El 1 de junio comenzará la integración entre O2 (Telefónica) y Virgin (Liberty Media) en Reino Unido, una operación que este jueves autorizó el regulador local y que da el pistoletazo de salida a una verdadera revolución en el mercado de las telecomunicaciones británico.

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Un terremoto que pone patas arriba el actual tablero de juego, ya que la nueva compañía nace como la operadora con más accesos del mercado, líder en clientes móviles y con vocación de ser el número uno del mercado británico de telecomunicaciones, donde hay al menos seis competidores relevantes, quizás el más competitivo de Europa.

En este sentido, los dos grandes perdedores de la operación son BT, que ve amenazado su histórico liderazgo heredado del monopolio público, y Vodafone, que pasa de discutir el segundo lugar junto a Sky a un rezagado cuarto lugar en todos los parámetros.

El caso de BT es muy relevante, ya que es el líder del mercado británico desde su nacimiento, como monopolio público, empresa semipública o ya como compañía privada. Es, además, el mejor exponente de empresa bandera, es decir, uno de los campeones nacionales que el gobierno británico suele defender en foros económicos internacionales.

Una historia de más de 140 años. El Post Office, el servicio de correo estatal del Reino Unido, comenzó a gestionar las redes de teléfonos en 1878. En 1969 pasó de ser un departamento de gobierno a convertirse en empresa estatal.

Empresa pública

En 1981, la gestión de las redes de teléfonos se separó del Post Office en una empresa nueva, British Telecommunications. Con la liberalización del sector, en 1984 se conformó la empresa privada British Telecommunications plc, y la mayoría de las acciones se emitieron al mercado, quedando el resto en propiedad de la empresa estatal. 

En 1991, el Gobierno redujo su participación al 21,8% y en 1993 la empresa se privatizó por completo. Un periodo en el que en que casi siempre se ha mantenido como el principal operador del mercado. 

Un control que se reforzó en 2015 cuando compró EE por 16.625 millones de euros, con lo que se convirtió en el líder absoluto uniendo los -por ese entonces- más de 10 millones de clientes domésticos de BT con los 24,5 millones de abonados móviles directos de EE.

En estos momentos, es líder en todos los parámetros, excepto en el número de accesos. Tiene 46,5 millones de clientes con servicios convergentes de móvil, fijo y televisión, factura 13.500 millones de libras al año y su Ebitda llega a los 4,2 millones de libras.

No obstante, la suma de O2 más Virgin le deja muy poco margen de diferencia. La nueva compañía dará lugar a un proveedor integrado de telecomunicaciones (el primero que hace competencia a BT) con más de 46,5 millones de abonados de televisión, banda ancha y móviles, que supera los 46,3 millones de accesos de BT.

A favor de O2-Virgin

En cuanto a ingresos, en 2019 cerró con 11.300 millones de libras y se sitúa por detrás de los 13.500 millones registrados por BT. En Ebitda registró 4.100 millones de libras, solo 100 millones por debajo de BT.

El regulador británico aprobó la fusión sin condiciones, por lo que no deberá vender ningún activo ni tendrá ninguna restricción en su política comercial. Esto le permitirá mantener sus actuales dimensiones y tener libertad para emprender una estrategia de crecimiento.

De hecho, tanto Telefónica como Liberty se han comprometido a seguir invirtiendo en redes, en infraestructura y en 5G en el mercado británico con el decidido objetivo de alzarse con el liderazgo. De esta manera, en el sector se prevé que las mínimas diferencias con BT se recorten en muy poco tiempo. 

En este sentido, el know how de Telefónica en el despliegue de redes será clave para sacar todo el potencial de la fusión. Otro detalle: Virgin dejará de alquilar las redes de BT y pasará a usar las de O2, un duro golpe para el líder y un importante ahorro para la compañía naciente.

La nueva compañía tiene además otro activo: la Premier League. Virgin tiene los derechos mayoristas de la mayor competición deportiva de Reino Unido y probablemente del continente, algo que no tiene BT. El dueño de los derechos es Sky, pero que se mantiene en un discreto tercer lugar con menos de la mitad de los accesos de BT y la suma de O2 y Virgin.

Impacto en Vodafone

Una guerra que, además, encierra una paradoja. El negocio móvil de BT nació en 1985 de la mano de Cellnet, que adquirió en su totalidad en 1999. La división móvil se escindió de BT y se convirtió en O2 en 2002. Cuatro años después Telefónica compró la división de móviles con la que ahora le hace frente junto a Virgin y después de que BT haya tenido que volver al negocio móvil al comprar EE en 2015.

Pero BT no es la única perjudicada. Vodafone -una de las primeras en discutir el monopolio- es otro de los grandes perdedores. El nacimiento de O2-Virgin es una dificultad competitiva añadida para el resto de los actores del sector: Vodafone y Hutchison en el móvil y Sky y TalkTalk en la banda ancha.

Hasta ahora solo BT daba todos los servicios, pero ahora ya serán dos los que ofrezcan paquetes convergentes y tengan clientes en todos los segmentos. De hecho, hasta ahora Vodafone competía por ser el segundo y ahora se tendrá que conformar con el cuarto lugar del mercado.

Con 20,2 millones de clientes, 5.500 millones de libras de facturación y un Ebitda de 1.200 millones no solo se queda lejos de BT y la nueva empresa fusionada, sino que además pierde peso al intentar competir con Sky, que tiene 22,7 millones de accesos, 9.400 millones de facturación y un Ebitda de 2.400 millones.

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