Málaga

A pesar de vivir en los márgenes de la industria, Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) es uno de los grandes y más libres directores del cine españolSus películas, entre las que destacan La flaqueza del bolchevique, Caníbal El autor, han recibido más de 20 nominaciones a los Goya. En ellas muestra con crudeza y en todo su esplendor la naturaleza humana, lo interesados y lo violentos que podemos ser. 

El realizador criado en El Ejido regresará a las salas con un thriller donde se pregunta cómo se puede reparar una injusticia sin cometer otra más atroz. La hija cuenta la historia de Javier y Adela, que quieren tener un hijo y conocen a Irene, que vive en el centro de menores en el que trabaja Javier, está embarazada y decidida a cambiar de vida gracias a la pareja, que le ofrece vivir con ellos en su casa en la sierra.

El director se sintió seducido por cómo la frustración de ese matrimonio es capaz de hacerles sentir legitimado para hacer cualquier cosa para corregir una injusticia de la naturaleza. "Me gustan mucho las películas que encierran dilemas morales", afirma en una charla con EL ESPAÑOL de Málaga antes de la proyección de su cinta dentro del Fancine de Málaga en el Cine Albéniz este viernes y el sábado.

El Fancine estrena uno de sus proyectos más personales. ¿Qué tiene de especial La hija?

Al entrar en la producción desde La mitad de Óscar, que hice con mi propia compañía, todas las películas han sido bastante personales. También las que no he producido. Esta cinta trata temas que me interesan mucho. La hija habla del conflicto moral que atañe a una pareja que no puede tener hijos y cómo siente la injusticia de ese destino de la naturaleza. Ellos han luchado mucho y podrían ser unos estupendos padres. Al mismo tiempo, hay otro personaje, una chica joven que se ha quedado embarazada y no lo deseaba. Plantea esa especie de desafío de la naturaleza, que no es justa o injusta, sino que es lo que es. ¿Es injusto que el volcán acabe con las cosas? La naturaleza no entiende de eso; sigue su camino. El ser humano está metido en una guerra contra la naturaleza para ver si consigue vencerla. 

Javier Gutiérrez dice en una entrevista que la película habla sobre si se puede reparar el dolor infligiéndolo a otro. ¿En nombre del amor se pueden cometer auténticas atrocidades?

No se debe. En nombre del amor y de la justicia se cometen atrocidades. A veces uno es víctima del amor o de una situación. Incluso con más ahínco y de una manera inconsciente, legitimado por su dolor, se convierte en verdugo. Los peores verdugos son aquellos que antes han sido víctimas y que no han encajado bien ese golpe. La pregunta que plantea La hija es la siguiente: ¿Cómo se puede reparar una injusticia sin cometer una injusticia todavía más atroz? Eso es un dilema y a mí me gustan mucho las películas que encierran dilemas morales.

En su cine muestra con crudeza la naturaleza del ser humano, lo interesados y lo violentos que podemos ser. 

Aquí no hay ni buenos ni malos. Esa es una visión completamente falsa y tan simplista del ser humano. El mal se comete porque la gente se cree que tiene el derecho a ello y razones de sobra. Nadie declara la guerra o hace el mal pensando: "Ay, qué malo soy, voy a hacerle daño al otro". El ser humano es capaz de lo mejor, que tiene que ver siempre con el otro, el amor, la compasión y la ternura, y lo peor. Todo lo mejor del ser humano tiene que ver con la relación con el otro y la entrega. Y lo peor con el ensimismarse en uno mismo, con lo que es cerrarse al otro, y eso te hace justificar todo. Y en el momento en el que no tratas de entender al otro, estás a lo tuyo y te encierras en eso, y si encima has sido víctima como ha sido en este caso de una injusticia, cruzas líneas rojas. Estoy totalmente seguro de que en todo ser humano habitan esos dos mundos.

¿Cómo asiste entonces a este mundo donde cada vez somos más egoístas y estamos más solos?

El ser humano tiene una parte maravillosa. Con lo que más me cruzo en la vida es con esa parte buena y hermosa del ser humano. Eso sí, la parte destructiva cuando se pone en marcha puede llegar muy lejos. Creo mucho en el ser humano y el amor. Es lo único realmente importante en nuestra vida. El amor de todo tipo, no sólo de pareja, sino el que se da en la familia, el afecto entre amigos. No somos máquinas. El pensamiento humano está basado en la experiencia, las emociones, lo anímico, el afecto. No somos máquinas de cálculo.

El otro día precisamente comentaba que se ha perdido la espontaneidad en el cine. 

