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El día a día de los chefs Diego Aguilar (1989) y Cristina Cánovas (1991) es ajetreado. Desde primera hora de la mañana comienzan a preparar todo lo necesario para un nuevo servicio en su restaurante del centro de Málaga, Palodú. Desde hace dos meses, forma parte del olimpo gastronómico de la ciudad: el 25 de noviembre de 2025 consiguieron su primera estrella Michelin.

En medio de este trasiego antes de comenzar el turno de comidas, ambos atienden a EL ESPAÑOL de Málaga mientras preparan elaboraciones y reciben pedidos de sus proveedores. "Todo sigue igual, no hemos cambiado. Aún no tenemos la nueva placa de Michelin en la puerta, tienen que traérnosla", comentan.

Ambos decidieron embarcarse en la aventura de montar su propio restaurante en 2014, un pequeño gastrobar en Teatinos, y nunca llegaron a pensar lo que la vida les depararía más de una década después. En 2023 se mudaron a la calle Sebastián Souvirón, en pleno centro, donde este 2026 encaran una nueva etapa con la distinción más preciada.

El 25 de noviembre de 2025 consiguieron su primera estrella Michelin. ¿Cómo han sido estos primeros meses? ¿Han aumentado las reservas?

C: Las reservas han subido mucho. Al final es un escaparate, un impulso, una ayuda. Al ser internacional, te ve todo el mundo. Y en el sistema que tenemos sabemos de dónde viene esa reserva, y muchas vienen de la página de Michelin. Gente que tiene perfiles ahí, tiene sus restaurantes favoritos y puedes reservar desde ahí.

¿Han sentido más presión?

C: Realmente nosotros nos sentimos igual. Si nos han dado la estrella por el trabajo que veníamos haciendo, tampoco queremos ponernos más presión de la cuenta.

D: Estamos haciendo lo que hacíamos hasta ahora. Sí es verdad que siempre te gusta mejorar un poquito más, pero en nuestro día a día todo sigue igual, con más trabajo, y muy contentos.

¿Se han replanteado algún cambio en cuanto a menú o precios?

C: Es lo que ya hacíamos anteriormente con las temporadas, con los productos que son de cada mes. Eso lo seguimos haciendo y creo que no vamos a cambiar. Por algo te han dado una estrella, por ese trabajo previo. No hagas cosas desorbitadas; está bien como está y quédate ahora mismo en esa balsa.

D: Al final anualmente nos sentamos y vemos cómo ha cambiado el mercado, y ahí es donde aplicamos el cambio. No es algo que hayamos hecho ahora. No porque nos hayan dado la estrella tenemos que cambiar los precios. Cada noviembre es cuando nos sentamos y miramos todo. Pero no hemos subido el precio por la estrella; queremos que la gente venga y nos pruebe. Es lícito subir, evidentemente, pero nosotros lo hacemos una vez al año según el mercado.

Diego y Cristina, en el recibidor de Palodú. Álvaro Cabrera

¿Cómo definirían el restaurante para los que no les conozcan?

C: Hacemos una cocina honesta. Con esto me refiero a que lo que estás viendo es lo que te vas a comer. No nos gusta enmascarar productos. Si te estás tomando un gazpachuelo, que te sepa a gazpachuelo; que sepas que te estás comiendo el gazpachuelo, el salmonete y la patata. Que haya simpleza y algo natural en el plato. También mucha cocina de esa que se está perdiendo con tantas franquicias.

D: Buscamos que se hagan bien las cosas, una buena cocina, eso es lo más importante.

¿Cómo es su día a día?

C: Normalmente estamos aquí sobre las diez o diez y media. Vamos haciendo elaboraciones diarias y semanales, organizándonos. Hay que tener una buena 'mise en place'. Luego en sala está nuestro equipo y tenemos también un chico de prácticas. Hay gente joven que quiere aprender. Queremos cambiar ese estigma de la hostelería rancia. La hostelería tiene que cambiar y los que tenemos que hacerlo somos la nueva generación.

"Faltan tabernas de estilo tradicional, bien hechas. Muchos abren solo con la visión de captar al extranjero, y el malagueño también tiene que salir a comer"

Quitar ese estigma de que en la hostelería se echan muchísimas horas...

D: Se echan las horas que tú quieras. Ahora, el cliente también tiene que tener empatía. La gente tiene que entender que hoy en día hay que conciliar. Todo el mundo en su trabajo tiene sus horas y cuando termina, termina. Esto no es menos que otros oficios. Tanto los clientes como los mismos empresarios de la hostelería tenemos que entenderlo.

Ustedes tienen un hijo. ¿Cómo concilian?

C: Al final es sacrificado, pero se puede compaginar. Por ejemplo, nosotros damos tres días de descanso a la plantilla. Eso atrae mucho; el trabajador viene más feliz porque está en buenas condiciones haciendo lo que le gusta. Para traernos a gente profesional, decidimos dar también 50 días de vacaciones. Se puede hacer de otra manera.

