La semana pasada, una de las noticias de cabecera fue la propuesta de la financiación autonómica elaborada por el ministerio que dirige la (ministra) Montero. Sólo hablan bien de esta propuesta: los miembros del Gobierno y el aparato del PSOE, que repiten la consigna como papagayos, ERC y el president Illa. Los demás ni la quieren, ni se la creen.

¿Por qué no creérsela?

Porque en el Consejo de Política Fiscal y Financiera la inmensa mayoría de las Comunidades Autónomas se opusieron a la propuesta. También se opone Castilla-La Mancha, que es del mismo partido que el de la ministra.

Porque esa propuesta debe pasar por el Congreso y el Senado y no hay bloque parlamentario suficiente para aprobar la propuesta. Junts, cuyo voto es necesario para su aprobación en las Cortes, es crítico con la propuesta, Coalición Canaria y el BNG están en contra y no se sabe que piensa Podemos. 

Porque el origen de la propuesta es espurio. No es un acuerdo derivado de una negociación entre todas las Comunidades Autónomas y el Gobierno para mejorar su financiación. Es una propuesta derivada de un acuerdo entre el Sr, Sánchez, presidente del Gobierno, y el Sr. Junqueras, presidente de ERC (sin ningún cargo público). 

La clase media, que es la que, de verdad aporta el grueso de los ingresos a las Administraciones públicas, está exhausta

Un acuerdo cuyo objetivo no es mejorar la financiación de la Generalitat de Cataluña por parte del Gobierno, sino un intento mantener la mayoría parlamentaria para que el Sr. Sánchez pueda seguir en la Moncloa hasta 2027, tenga o no presupuestos para 2026. Mayoría parlamentaria que está cada vez más debilitada.  En las encuestas y en Congreso de los Diputados el Gobierno está en minoría.

A la vista de ello, las declaraciones de la (ministra) Montero son puro “voluntarismo político”. Por eso nadie cree que sean sino un acto de propaganda. Propaganda que cada vez resulta menos creíble. Tanto que las encuestas describen el paso, cada vez mayor, de votantes de la izquierda a la derecha.

No sólo no se puede creer la propuesta. Además, la clase media no la quiere.

Porque hay algo sobre lo que la (ministra) Montero no habla. Es que el dinero que el ministerio de Hacienda quiere repartir es dinero de todos los españoles. Dinero que nos detrae via impuestos.

La clase media, que es la que, de verdad aporta el grueso de los ingresos a las Administraciones públicas, está exhausta. Su esfuerzo fiscal no hace sino subir. La no deflación de los niveles del IRPF, el aumento del IVA, los demás impuestos y tasas, junto con la subida de la cesta de la compra y la vivienda (por ejemplo) hace que los salarios cada vez tengan menos capacidad adquisitiva.

El esfuerzo fiscal de la clase media y trabajadora en los últimos cinco años ha subido hasta el 55% del salario bruto ¡Una barbaridad!

El esfuerzo fiscal de la clase media y trabajadora en los últimos cinco años ha subido hasta el 55% del salario bruto ¡Una barbaridad! Se calcula que desde 2019 las familias de clase media han pagado 128.000 millones de euros adicionales más que entonces.

Para 2026 la recaudación de IRPF e IVA aumentará en otros 6.500 millones de euros por no deflactarlos con una inflación persistente.

Es decir, que la (ministra) Montero es una especie de José María Tempranillo, con dos diferencias básicas: no roba a los ricos, sino que atraca a la clase media; no se lo da a los pobres, sino que lo dilapida con una Administración cada vez más ineficiente.  

Parafraseando a los independentistas catalanes, la clase media y trabajadora española (incluida la catalana) debería adoptar el eslogan: “La (ministra) Montero nos roba”.  

O sea, que lo que la clase media y trabajadora debería hacer, es gritar: ¡Deje de decir tonterías sobre cómo financiar a una Administración extractora y extractiva de mis bolsillos! Empiece por decir cómo voy a poder llegar a final de mes y ahorrar algo para asegurar mi futuro.  

Todo recuerda la cancioncilla del siglo XIX que decía: Ay, Ay, Maria Cristina nos quiere gobernar, … Pero cambiando la letra por la de: Ay, Ay, la Montero nos quiere arruinar, …

La canción que seguía con:  y yo le sigo, le sigo la corriente, …. ¡Horror! Eso quisiera la ministra. Aún es tiempo para pararla: ¡Elecciones!

** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.