Independientemente de las consideraciones políticas, de derecho internacional, de defensa de la democracia… una de las consecuencias a tener en cuenta de la operación de EEUU en Venezuela es su efecto en la economía. En particular, cómo será recibida por las finanzas internacionales y, dentro de ellas, en las bolsas mundiales.

Pues bien, me voy a tirar en plancha. Creo que la reacción del mundo financiero a la acción de Trump sobre Maduro será una subida de las bolsas. Lo comprobaremos el lunes cuando se abran después del fin de semana, empezando por el mercado bursátil de Tokio, las europeas y, por supuesto, Nueva York.

¿Por qué subirán? Por varias razones.

El mundo financiero suele ser temeroso y no le gusta la incertidumbre. Podría parecer que una operación como la de Trump sobre Maduro (que no sobre Venezuela) aumenta la incertidumbre.

Al contrario. Lo incierto era lo que iba a pasar en Venezuela hasta hace unas semanas. Ahora ya se sabe: se impondrá una transición hacia la democracia. Probablemente con Edmundo González, el presidente electo, al frente.

Un presidente que tiene todas las papeletas de ser un gestor de la transición tranquilo y tranquilizador.

Eso supone, además, que EEUU sea garante de su figura. Tendrá que ayudarle para que no fracase. Trump tiene tres años de legislatura por delante y querrá irse como el que restauró la democracia en Venezuela.

Creo que la reacción del mundo financiero a la acción de Trump sobre Maduro será una subida de las bolsas.

Es decir, que lo que en otras circunstancias podría haber aumentado la incertidumbre, en las actuales es lo contrario. Una reducción de esa incertidumbre. Eso siempre tranquiliza a las finanzas y, más aún, las que trabajan en el mercado bursátil.

Por otra parte, con el cambio en Venezuela se confirma el fracaso del izquierdismo bolivariano en Iberoamérica. Es decir, un giro al centro-derecha, derecha. Algo que se dio en Argentina, Chile, Honduras, El Salvador, Bolivia, Ecuador… y que seguirá, probablemente, en el futuro. Algo que las finanzas no ven nada mal.

Por otra parte, la estabilización de Venezuela supondría que el mercado del petróleo tendría un mayor suministro a largo plazo. De manera que podría caer el precio del crudo para dentro de un tiempo.

A corto plazo no parece que el cambio en Venezuela vaya a influir mucho en el precio del crudo porque sus instalaciones están obsoletas y su organización desmantelada. A pesar de ello, en todo caso, supondría una inyección de optimismo económico.

Una inyección que se extendería a otros sectores de la minería, como el oro o tierras raras. Venezuela tiene reservas enormes que, de momento, se encuentran secuestradas por la mala administración y el contrabando. Para la industria tecnológica estadounidense sería tener suministradores, que alejen el riesgo del monopolio chino de las tierras raras.

Por otra parte, las tibias reacciones de Rusia y, en especial, China a la operación indican que es posible considerar un pacto anterior con ambos gobiernos.

La estabilización de Venezuela supondría que el mercado del petróleo tendría un mayor suministro a largo plazo.

Eso supone que debe haber un pacto sobre la guerra de Ucrania (pendiente de flecos a favor de Putin) y que las relaciones económicas de las dos grandes potencias económicas China/USA también están acordadas.

De manera que, poco a poco, Trump va “imponiendo una paz”. Imponiendo es la palabra que define mejor la situación que la palabra de “consiguiendo”. Esa puede ser una nota negativa de la operación, porque mantener la paz a base de la fuerza militar exige esfuerzos continuados y un coste alto que puede acabar corroyendo a largo plazo el poder del garante de esa paz.

En todo caso de momento habrá una paz trumpista, que mantendrá tranquilos a muchos gobiernos inquietos. Moverse belicosamente hoy, bajo la presidencia de Trump, sin el beneplácito de EEUU por lo que se ve puede ser peligroso.

La otra consecuencia es que la doctrina Monroe (América para los americanos) se consolida. De manera que todo el continente, norte, centro y sur, entrarían en una dinámica donde los inversores internacionales podrían moverse con cierta tranquilidad. Algo que no ocurrió en el final del siglo XX y lo que va del XXI.

De manera que no hay razones para que bajen las bolsas. Más bien al contrario.


** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.