D: Nosotros abrimos de martes a sábado. Quizá perdemos dinero, pero ganamos vida. No todo se trata de dinero. Es un cambio de mentalidad general. No puedes estar dedicado 100% las 24 horas porque no rindes, no haces las cosas bien.

Cristina Cánovas y Diego Aguilar, en la sala de Palodú. Álvaro Cabrera

¿Cuáles fueron sus primeros pasos en el mundo de la hostelería?

C: A mí no me gustaba estudiar y me gustaba mucho la cocina. Mi madre siempre dice que la cocina de una casa no tiene nada que ver con la de un restaurante. Yo le dije a mi padre que quería estudiar cocina hace unos 15 años, cuando no estaba tan de moda. Él me dijo: "Vale, pero tienes que ser la mejor". Estuve en La Cónsula, en las primeras promociones, y pasé por varios sitios para luego hacer prácticas en Barcelona.

D: Yo también estudié en La Cónsula, pero años antes que Cristina. Nos conocimos trabajando en Marbella. Yo estaba en el restaurante El Lago en verano y ella estaba de prácticas. Luego nos fuimos los dos juntos a Barcelona. Estuvimos en Tickets, de Albert Adrià. Después, en 2014, fue cuando abrimos aquí nuestro propio proyecto en Teatinos.

"Nosotros hacemos una cocina honesta, estás viendo es lo que te vas a comer. No nos gusta enmascarar productos"

¿Cómo surgió la creación de Palodú?

C: Surgió de haber trabajado en varios sitios y no sentir que confiaran en nosotros. Buscamos un negocio pequeñito para poner lo que nos gustaba. Empezamos los dos solos en cocina con nuestros hermanos en sala. Era otra época, la gente no estaba tan puesta en la cocina como hoy con las redes. A veces te frustrabas porque hacías algo con buen producto y la gente no lo valoraba.

Imagino que al principio ni soñaban con la estrella.

C: Veíamos la gala Michelin como el que ve los Óscar, algo totalmente inalcanzable. Nuestro objetivo nunca fue Michelin. Pero nos gusta mucho arriesgarnos, cambiar los platos, la carta... Tras la pandemia hicimos un ‘clic’, pusimos el menú degustación y en 2023 nos vinimos aquí.

¿Por qué el cambio de local?

C: Cerramos el anterior porque tuvimos problemas con los vecinos por la terraza. Nos denunciaron. Pero mira, no hay mal que por bien no venga; gracias a esa denuncia estamos hoy aquí. Quiero dar las gracias a esa persona que perdió su tiempo en fastidiar a una familia que solo quería trabajar, porque gracias a eso hoy tenemos una estrella. Estuvimos a punto de tirar la toalla, íbamos a cerrar totalmente. Lo pasamos muy mal, tuvimos que despedir a personas.

D: Decidimos cerrar porque nos quitaron la mitad del aforo. Pusimos el local en traspaso y en la inmobiliaria nos avisaron de que este local en el centro estaba libre. Nos liamos la manta a la cabeza, fuimos al banco y aquí estamos. Pero llegamos a echar currículums para irnos a trabajar a otro sitio.

C:Por eso en la gala lloré tanto cuando dijeron nuestro nombre, porque solté todo ese peso que llevábamos en la espalda.

Los chefs, en la cocina de Palodú. Álvaro Cabrera

La mudanza al centro también les habrá acercado a más clientes.

C: Sí, el escaparate es mejor. Es más fácil llegar a los clientes. Viene mucho extranjero pero también mucho malagueño. Hay un público de Málaga que consume este tipo de gastronomía y que antes se tenía que ir fuera de la ciudad.

¿Cómo ven Málaga a nivel gastronómico?

C: Málaga ha crecido mucho y es muy visible. Pero en el centro, para mí, faltan más negocios de buena cocina, aunque los que hay son muy buenos. Hay que tener cuidado de no morir de éxito. Faltan más sitios como La Cosmo, Base 9, Alita, La Barra de Doña Inés… gente que haga las cosas bien. Faltan tabernas de estilo tradicional, bien hechas. Muchos abren solo con la visión de captar al extranjero, y el malagueño también tiene que salir a comer.

¿Qué opinan del crecimiento de Málaga y la subida de los precios de la vivienda? ¿Cómo les afecta eso?

C: Afecta muchísimo a los trabajadores. Si el alquiler está por las nubes, por mucho que yo le pague bien, no le queda nada para sobrevivir. Hay una fuga de talento por culpa del alquiler y la vivienda. Es imposible soportar un alquiler de más de 1.000 euros. Hemos tenido que ayudar a trabajadores para que puedan alquilar, porque si no, se te van. Es una pena, se debería regular.