La familia Estepa, antes de que comenzara la misa.
La otra misa del Papa: del 'picnic' de los Estepa a la boda de Candela o los paraguas a 7 € "para ganar dinero" de Miguel
Más de 1.200.000 personas según la organización se han dado cita para presenciar la Eucaristía junto a León XIV.
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“Hasta aquí hemos llegado. Ya no puede pasar nadie más”, anuncia un Policía. Llega el Papa. Son apenas las 10 de la mañana y en los alrededores de Cibeles se agolpan 1.200.000 personas. Entre ellos, un niño de seis meses, una adolescente que trata de ver la misa encaramada a las vallas del Retiro o una familia, los Estepa, que han llegado hasta allí cargados con sus sillas de ‘picnic’.
Por el camino se encontraron, aunque no fueran conscientes de ello, con Miguel. “Tengo paraguas a 7 euros, los más vendidos, por el sol”, reconocía en conversación con EL ESPAÑOL. “Pero también banderas a 5 euros”, añadía. “Hay que ganar dinero”, concluía, entre risas.
El negocio es el negocio, y Miguel lo vio claro. Desde antes de las 10, cuando miles de personas caminaban desde Atocha hasta Cibeles buscando la zona asignada por la organización para celebrar la misa de domingo junto al Papa. “Nos está costando entrar”, reconocían, muchos, en conversación con este periódico.
Miguel vende banderas de España antes de la misa de Cibeles.
Por momentos, incluso, dio la sensación de que aquel ‘gentío’ no iba a conseguir llegar a sus localidades a la hora esperada, que la Misa iba a empezar tarde... Pero no. La organización, que hasta la fecha está siendo ejemplar, consiguió que el millón de fieles estuviera listo a la hora acordada, cuando al Papa le tocaba entrar para celebrar la misa.
Es el caso de los Estepa, una familia de Andújar, católica “de toda la vida”, que llegó a Madrid hace años para trabajar y se quedó. “Mi tío era el cardenal Monseñor Estepa y he estado en Roma viendo a Juan Pablo II y Benedicto XVI”, reconoce Maribel.
Sin embargo, “es la primera vez que veo a un Papa en Madrid”, cuenta sentada en una de esas sillas de ‘picnic’ que son la envidia de cualquier devoto que pasa por su lado. ¿Lo peor? “Llegar andando desde Atocha a nuestros años”, se queja.
Maribel ha acudido a la misa acompañada por su marido, Pepe Toledo, que llegó en el 75 a Cibeles con una oposición para trabajar de telégrafo y ya se quedó. “El sábado estuvimos en la Vigilia, pero al sol. Para la misa hemos encontrado sombra. Esto es otra cosa”, celebra.
“Lo que le pido a Dios es que nos dé su bendición. Y a los jóvenes les pido que hagan mucho apostolado. Hay que estar unidos. Y a los que no creen, animarlos porque el Señor y la Virgen están en nuestro corazón”, pide Pepe.
Al lado de ambos, el hermano de Maribel, Vicente. Él también ha visto a Juan Pablo II y a Benedicto XVI, pero está muy ilusionado con León XIV. “Este Papa es un hombre muy inteligente, agustino, con buen carisma. Se nota que ha sido misionero. Tiene el hándicap de ser norteamericano. Con Trump, no debe ser fácil...”, explica.
La boda de Candela y Mario
Pero, además de la misa, también se han celebrado otras cosas. Como la boda de Candela y Mario, dos voluntarios “católicos de siempre”. Ellos le piden a Dios —y qué menos después de estos días de trabajo ‘gratis’— que obre el ‘milagro’ de que no llueva en octubre, mes que han elegido para casarse.
Como ellos, miles de voluntarios han hecho posible que nada falle en la organización. Fernando, por ejemplo, se apuntó con su mujer. “Ella está en los accesos y yo ayudando en una Iglesia contigua a Cibeles. Soy de familia muy católica. Tengo tíos misioneros, un primo sacerdote...”, cuenta.
Mario y Candela se casarán en octubre.
Junto a ellos trabajan Pablo, subinspector de Hacienda; Cayetana, que se apuntó a través de su empresa; África, que “no tenía otro plan” —dice, entre risas—; o Juanjo, al que “convenció su mujer”. Son esa otra misa, el backstage del 1.200.000 personas que acudieron al cuarto baño de masas de León XIV tras su paso por el Palacio Real, el CEDIA de Cáritas y la Vigilia.