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Las claves

Se llamaban Maxi Ludvik y Emmanuel Soria y tenían 29 y 34 años. La mañana del 27 de agosto de 2023 salieron de casa a buscar en el amanecer un rato de paz entre amigos. Pensaron que era un día perfecto para tomar mate sobre una tabla de paddle surf en la playa de la Misericordia y volver pronto con la familia. Pero para desgracia de los que les quieren, nunca regresaron.

Este 27 de agosto se cumplen 3 años de aquella desaparición que apagó la alegría de la playa de la Misericordia y golpeó a la comunidad argentina de la Costa del Sol, pues eran originarios de Mar del Plata. En 36 meses no ha aparecido rastro alguno de los dos jóvenes, más allá de su tabla.

Aquella mañana el mar estaba en calma, con el aviso amarillo de la Agencia Estatal de Meteorología activado por fenómenos costeros. La noche previa, Málaga capital había registrado casi un centenar de incidencias por fuertes vientos.

Los dos amigos entraron al agua descalzos, en bañador y sin teléfonos, para ver el amanecer. La última imagen que conserva la familia la grabó de casualidad un turista desde el paseo marítimo: se les veía remando mar adentro, muy tranquilos, aunque el agua ya iba anunciando que el viento comenzaba a hacer de las suyas.

El operativo arrancó de madrugada el 28 de agosto, horas después de que Camila, hermana de Emmanuel, denunciara la desaparición en la Comisaría Provincial. Ese mismo día, un velero halló la tabla a 15 millas al sureste de la costa, entre Benajarafe y Torre del Mar, con la bombilla del mate encima. Fue el único vestigio. No hubo rastro de los dos amigos.

Salvamento Marítimo dio por terminada la búsqueda activa en septiembre de 2023, tras una veintena de días de rastreo y más de 9.000 kilómetros cuadrados peinados, una superficie mayor que la propia provincia de Málaga.

Algo, explican fuentes cercanas a aquel dispositivo, nada habitual. "Fueron dos semanas de búsqueda, muy duras y difíciles para todos. Se hizo todo lo posible y más estudiando las corrientes hasta localizar la tabla. La presión mediática fue muy fuerte", declaran las fuentes consultadas.

Las familias nunca aceptaron ese punto final. Viajaron a Marruecos y repartieron carteles en Nador, Tetuán, Melilla y Ceuta, convencidas de que tras el hallazgo de la tabla merecían al menos recuperar los cuerpos de ambos. Pero ese día no llegó. Reclamaron por escrito a la Subdelegación del Gobierno y pidieron que se retomaran los rastreos por aire. Pero no se realizó.

Un recuerdo

Nacho Soria, hermano de Emmanuel, reconoce que llevaba días pensando en escribir algo sobre ellos, pero nunca encuentra las palabras, ni sabía "por dónde empezar".

"Hace tres años, mi hermano Emma y mi mejor amigo Maxi, desaparecieron en el mar, en Málaga. Desde aquel día, nuestras vidas cambiaron para siempre. Durante mucho tiempo buscamos respuestas, esperamos noticias y nos aferramos a cada posibilidad. Y todavía hoy hay preguntas que siguen sin respuesta", comienza, muy emocionado.

Su discurso se centra en recordar lo que ambos fueron. "Emma era mi hermano mayor. Para mí, siempre fue 'Nano'. Cuando era chico lo seguía a todos lados. Él me enseñó muchísimas cosas y compartimos una parte enorme de nuestras vidas. Me llevaba con él, me hacía parte de sus cosas y, de alguna manera, yo siempre encontraba la forma de estar cerca suyo", declara.

Así, recuerda cómo era un gran "hincha" de Vélez. Ambos amigos eran unos grandes futboleros. "Mi hermano era de esas personas que dejaban anécdotas por todos lados. Cuando lo recordamos, muchas veces terminamos riendo", expresa.

"Y después está Maxi, mi mejor amigo, para mí, Escarba. Hay personas que aparecen en tu vida y hay otras que simplemente están. Maxi era de esas personas que estaban. Era el amigo incondicional. El que escuchaba. El que hacía el asado. El que aparecía cuando hacía falta. El que no necesitaba demasiadas explicaciones para saber cuándo alguien necesitaba compañía. Cuando murió mi papá, hace ya varios años, Maxi fue el primero en llegar a mi casa. Ese gesto, que quizás para alguien que no lo conoció pueda parecer pequeño, para mí dice todo lo que era", recuerda emocionado.

Nacho expresa que Emma y Maxi eran muy diferentes, pero tenían algo que compartir: que eran "muy queridos". "Porque cuando una persona desaparece, existe el riesgo de que con el tiempo su nombre quede asociado solamente a ese momento. A una fecha. A una noticia. Pero ellos fueron muchísimo más que eso. Fueron parte de familias, de grupos de amigos y de historias que siguen existiendo aunque ellos ya no estén físicamente para contarlas. Y esas historias son las que quiero conservar", cuenta.

Hace unos días, relata, soñó con su hermano Emma. Nacho salía de jugar al fútbol y él le estaba esperando afuera para recogerlo. "No pudimos hablar. Simplemente me hizo entender que tenía que irse. Me desperté con esa sensación difícil de explicar que dejan algunos sueños. No sé qué significó. Quizás no signifique nada. O quizás simplemente fue mi cabeza encontrando una manera de volver a verlo. Pero me gusta pensar que, aunque haya sido solamente un sueño, durante unos minutos volvimos a encontrarnos".

Como dice la película de Coco, mientras alguien los recuerde, apunta Nacho, "ellos van a seguir estando". Para ambas familias, son mucho más que dos nombres asociados a una desaparición. Quieren que se les recuerde como personas que dejaron "una huella enorme" en quienes tuvieron la suerte de cruzarse con ellos. Después de tres años, "no sé qué pasó con ellos ni por qué. No tengo las respuestas que durante tanto tiempo buscamos; pero tenemos muchos recuerdos".

"Quiero que esa sea su historia. La de dos personas que, aunque hace tres años que no podemos abrazar, siguen estando presentes cada vez que los nombramos, cada vez que contamos una anécdota y cada vez que alguien sonríe al recordarlos. Porque hay ausencias que duelen para siempre. Pero también hay personas que, por todo lo que dejaron, nunca se van del todo", concluye.