La narrativa bursátil de la IA vuelve a sufrir y esta vez no sólo regresan las recurrentes dudas sobre si las grandes inversiones que se están haciendo en esta tecnología merecen la pena. A ellas se ha unido un bache extra: la posible ralentización de los avances en su desarrollo.
El revuelo llega después de que los líderes de algunas de las grandes compañías de IA hayan pedido justo esto, que los avances en esta tecnología frenen su ritmo. Y lo hacen tras la advertencia de uno de los desarrolladores de esta tecnología.
Jacob Coxon, hasta hace una semana investigador de Anthropic -y ex trabajador de OpenAI-, reconoció en una publicación a través de la red social X que la IA puede "acabar con todos nosotros antes de que acabe la década".
El mensaje se convirtió en el detonante de un gran debate que ha revolucionado el sector tecnológico y que también ha generado voces críticas sobre la rapidez a la que evoluciona la IA dentro del mismo.
El director ejecutivo y cofundador de Anthropic, Dario Amodei, reclamó durante el fin de semana -a raíz de dicha cuestión- una desaceleración en el ritmo en el que mejorar las capacidades de los modelos de IA. También pidió al gobierno que interviniera en esta cuestión.
I resigned from Anthropic today. I spent the last three years doing pretraining research at both OpenAI and Anthropic. Neither company is acting responsibly. They are racing straight to self-improving superintelligence and gambling with our lives. More thoughts below.
— Jacob Coxon (@hilbertspaess) September 9, 2026
A la petición se sumaron Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI y Elon Musk, dueño de Tesla y X. Y todo ello ha tenido fuertes repercusiones en el ánimo de los inversores que apostaban por dicha tecnología y que ya solventan las intermitentes dudas que resurgen continuamente por la misma.
Unas dudas que, como explica a este diario Antonio Castelo, analista de mercados de iBroker, "hasta ahora discutían sobre cuánto crecería la IA, cuánto capital había que invertir en ella y si iba a ser fácil o difícil conseguir una rentabilidad".
Los interrogantes sobre la tecnología han hecho que cada oleada de resultados de estas compañías haya sido un verdadero examen y también han hecho tambalear al mercado en distintas ocasiones. A ellos, ahora se les une un nuevo riesgo.
Como señala Castelo, este nuevo revuelo ha provocado que surja la posibilidad de que se limite temporalmente el ritmo del avance de la IA. Y aquí aparece un importante riesgo, especialmente cuando estos inversores han estado acostumbrados a apostar por un crecimiento aparentemente ilimitado del sector, como apuntan desde MarketScreener.
Teniendo en cuenta que la exigencia sobre las valoraciones del sector son de por sí bastante exigentes -en parte por las grandes cantidades de capital que se han apostado a ella- cualquier retraso en el calendario puede provocar importantes correcciones. Aunque Castelo limita ahí el frenazo.
Para el analista, este bache no va a hacer que la IA deje de crecer. Pero sí que abre nuevos interrogantes sobre a qué ritmo lo hará, con qué rentabilidad y con qué grado de regulación. Y en este punto, las expectativas que los inversores se han hecho con la tecnología juegan una mala pasada.
Sufren las bolsas
"El riesgo es que el mercado haya descontado un crecimiento demasiado rápido, demasiado rentable y prácticamente sin fricciones", concluye Castelo.
La reacción bursátil no ha tardado en llegar. Las grandes compañías de chips fueron las grandes perjudicadas en la sesión de la víspera, al uno y otro lado del charco, lo que arrastró a números rojos a los principales selectivos de bolsa.
Otros afectados
Sin embargo, y aunque se descuenta que los fabricantes de semiconductores serán los principales afectados por esta tormenta, no son las únicas compañías que han sufrido -y van a padecer- los interrogantes que plantea el futuro de la IA. Aunque sí las que cuentan con valoraciones exigentes fruto de las elevadas expectativas.
Como también explica a este diario el analista de mercados, "la inversión en IA ha creado una cadena mucho más amplia de beneficiarios". En esta lista se encuentran compañías de electrificación, redes, refrigeración, construcción e inmobiliarias especializadas en centros de datos.
Aunque su crecimiento estructural no va a desaparecer, sí que pueden perder uno de sus catalizadores más importantes.
En el polo opuesto, Castelo identifica otros efectos de esta tormenta por la IA. El analista sostiene que una regulación más exigente podría beneficiar a los grandes actores ya establecidos en el mercado, es decir, reforzar el oligopolio existente o, en cualquier caso, discriminar mucho más entre compañías con beneficios visibles, capacidad de generación de caja y posición competitiva consolidada.
Además, hay empresas que ganan con esta oleada de incertidumbre. Son aquellas que han temido que los avances en la IA puedan alterar el negocio tradicional o las compañías de software que hasta hace poco se veían cuestionadas por el desarrollo tecnológico.
Con todo, y a pesar de que los ejecutivos de las grandes compañías de IA parezcan estar de acuerdo en ralentizar el desarrollo de la inteligencia artificial, el presidente de EEUU, Donald Trump, no está nada de acuerdo.
En este punto aparece la cuestión geopolítica. La evolución de la IA forma parte de una carrera tecnológica que Trump quiere seguir liderando ante China "y frente a todos los demás".
El mandatario estadounidense ha rechazado poner límites al desarrollo de la tecnología y ha asegurado que existe una "conspiración enfermiza" contra la IA.
