El gobierno celebra la EPA del segundo trimestre por la reducción del desempleo al 10,3% y el aumento de empleados a más de 22 millones.

Si a esas cifras se añade una inflación contenida en el 2/3% y un incremento de los ingresos públicos vía impuestos, Sánchez puede presumir, y presume, de su gestión macroeconómica.

En particular, si se compara con las cifras de otros países desarrollados porque el crecimiento del PIB español para 2025 puede situarse entre el 2,7 y el 3,0%.

Triunfalismo económico del gobierno Sánchez justificado por estas cifras macroeconómicas.

Triunfalismo que puede contestarse porque:

La clase media y trabajadora está siendo esquilmada por los impuestos, con salarios que no han remontado aún el crecimiento de los precios del 2020/2023 y está angustiada por la carestía de la vivienda.

En el periodo 2017/2025 esa clase media ha perdido capacidad adquisitiva. Mientras, los empleados públicos, en términos generales, tienen salarios por encima de la media del sector privado.

Un sector público que ha endeudado al país hasta más de 1,62 billones de euros (el 104% del PIB) a pesar de los aumentos de ingresos por impuestos.

La cifra de paro, aunque ha bajado, sigue más alta que en muchos países del entorno. En España es el doble de la zona euro.

En el periodo 2017/2025 la clase media ha perdido capacidad adquisitiva. Mientras los empleados públicos tienen salarios por encima de la media del sector privado.

Con una contabilidad en el SEPE que enmascara el paro real español cuando ignora en su cálculo el número de contratados fijos discontinuos inactivos (que varía mucho según periodos del año).

Los jóvenes tienen dificultades para encontrar trabajo con un paro cerca del 25%, mientras la media europea es del 15%.

Si a ello se añaden las dificultades de encontrar vivienda, la dificultad de emancipación de las parejas jóvenes hacen que la natalidad disminuya de manera alarmante. Solo compensada por un aumento de la entrada de inmigrantes.

Inmigrantes que cubren la falta de mano de obra, sobre todo en los niveles salariales bajos y contratos temporales en hostelería y agricultura.

Por eso renta per capita española sigue por debajo de la europea un 20% (8.379 vs. 11.343).

Todo estos datos, contrarios al triunfalismo oficial, los puede mostrar la oposición.

Una oposición que tiene a su favor los datos demoscópicos.

EL ESPAÑOL ha publicado esta semana que, si hubieran elecciones ahora, los partidos de la oposición sacarían 209 escaños en el Congreso; por encima de los 176 de la mayoría absoluta.

Eso ha hecho que Feijóo afirme que el PP está en “modo electoral”. Un triunfalismo dedicado a dar la sensación que el cambio de gobierno es posible en un plazo cercano.

Económicamente esa perspectiva de adelanto electoral sería lógica en un país que funcionase con la democracia occidental ¿Por qué? Porque en esos países si no se aprueban los presupuestos del Estado, los gobiernos están obligados moralmente a convocar elecciones, salvo casos excepcionales.

Después de las declaraciones de esta semana del presidente Sánchez, está claro que esa no es su lógica. Está dispuesto a gobernar, con o sin presupuesto, hasta 2027 tenga o no apoyo para aprobarlo.

Aquí falla el triunfalismo del PP. Ninguno de los partidos del arco parlamentario que apoya a Sánchez en el Congreso está dispuesto a una moción de censura.

Moción que es la única alternativa que provocaría necesariamente un cambio de gobierno con elecciones anticipadas.

Ni siquiera Podemos querría cargar con el coste electoral de dinamitar un gobierno “progresista”.

El PNV está prisionero de su gobierno con el PSE-PSOE en Euskadi y los demás grupos parlamentarios aliados de Sánchez lo necesitan para sus intereses.

Tampoco parece que la “oposición interna” del PSOE esté dispuesta a votar una moción de censura.

El Gobierno puede no sacar adelante los presupuestos, ni ninguna otra iniciativa legislativa. Pero, salvo que haya una quiebra psicológica del propio Sánchez, “el modo electoral” del PP puede durar casi dos años.

Un periodo demasiado largo para que no haya un agotamiento de sus estructuras y, lo más grave, del electorado.

Un electorado que, en su desespero, puede acabar eligiendo a VOX como su alternativa electoral. Como ya parece que está pasando en la juventud.

A sus triunfalismos, gobierno y oposición deberían contraponer la realidad.

*** J. R. Pin Arboledas es profesor del IESE.