Se van a cumplir dos meses desde que a alguien en Marruecos pensó que era buena idea colar con vete tú a saber qué fines a decenas de miles de personas en Ceuta. Spoiler: salió mal.

Seguramente en su cabeza era un plan de fisuras, pero el resultado ha sido un desbarajuste que ha perjudicado a todo el mundo, empezando por los ejemplares vecinos de Ceuta, pero también a ambos países y, desde luego, a las casi 150 personas que perdieron la vida en esta invasión y de las que poca gente se acuerda.

Este es un tema complejo porque incluye un importante componente emocional y además tiene numerosas aristas y, aunque hayan pasado dos meses, este asunto sigue teniendo importantes zonas grises.

Aquí, enfangados como estamos en nuestros asuntos, no estamos teniendo en cuenta la variable marroquí del asunto. Conforme pasa el tiempo es mayor el convencimiento que tengo de que no se trató de una operación de Estado ni de Gobierno. De haber sido así el resultado hubiera sido seguramente otro, y no precisamente bueno para España.

De lo que cada vez tengo menos dudas es de que sí fue un asunto aprovechado, incluso auspiciado, por miembros del Estado o del Gobierno (incluso ministros), seguramente por motivos electorales y aderezado por sentimientos de ofensa por haber quedado en evidencia con las diferentes filtraciones en la prensa internacional.

Todo ello con la connivencia por acción, omisión, indolencia o temor de otros elementos de la estructura del estado (incluso ministros). También hubo quien intentó frenar esta avalancha, pero no tenían la fuerza suficiente.

Como ya sucedió en la crisis de Perejil, no hay nada como provocar antes de unas elecciones un problema que despiste la atención respecto a la evidente desigualdad económica que vive el país. Pero tampoco tengo dudas de que desde el Gobierno marroquí, con gran sentido de la oportunidad por su parte, están aprovechando las circunstancias a su favor. Son gente audaz y con un gran sentido práctico de la situación.

A nivel de calle el cabreo es importante, especialmente en el norte que es donde este dislate ha tenido más repercusión. Desde hace décadas hay un constante runrún, pero la insensatez de arrojar a miles de jóvenes a una aventura incierta ha calado hondo.

Como también ha calado la insensibilidad de obstaculizar la repatriación de los cadáveres de compatriotas para que puedan recibir digna sepultura y la despedida de sus madres, padres y demás allegados, además de las dificultades que encuentran familias para poder reencontrarse con sus menores, entre otros muchos factores.

Pero el asunto de fondo es la existencia de una evidente desigualdad entre las zonas rurales y periurbanas respecto a las grandes ciudades y la habilidad de mucha gente para enriquecerse sin escrúpulos de esta situación.

La ausencia de una estructura educativa decente impide que los jóvenes marroquíes puedan disponer de oportunidades en su país y es abono para la miseria, el desencanto y la manipulación. Solo si tienen ciertos recursos económicos pueden acceder a una educación de calidad.

Marruecos es un país con un eterno potencial que no acaba de aprovechar para situarse en la órbita de los países desarrollados. Y ocasiones y financiación no le han faltado. Numerosos empresarios y empresarias luchan día tras día para sacar adelante su país y generar empleo en un entorno difícil.

Muchas mujeres (sean grandes empresarias o cooperativas rurales de mujeres) o microempresarios han visto cómo sus negocios han caído porque a una mente iluminada se le ha ocurrido montar semejante desaguisado. Sin ir más lejos, el turismo otoñal ha sufrido un importante parón, llegando incluso al 0 en el caso de los turistas provenientes de España (que son la mayoría). Si van a gastar más de 1.600.000.000 de euros en organizar un Mundial, también pueden hacer fuertes inversiones en mejorar la educación, la sanidad y el tejido productivo.

No olvidemos que Marruecos lleva muchos años intentando posicionarse como un país moderno y avanzado, con grandes inversiones industriales y que aspira ser la gran potencia económica africana.

La imagen de unos camiones cuba descargando como si fueran grava a hordas de jóvenes desesperados ha tirado por la borda todo ese esfuerzo. En Europa numerosos inversores y empresarios aún están espantados ante semejante desbarajuste. Un país serio no puede transmitir semejante imagen de descontrol. En ese aspecto el daño producido ha sido muy importante.

Las capacidades diplomáticas del país no son pocas. Su servicio exterior es hábil negociador y está formado por personas muy preparadas y ahora, de pronto, tienen que arreglar el daño producido a la imagen del país.

La herida ha sido muy profunda y son varios los países europeos que han pedido un reenfoque con las relaciones con Marruecos. Ya no se tratará de pedir más dinero para el control de fronteras, sino que piden poner pies en pared ante diferentes situaciones que se vienen dando.

