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Veolia pone cifras al ahorro energético de las empresas: supone más de 1,5 millones al año con la digitalización
La compañía monitoriza más de 2.500 instalaciones en España con Hubgrade.
Defiende las auditorías, la IA y los contratos de rendimiento energético.
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Las empresas españolas todavía tienen un importante margen para reducir su factura energética sin necesidad de acometer grandes inversiones en nuevas instalaciones.
La clave está en detectar los consumos innecesarios, optimizar los procesos y aprovechar las posibilidades que ofrecen la digitalización y la recuperación de energía.
Así lo sostiene en una entrevista con EL ESPAÑOL-Invertia Aránzazu Martín, directora de Desarrollo de Nuevos Mercados de Veolia España, en el Día Mundial del Ahorro de Energía, que se celebra este 21 de octubre.
La experta sitúa la eficiencia energética como una herramienta estratégica para mejorar la competitividad industrial y avanzar en la descarbonización.
Advierte de que buena parte de las oportunidades de ahorro siguen estando en la gestión de las instalaciones existentes.
La climatización, los sistemas de bombeo y los procesos térmicos industriales son algunos de los ámbitos en los que todavía pueden corregirse ineficiencias.
"En muchos casos, el reto no consiste únicamente en incorporar nuevas tecnologías, sino en conocer mejor cómo se utiliza la energía y detectar dónde se producen pérdidas o consumos innecesarios", explica Martín.
Para ello, "es fundamental comenzar con auditorías energéticas que permitan establecer un diagnóstico de cada instalación y priorizar las actuaciones en función de su potencial de ahorro".
La digitalización es otra de las palancas para conseguir resultados medibles.
Los centros Hubgrade
En este ámbito, Veolia cuenta con Hubgrade, una red de centros y servicios digitales que combina la monitorización de las instalaciones con herramientas de análisis avanzado e inteligencia artificial para optimizar la gestión del agua, la energía y los residuos.
Según los datos facilitados por la compañía, Hubgrade dispone en España de 17 centros operativos, más de 2.500 instalaciones monitorizadas y más de tres millones de contadores inteligentes.
Esta infraestructura permite alcanzar ahorros anuales superiores a 1,5 millones de euros en energía, además de un ahorro hídrico de 4,5 millones de litros al año y evitar la emisión de más de 183.000 toneladas de CO2 anuales.
"No obstante, no existe una tecnología única capaz de resolver todos los problemas de eficiencia", asegura.
"Los resultados dependen del punto de partida, el tipo de actividad y las características de cada instalación. Por eso, hay que combinar las soluciones tecnológicas con sistemas de seguimiento continuo que permitan detectar anomalías, anticipar incidencias y ajustar el funcionamiento de los equipos a las necesidades reales".
Invertir sin mucho desembolso
La inversión inicial continúa siendo uno de los principales obstáculos para acelerar la descarbonización empresarial.
Frente a esta barrera, "los contratos de rendimiento energético (EPC) permiten desarrollar proyectos en los que una empresa de servicios energéticos puede asumir la inversión y vincular su remuneración a los ahorros obtenidos, según las condiciones pactadas".
"A estos instrumentos se suman los Certificados de Ahorro Energético (CAE), que permiten monetizar los ahorros de energía final acreditados y mejorar la rentabilidad de determinadas actuaciones de eficiencia", asegura a este diario.
"El plazo de amortización depende de factores como el consumo inicial, el precio de la energía, las horas de funcionamiento y la inversión necesaria".
Por ello, Martín defiende que "la evaluación de estos proyectos tenga en cuenta no solo el retorno económico, sino también la reducción de emisiones y las mejoras operativas a largo plazo".
"La eficiencia debe dejar de considerarse exclusivamente un coste y convertirse en una inversión para reducir gastos recurrentes y reforzar la competitividad".
"Una visión que cobra relevancia en un contexto en el que las empresas deben avanzar en sus objetivos de descarbonización y adaptarse a las exigencias regulatorias europeas".
Electrificar y calor residual
Junto a la optimización de los consumos, la electrificación, las energías renovables y la recuperación de calor desempeñan un papel complementario en la reducción de emisiones.
"La solución más adecuada depende de las necesidades energéticas de cada actividad y de las infraestructuras disponibles".
"Las redes de calor y frío permiten, además, suministrar energía a varios edificios o instalaciones desde sistemas centralizados, con la posibilidad de aprovechar recursos energéticos alternativos y calores residuales que, de otro modo, se perderían".
Y pone como ejemplo Ecoenergies Barcelona, un proyecto que utiliza biomasa procedente de la poda de parques y jardines para producir calor y aprovecha el frío residual generado durante la regasificación de gas natural licuado en la terminal portuaria.
"Este último recurso se destina al suministro de frío a clientes industriales y a la climatización de edificios conectados a la red".
"La extensión de este tipo de soluciones, sin embargo, requiere superar varias barreras, entre ellas la inversión inicial, la agilización de los trámites administrativos y la existencia de marcos regulatorios estables que permitan planificar las actuaciones a largo plazo".
Reducir la factura energética
De cara a las empresas que quieran comenzar a actuar desde ahora, Aránzazu Martín identifica tres prioridades.
La primera es realizar una auditoría energética rigurosa para localizar los principales focos de consumo y ordenar las inversiones según su potencial de ahorro.
La segunda consiste en implantar sistemas digitales de gestión energética que permitan controlar los consumos en tiempo real e identificar desviaciones.
La tercera es desarrollar un plan de acción por fases que combine la optimización de los equipos existentes con el aprovechamiento de calores residuales, la electrificación de procesos y la incorporación de energías renovables.
Para comprobar que las mejoras son reales y sostenidas, "hay que medir tanto el consumo energético total como el consumo por unidad de producción o servicio, el coste de la energía y las emisiones asociadas".
"Estos indicadores deben compararse con una situación de partida equivalente, ajustando factores como la actividad, la ocupación o las condiciones climáticas", advierte.
"El objetivo es distinguir los ahorros atribuibles a las medidas implantadas de las variaciones derivadas de cambios en la actividad y verificar que los resultados se mantienen en el tiempo", concluye.
Una condición esencial para que la eficiencia energética se traduzca no solo en una menor factura, sino también en una reducción efectiva de las emisiones.