Paloma Saborido es una de las mujeres que más voz tiene en un mundo, el cofrade, con una predominancia tradicional e históricamente masculina. Ella, como su madre, ha vivido el mundo de las cofradías desde la igualdad trabajada. De hecho, ha sido mujer de trono -sin alharacas- hace más de una década.

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En los últimos años ha sido pregonera -en 2019- y ha formado parte del comité organizador del IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofradías como presidenta del comité científico.

Precisamente, sobre el congreso y la actualidad sobre las mujeres en los tronos, Paloma Saborido se pronuncia con la naturalidad a la que tiene acostumbrados a los cofrades. Esta doctora en Derecho y profesora de la Universidad de Málaga vive intensamente el mundo de las hermandades malagueñas. Así lo mostró en la entrevista en el programa Las Cofradías TV.

En las últimas semanas se ha puesto sobre la mesa un debate que parecía superado, el de la mujer en los tronos. Hace años ya salían mujeres y nadie se enteraba.

No es que no se enteraran. Cuando yo salí en la extraordinaria del 50 aniversario de la Virgen del Amparo me dejaron en el submarino -debajo del trono-, que es donde llegábamos mejor. Hay muchas mujeres que han sacado tronos. Es cierto que hay un debate absurdo.

Que ahora la noticia sea que algunos determinados cofrades no le hayan dejado salir me parece absurdo y aburrido.

Pero por otro lado, hay que hablar de que existe un problema.

Claro, es algo que ocurre. Me parece una barbaridad. La situación en general es que la mayoría de las cofradías aceptan sin problema a las mujeres. Cuando sale una noticia en la que no se acepta a una mujer en un trono en Málaga, no es una realidad. Porque en la mayoría no es así. De hecho, hay muchos cofrades de algunas hermandades que eran muy contrarios a las mujeres en los tronos y ahora son los primeros defensores.

Pero ¿está realmente asumido que haya mujeres en los tronos?

Hay diferentes puntos en esto. Para tratar el tema de las mujeres en las cofradías lo podemos hacer desde diferentes puntos de vista. Por un lado, llevar un trono. Ahora estamos viendo normas que marcan una talla mínima, ¿a quién se están quitando las cofradías con esa norma? Es como algunas cláusulas en contratos que eximen de obviedades... Esto es igual: si pones 1,45 de talla de hombro, muchas mujeres se quedan fuera.

Podemos analizar algo mucho más importante, y es el número de participantes mujeres en las juntas de gobierno y en las permanentes. ¿Cuántas mujeres hay en los puestos de responsabilidad de las hermandades? Si yo, mujer, tengo la capacidad de tomar decisiones esas normas que dejan fuera a mujeres no existirían. ¿Por qué no están las mujeres en esos puestos? ¿Hacia dónde derivamos?

Hace unos años se puso en tela de juicio que las mujeres pudieran ir de acólitos. Es un poco absurdo, sobre todo en este siglo XXI. Estamos intentando modernizar un movimiento tan tradicional como la Semana Santa y ahora, de repente, nos encontramos con que hay mujeres a las que no se las deja salir porque no dan una talla y no se les pone cuña. ¿De qué estamos hablando?

Sin obviar esas salvedades, ¿Málaga qué papel cumple en esto? Estamos en vanguardia en muchos aspectos cofrades.

Málaga es punta de lanza. Fue pionera en España en la incorporación de la mujer. Cuando la mujer se incorporaba a la vida profesional, también llegaban a las juntas de gobierno. Me parece una barbaridad que ahora estemos discutiendo sobre esto. 

Congreso del centenario

Málaga vivió con el congreso del centenario el primer encuentro masivo tras la pandemia. Ha tenido, aparentemente, todas las dificultades posibles.

Ha sido mucho trabajo. Conmigo contactó José Carlos Garín, el responsable de la comisión del congreso en el comité del centenario, en octubre de 2019 para que organice a nivel científico el congreso internacional. Me siento, y empezamos a darle forma. Ahí empezamos a hablar de diferentes temas y pongo una primera estructura que se siguió al dedillo. Después empezamos con la búsqueda de ponentes. Creo que ha sido muy laborioso, mucho tiempo, muy complicado porque en medio hemos tenido algunas vicisitudes. En mi caso también personales -en referencia al fallecimiento de su padre, Jesús Saborido, en abril de 2021-.

Las vicisitudes de la pandemia también han afectado a la organización del congreso internacional. Había participantes de fuera de Europa, ¿cómo se gestionó?

Hemos hecho malabares. Hasta muy poco antes del congreso los billetes de los ponentes italianos no los sacamos. Evidentemente, las ponentes de México y Brasil no pudieron acudir, pero había unas cuarenta y cinco personas de México que tenían planeado venir, pero finalmente hicieron la matrícula online. Esto se organiza en otro periodo y hubiéramos tenido que celebrarlo en otro lugar, porque al final ha habido unos trescientos inscritos.

Tres partes que ha definido: introducción, núcleo (La Pasión) y la consecuencia de cómo se vive. ¿Era necesaria la internacionalidad? ¿Habría ido suficiente con Europa? ¿Qué le ha faltado al congreso para rematar la internacionalidad?

La internacionalidad del congreso era un requisito que se presenta en 2019 en Murcia, cuando se presenta la sede de Málaga como 4º congreso internacional coincidiendo con el centenario. Este cuarto no ha tenido nada que ver con los anteriores, está pensado como el congreso del centenario. ¿Era necesario? Sí, porque cumplíamos ese requisito. También porque nos da la posibilidad de ver otras dimensiones, otras perspectivas, otras realidades. Nos ha dado mucha pena que cofrades de México no hayan podido venir: es súper interesante. Cuentan cosas muy diferentes, pero sus problemas son los mismos.