El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) vuelve a estar profundamente dividido. La reunión de emergencia que se celebró en Fráncfort la pasada semana para analizar la situación de los mercados de bonos soberanos sirvió para constatar la enorme distancia que separa a sus dos bloques, el del norte y el del sur, en un momento en el que la guerra en Ucrania no deja margen de error a la política monetaria.

Hay desacuerdo tanto en cómo se debe diseñar el nuevo mecanismo para controlar las primas de riesgo de España e Italia, como en cuál debe ser la intensidad de las próximas subidas de los tipos de interés para combatir la inflación, según cuentan fuentes informadas de lo que acontece en Fráncfort.

Una vez más, 'halcones' y 'palomas' están enfrentados. Los primeros encabezados por Austria, Holanda y Alemania. La marcha de Jens Weidman del Bundesbank tras su total desacuerdo con la política monetaria que instauró Mario Draghi y la llegada de Joachim Nagel bajo la presidencia de Olaf Scholz no ha flexibilizado la postura germana. Algo que no debería ser una sorpresa, puesto que el socialdemócrata no solo fue ministro de Finazas en tiempos de Angela Merkel, sino que entregó a los liberales esa cartera cuando formó Gobierno.

Christine Lagarde y Joachim Nagel.

Christine Lagarde y Joachim Nagel. EL ESPAÑOL INVERTIA

[Jens Weidman, la marcha del 'halcón' duro del BCE]

Entre los segundos, figuran España, Francia e Italia. Y atenta -y sensible- a sus demandas está la presidenta del banco central, Christine Lagarde.

El sur considera que el BCE debe diseñar un mecanismo de compras de deuda para evitar la fragmentación financiera sin condicionalidad.

Pero el norte no lo ve claro por varios motivos. El primero se resume en un hartazgo con sus socios del sur. Consideran que la Comisión Europea ya ha sido excesivamente generosa con la creación de Next Generation EU (NGEU), un programa que inyecta dinero en la economía -lo que tiene reflejo también en la inflación-.

Como hemos ido contando en esta columna, varios países frugales fueron muy reacios a la creación de NGEU, un instrumento que salió adelante gracias al empeño de la presidenta Ursula von der Leyen y en el que se juega su legado la actual Comisión.

[La UE teme una crisis del euro si NGEU fracasa en Italia y España]

A esto se suma que el norte considera que el sur no ha aprovechado la última década de ayuda monetaria para acometer las reformas se tenían que abordar. Así, Italia y España han llegado al momento de la retirada de estímulos sin que esté clara su capacidad de hacer frente al pago de su deuda sin la muleta del BCE.

De ahí que vaya a ser muy difícil que los 'halcones' acepten la creación de un mecanismo de ayuda a las primas de riesgo que no esté ligado a la condicionalidad.

Ursula von der Leyen, Christine Lagarde, Joachin Nagel, Pedro Sánchez, Olaf Scholz y Mario Drahgi.

Ursula von der Leyen, Christine Lagarde, Joachin Nagel, Pedro Sánchez, Olaf Scholz y Mario Drahgi. EL ESPAÑOL INVERTIA

La segunda razón de su rechazo frontal es que en esta ocasión, es el norte el que más va a sufrir las consecuencias de la guerra de Ucrania este invierno, en el que no se descarta una recesión en Alemania. 

Para ellos, poner coto a la inflación en los términos en los que lo está haciendo la Reserva Federal es importante en este momento porque, además, consideran que es vital trasladar un mensaje de determinación a los mercados para no perder el arma más importante de un banco central: la credibilidad.

Este punto no es baladí y puede determinar el devenir de las futuras decisiones que se adopten en Fráncfort. De hecho, es un elemento que puede jugar en contra del sur a la hora de negociar la condicionalidad o no condicionalidad de la ayuda futura que preste el BCE a los Estados.

¿Cómo afecta esto a España? Como ha explicado en este periódico Joaquín Maudos, en el balance del BCE hay nada menos que el 33,75% (394.000 millones de euros) de toda la deuda pública española.

[Los efectos en España de la subida de tipos de interés (Joaquín Maudos)]

Ahora, el Tesoro español tiene que emitir unos 125.000 millones de euros en deuda para hacer frente a los vencimientos de 2023 más la deuda necesaria para financiar el déficit público (otros 60.000 millones de euros). Una subida de tipos de 100 puntos básicos supondría 1.850 millones de euros más en intereses a pagar al año.

Pero teniendo en cuenta que el BCE se va a retirar de las compras, esa subida será mayor, puesto que vuelve a estar en manos de los inversores fijar el precio de las compras de deuda. La huida hacia adelante del gasto público que ha marcado los años de Gobierno de Pedro Sánchez empieza a llegar a su fin.

ATENTOS A...

El fin de la era de dinero gratis en los países desarrollados del mundo va a tener un impacto directo en el sector del capital riesgo, que es uno de los que más se ha beneficiado de los estímulos de los bancos centrales en la última década.

SuperReturn

SuperReturn

Los grandes representantes mundiales de esta industria se dieron cita en Berlín la pasada semana y este reto se puso sobre la mesa tras un año en el que estos fondos movieron en el mundo cerca de 800.000 millones de dólares.