No es una cuestión que afecte sólo al cine y a la televisión, sino a la vida. Han entrado en escena los algoritmos y el pensamiento programado. A eso se suma el desprestigio del pensamiento espiritual, que es la base del pensamiento humano. Hay una trascendencia que va más allá del puro cálculo. El arte es lo inútil y el ser humano se juega en lo inútil. Lo más importante del ser humano es todo aquello que es inútil: la relación afectuosa, todo aquello que no tiene un beneficio económico inmediato. De repente, fascinados por el avance tecnológico, estamos empezando a imitar en nuestra manera de actuar el pensamiento estadístico, de cálculo, de las máquinas. Si los hombres empezamos a actuar y a pensar como las máquinas acabaremos siendo sustituidos por ellas. Cada película es un prototipo. No hay dos películas, novelas o libros iguales. Es la inspiración, el trabajo y el sudor de quien las crea para que surja algo que tenga la capacidad de trascender. Resulta que ahora cogemos la escuadra y el cartabón y utilizamos el algoritmo para hacer un producto matemático que llegue al mayor número de personas. Eso es la muerte total del arte. 

Usted ha sido muy crítico con las plataformas de streaming donde cada producción emula a la que ha triunfado. De hecho, se mantiene leal a las películas y no ha hecho series. ¿Le gustaría?

También trabajaría en eso. No estoy en contra de nada. Las plataformas pueden ser lugares idóneos para que nuestras películas y nuestras series lleguen a más sitios. O también pueden acabar convirtiéndose, que es la tendencia que veo ahora, en contenedores de programación que buscan el mayor número de espectadores y la máxima rentabilidad económica.

¿Cómo vivió el fenómeno de El juego del calamar

La he visto y, teniendo cosas muy convencionales, ha tocado algo que ha trascendido. Es muy contemporánea y contiene cierta verdad. La empecé a ver a modo de experimento sociológico. Retrata a una sociedad actual muy sádica y al mismo tiempo infantil. Lo mismo no hay una intención de denuncia por parte del autor, pero está ahí. Igual que otras series son repeticiones de fórmulas, esta trae algo relativamente nuevo. 

Ha adaptado un relato de Javier Cercas al cine. ¿Se atrevería a rodar una película sobre el procés?

No ahora porque estamos muy cerca de todo eso. A mí me parece una historia que puede plantearse como una comedia que luego se vuelve trágica. En cualquier caso, todo lo relacionado con este tema ha tenido tristes episodios muy cómicos. 

El otro día, en la Feria del Libro, habló de John Ford y el wéstern. La hija está influida por el género. ¿Qué se puede decir con él que no con otros géneros?

No pienso en un género cuando hago una película. Hay toda una referencia al cine que me ha gustado. Siendo de Almería me inclino hacia el wéstern, al cine de fronteras. El wéstern tiene que ver con la fundación de una identidad y de una nación como Estados Unidos y este no ocurre en la capital, en Washington, sino en los límites geográficos. La fundación de la identidad americana ocurre entre pistoleros, sheriff, bandidos, prostitutas... El lumpen de la sociedad. En cierto sentido, Almería siempre ha sido una tierra de frontera. En mi infancia lo llamaban el culo de España, el culo del mundo. Estábamos muy lejos de todo.

Almería es una ciudad muy próspera donde también hay mucha violencia y desigualdades.

Sí. Ha cambiado mucho gracias a la inmigración, pero también ha habido una gran pobreza y muchas tensiones. Es un territorio de emprendedores para lo bueno y lo malo. Hay generosidad, pero también explotación. Es un territorio contradictorio.

En su nuevo filme también ha recuperado la esencia de los clásicos del cine español, de ambiente rural, como La caza de Carlos Saura. ¿En los lugares más bellos pueden pasar las cosas más horribles?

La naturaleza puede llegar a ser hermosa y también amenazante. Utilizo la naturaleza como una parte del paisaje y del retrato psicológico de los personajes al igual que hacía en Caníbal y en La mitad de Óscar. Es un segundo personaje más, como una melodía que acompaña a la historia. 

Pedro Sánchez presentó hace meses un proyecto para convertir España en el Hollywood español. ¿Cree que se materializará?

Habría que recordarle que España ya fue el Hollywood europeo con Franco. No sé si lo que pretende es imitar a Francisco Franco. Los americanos dejaron muchísimo dinero en los años 50 y 60. En Almería lo conocemos muy bien porque era muy barato rodar y el Gobierno daba facilidades. Pedro Sánchez debería preocuparse por la producción española. Está muy bien que vengan a rodar de fuera. Pero me da que el Gobierno tiene la mirilla torcida en donde apunta. Aunque lo veo con buenas intenciones. 

Antes de colgar, quería preguntarle por el Festival de Cine de Málaga.

Tengo una opinión maravillosa. Gané el premio a mejor documental con El juego de Cuba. Luego he vuelto como jurado. Tiene un equipo de dirección buenísimo, que ha hecho crecer el festival año a año. Me parece uno de los grandes festivales de este país. Málaga me encanta. Es una ciudad donde me encantaría vivir y rodar una película. Al ser almeriense, la siento muy cercana por su clima y su luz.

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