El pasado sábado 26 se estrenó en el Teatro Joaquín Eléjar (Sala Maynake) A ellos no les pasará nada, una comedia escrita y dirigida por Carlos Zamarriego e interpretada por Fran Camacho y José Vera. Salí con la sensación de haber pasado un muy buen rato. Dicho así, parece poco. En teatro es muchísimo.

Disfruté sobre todo de algo que no siempre sucede: ver a dos actores completamente conectados. Camacho y Vera se compenetran tanto que dejas de mirar el mecanismo y te entregas a lo que está pasando.

Pero había una sorpresa más. Zamarriego incluye en cada función a un actor o una actriz invitada. Ese día se le entregan unas páginas, y cada vez que se enciende un foco dirigido a él o a ella, tiene que colocarse bajo la luz y leer una. Una página por foco, y a partir de ahí pasa a formar parte de lo que ocurre en escena.

El domingo, sin previo aviso, me tocó a mí.

De repente dejé de ser el que miraba teatro desde la butaca para convertirme en una pieza pequeña de aquel mecanismo. Sin ensayos. Sin saber qué iba a pasar. Con un foco que se enciende y esa sensación maravillosa de «ahora te toca».

Y entonces entiendes algo que a veces olvidamos: el teatro ocurre en el momento.

Está escrito, se ensaya, alguien lo dirige, se repite durante meses, y aun así siempre queda un instante imprevisible en el que todo puede cambiar. Un invitado que no sabe qué página le tocará. Un foco que se enciende. Un público que reacciona. Una mirada que se cruza.

Eso también es teatro.

Quizá por eso me gustó tanto A ellos no les pasará nada. Debajo de la comedia, de las risas y del trabajo estupendo de sus dos protagonistas, hay algo que me interesa especialmente: una función capaz de hacerte sentir que no estás simplemente sentado en una butaca.

La Sala Maynake es un espacio pequeño, pero lo que ocurrió allí no lo fue. Esa es una de las grandes virtudes del teatro: «Teatro» puede ser el edificio que acoge la función, pero «hacer teatro» es algo mucho más grande, que no depende del espacio físico. Lo que vivimos esa noche se salió de las paredes. Público y protagonistas nos trasladamos a otra dimensión donde todos nos sumamos al juego que se nos proponía. Algunos lo llamarán un momento mágico. Yo prefiero llamarlo teatro.

Y hay buena noticia: las funciones continúan las próximas semanas.