida que no deberíamos descartar tan a la ligera.