Por otro lado, se sobreestima el apoyo de Donald Trump y Netanyahu a Marruecos. A ambos les importa un bledo el país como, por otra parte, han demostrado en Venezuela e Irán, entre otros países. Y Estados Unidos, que además está haciendo una inversión de 600.000.000 dólares en la base de Rota, no dejará el control del Estrecho a un solo país.

Hassan II, que además de otras cosas era una persona muy inteligente, decía que ‘España y Marruecos estaban condenadas a entenderse’. No estoy de acuerdo. Entenderse con un vecino nunca es una condena, pero requiere un esfuerzo y tanto Marruecos como España y Europa deben realizar ese esfuerzo. Por lo pronto, si Marruecos quiere empezar a recuperar credibilidad internacional debe aclarar lo que pasó, con nombres y apellidos y consecuencias.

Pero a este lado de la frontera las cosas no mejoran. Todos entendemos que gestionar esta situación no es fácil, pero hay que saber estar a la altura y esta vez se ha estado muy lejos de esa situación. La indolente y perezosa respuesta del gobierno español ha puesto de manifiesto un desbarajuste en todos los protocolos a seguir antes, durante y después de una situación de estas características.

Ya sabemos que hubo alertas por canales oficiales y no oficiales a las que no se les hizo caso, como si de Leonardo di Caprio en ‘No mires arriba’ se tratara. Ese ninguneo además ha demostrado la falta de unos protocolos claros ante estas y otras situaciones que pudieran darse.

El ridículo ha sido tal que he llegado a escuchar en la radio a un representante del Gobierno español decir que enviar avisos por WhatsApp no es serio, que si se hubiesen enviado por Signal o Telegram hubiera sido otra cosa. Gila no lo hubiera hecho mejor.

La crisis de liderazgo ha sido evidente. Nadie cuestiona el derecho de un Presidente de Gobierno a tomarse unas vacaciones, que menudo añito lleva. Pero una fugaz visita a Ceuta antes de irse de vacaciones es una falta de respeto al pueblo ceutí. Estamos hablando de una situación muy excepcional y en su sueldo va estar al pie del cañón.

Aunque la gente le grite y le proteste, que eso también va en el sueldo. Estar sobre el terreno no solo supone ofrecer apoyo directo a todas las personas afectadas, sino también conocer la situación y plantear soluciones rápidas y eficaces.

Para ello hay que hablar con la gente, escucharles y ofrecerles consuelo y soluciones. No vale decir que estás teletrabajando desde Lanzarote. Tardar un mes en convocar el Consejo de Seguridad Nacional da la idea de la falta de reflejos ante un tema político, diplomático y social de gran calado.

Ante la ausencia de un liderazgo nacional, este liderazgo ha recaído de forma natural en el Presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, al cual, como era de esperar, se le han sumado de forma oportuna, y en ocasiones oportunistas, compañeros de su partido y de otros. Vivas lleva dos meses desgañitándose y pidiendo soluciones eficientes y es el único que ha salido reforzado de esta situación.

Al pueblo de Ceuta nadie tiene que explicarle lo que es la solidaridad, la convivencia ni nada por el estilo. Siempre ha estado a la altura y ha tenido claro que de ellos no se ríe nadie. Quiles y otros atletas de la buloteca lo han vivido de primera mano. Si tienen que alzar la voz, la alzan y si tienen que ser solidarios, ahí están. Pero lo que han vivido es otra cosa y tienen todo el derecho del mundo a pedir que cada cual haga su trabajo.

La Unión Europea, tampoco se libra. Ahora andan todos alucinando con la imagen de miles de personas desarrapadas sin control entrando en territorio europeo, pero encargar el control de las migraciones a terceros países (sea Turquía, Túnez, Libia o Marruecos) solo se le ocurre al que asó la manteca. Una cosa es colaborar y dotar de medios a los países vecinos y otra cosa es desentenderse del asunto.

España invitó a Marruecos a sumarse a la organización, junto a Portugal, del Mundial de Fútbol de 2030. Una magnífica ocasión para apoyar el desarrollo de nuestros vecinos y crear un espacio económico y social de buena vecindad, pero a alguien se le ocurrió que era mejor organizar un desaguisado y sembrar una semilla de discordia y desconfianza no solo entre ambos países, sino también dentro de la Unión Europea, la FIFA y otros estamentos.

Con esta demostración de descontrol que han hecho ambos Gobiernos, lo suyo es que la final del Mundial se la demos a Portugal. O el Mundial entero. ¡Qué se yo!