Málaga

Un año. Ese es el plazo que, día arriba, día abajo, resta para que el Metro de Málaga alcance el Centro de la ciudad. Apenas doce meses que componen la cuenta atrás para que los trenes del suburbano salten desde la estación de El Perchel hasta el entorno de El Corte Inglés, como primer punto de parada en el recorrido, y, finalmente, la Alameda Principal

Si se cumplen los términos pactados por la Junta de Andalucía con la empresa concesionaria Metro de Málaga, responsable de la explotación comercial del ferrocarril urbano, será antes del 30 de noviembre de 2022 cuando tenga lugar este hito. 

Y para cumplir ese objetivo, se afanan en el interior del túnel que se extiende bajo Callejones del Perchel, la Avenida de Andalucía y la Alameda decenas de trabajadores de todas las empresas que tratan de completar las fases de instalaciones, señalización, superestructura que queda pendiente. 

En esta especie de descuento en el que ahora sí está inmerso el mayor proyecto en la historia reciente de la ciudad, la Consejería de Fomento ha ensamblado de manera rigurosa todas y cada una de las muchas piezas que necesita esta gran infraestructura para funcionar. De hecho, es posible hablar de cumplir este calendario porque todos los contratos esenciales se encuentran formalizados y en fase de desarrollo.

Si bien desde la Junta se sigue eludiendo confirmación alguna sobre la fecha de puesta en servicio de esta parte final del trazado, el propio consejero de Presidencia, Elías Bendodo, sí ha asegurado que la obra estará acabada para los últimos meses del año que viene. No ha querido, sin embargo, ir más allá respecto al momento en que los trenes funcionarán.

El Metro de Málaga, a su paso por el tramo de la Universidad.

Una de las dudas existentes es si habrá tiempo suficiente para desarrollar las pruebas necesarias en todos los componentes. Sobre el particular, fuentes próximas al proyecto apuntaron que a diferencia de lo que ocurrió al inicio de la explotación, cuando hubo varios meses de experimentación, en este caso existe una labor previa que permite acortar estos tiempos.

La dimensión que supone para el Metro alcanzar la Alameda se constata al analizar las estimaciones de demanda. El mejor dato de viajeros que ha tenido el suburbano en su corta historia corresponde a 2019, antes de la llegada de la pandemia, cuando cerró con casi 6,9 millones de pasajeros. Los estudios manejados apuntan a que en el momento en que los pasajeros puedan llegar a la estación Atarazanas este dato podría crecer hasta los 18 o 19 millones.

Detalles del contrato vigente

Todo ello resulta clave a la hora de cumplir rigurosamente con los términos contemplados en la última modificación contractual firmada por el Gobierno andaluz y Metro de Málaga a finales de 2020. Un documento en el que no sólo se plasma la fecha del 30 de noviembre de 2022, sino también la del 31 de diciembre de 2027 como tope para que quede completado el recorrido de las líneas 1 y 2 hasta el Hospital Civil.

Dos nuevas referencias temporales con las que ajustar la realidad del proyecto al escenario vigente después de que la Administración regional, respondiendo a la petición del Ayuntamiento, optase por enterrar el plan de llevar en superficie el trazado hacia la zona norte. 

Esta circunstancia, cuando ya incluso se disponía de un proyecto constructivo y se había activado la licitación de la obra, alteró por completo el esquema de la infraestructura, alargando de manera significativa su terminación y elevando los costes de ejecución. Frente a los alrededor de 45 millones que se manejaban para la línea a ras de calle, los alrededor de 150 que ahora se manejan para una obra completamente soterrada.

Un grupo de estudiantes sube a uno de los trenes del Metro de Málaga.

El nuevo marco contractual confirma que cualquier aplazamiento respecto a este calendario traerá consigo una extensión en el tiempo de las compensaciones económicas que el Gobierno andaluz ya viene asumiendo desde mediados de 2014, cuando entró en servicio una primera fase del suburbano. 

En concreto, se indica que en el supuesto de que la llegada de los trenes a este punto se fuese más allá del 31 de diciembre de 2027, el denominado periodo transitorio, en el que se aplican las penalizaciones a la Administración regional por los continuos retrasos en la obra, se extenderá de manera automática al 31 de diciembre de 2030.

Y eso se traduce en varias decenas de millones de euros. El propio contrato recoge un cuadro con las cantidades que tiene que aportar anualmente la Junta desde 2021 hasta 2027 y más allá si fuese necesario. Así, para 2022, cuantía ya recogida en los presupuestos regionales, se fijan 86,4 millones; para 2023, 89,2 millones; para 2024, 92,4 millones; para 2025, 95,1 millones; para 2026, 98,2 millones, y para 2027, 101,5 millones.

Es decir, que solo contando los próximos seis ejercicios, el funcionamiento del Metro, en buena medida por la incidencia de los retrasos en la entrega de la infraestructura acabada, va a costarle a las arcas autonómicas 563 millones de euros. Una suma que se dispara hasta rozar los 1.100 millones si se incluyen los algo más de 500 millones abonados por este mismo concepto entre 2014 y 2021.

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