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Observatorio de la Energía

Se disparan los ciberataques a las infraestructuras críticas del sector energético en España: "Se digitaliza cualquier dispositivo"

El 35% de los parques fotovoltaicos de Europa están en España.

"La seguridad es tan fuerte como vulnerable el punto más débil de la cadena".

Más información: Así fue el ciberataque a los supermercados europeos que les costó millones: apagó las neveras y congeladores

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España concentra el 35% de los parques solares de Europa expuestos en Internet, situándola como uno de los países más vulnerables ante ciberataques a infraestructuras críticas.

Un informe identificó 8.547 sistemas de instalaciones solares y eólicas en 35 países europeos accesibles desde la red sin la debida protección, permitiendo en algunos casos el control operativo completo.

Un reciente ciberataque en supermercados europeos que inutilizó sistemas de refrigeración pone de manifiesto los riesgos de conectar maquinaria física esencial a Internet.

Expertos advierten de que la creciente digitalización del sector energético aumenta la superficie de exposición, haciendo indispensable reforzar la protección digital al mismo ritmo que la transición energética.

El ciberataque que ha inutilizado este lunes, 12 de octubre, sistemas de refrigeración de cientos de supermercados europeos evidencia el riesgo de conectar maquinaria física a Internet y despierta el miedo a qué ocurriría si se atacan infraestructuras críticas, como las del sector energético.

España concentra el 35% de los parques solares de Europa y, por tanto, nuestro país está especialmente expuesto a este tipo de agresión externa, según una investigación de Modat y el Centro Nacional de Ciberseguridad de Países Bajos.

Un ciberataque puede apagar las neveras de un supermercado, echar a perder toneladas de alimentos y provocar pérdidas millonarias. Pero también puede comprometer los sistemas de control de un parque fotovoltaico o de un aerogenerador, y en España este tipo de ataques se han disparado en los últimos años.

La frontera entre el mundo digital y el físico es cada vez más estrecha, y las infraestructuras críticas se han convertido en uno de los objetivos más sensibles de esta transformación tecnológica.

"La protección depende de la vulnerabilidad del eslabón más débil de cada instalación", advierte a EL ESPAÑOL-Invertia Miguel López, Channel Director para Western EMEA de Barracuda, fabricante estadounidense de soluciones de ciberseguridad para empresas e infraestructuras.

Manipular el software

El ataque informático del lunes ha afectado a cientos de supermercados franceses, con incidencias también en redes comerciales de Bélgica y Países Bajos.

Los intrusos manipularon los sistemas de refrigeración de establecimientos de varias cadenas, entre ellas Intermarché y Coopérative U, y provocaron pérdidas de productos frescos y congelados.

El incidente pone de manifiesto la vulnerabilidad de los dispositivos conectados que controlan procesos físicos esenciales. "Cualquier máquina está conectada a Internet y, por tanto, está expuesta a un hackeo", continúa el experto de Barracuda.

"La mayor parte de las empresas e industrias están conectadas directa e indirectamente a Internet. Se digitaliza cualquier dispositivo".

8.547 sistemas asociados

La alerta adquiere especial relevancia en España. El informe ha identificado 8.547 sistemas asociados a instalaciones solares y eólicas de 35 países europeos que no deberían estar accesibles desde Internet.

De ellos, 7.942 corresponden a instalaciones solares. España concentra 2.766, el 35% del total detectado, seguida de Grecia, con 1.860.

En el ámbito eólico, los investigadores localizaron otros 605 sistemas expuestos en Europa.

El estudio, presentado el pasado 6 de octubre en la ONE Conference de La Haya, advierte de que algunos de estos sistemas no se limitan a mostrar información: sus interfaces permiten acceder a funciones operativas.

En alrededor de 181 emplazamientos europeos, los investigadores estimaron que podría haber sido posible obtener el control completo de las operaciones.

Esto no significa que el 35% de los parques fotovoltaicos españoles haya sufrido un ciberataque, sino que España concentra esa proporción de los sistemas solares expuestos identificados por los investigadores.

La diferencia es importante: estar accesible desde Internet supone un riesgo, pero no demuestra que se haya producido una intrusión.

El informe de Modat y NCSC-NL señala, además, que las cifras podrían quedarse cortas, puesto que sólo se contabilizaron los sistemas que pudieron vincularse con suficiente seguridad a instalaciones concretas.

Puerta de entrada

El problema es que una instalación energética no funciona como un único equipo aislado. Un parque fotovoltaico integra sistemas de monitorización, controladores, comunicaciones y plataformas de gestión remota.

En la eólica, una turbina puede conectarse al sistema de control del parque y este, a su vez, a un centro logístico que supervisa varias instalaciones. "Las centrales fotovoltaicas no son una única pieza, sino que cada elemento que lo compone tiene una conexión", explica López.

Por eso, una vulnerabilidad en un componente aparentemente secundario puede comprometer otros sistemas si existen conexiones que permitan extender el acceso.

El riesgo no se limita a los equipos principales. También deben protegerse las interfaces administrativas, las conexiones de mantenimiento y los accesos de proveedores externos.

Los investigadores han encontrado sistemas que permitían consultar datos de producción y ubicación de aerogeneradores, así como controles para arrancarlos, detenerlos o reiniciarlos.

La experiencia de Polonia refuerza esta preocupación. En diciembre de 2025, un ciberataque afectó a al menos 30 instalaciones eólicas y solares, según el precedente recogido en la investigación de Modat y NCSC-NL.

Más superficie de exposición

Pese al aumento de los riesgos, López considera que las medidas de protección han mejorado.

"El nivel de seguridad en general ha mejorado en España y en cualquier empresa de infraestructuras críticas, pero ha aumentado también la superficie de exposición porque cada vez los sistemas están más digitalizados", señala.

El directivo apunta a un doble movimiento: la probabilidad de que un ataque tenga éxito puede reducirse con mejores defensas, pero los ciberdelincuentes disponen de más dispositivos y conexiones que analizar.

Tampoco existe una solución única. Centralizar el control de una instalación puede facilitar la gestión de la seguridad, aunque convierte determinados puntos en objetivos atractivos.

Distribuir los sistemas puede limitar el alcance de un incidente, pero multiplica los elementos que deben protegerse.

Por eso, los expertos recomiendan retirar de Internet las interfaces administrativas que no necesiten acceso público, reforzar la autenticación, controlar las conexiones de terceros y disponer de mecanismos para mantener la operación en caso de incidente.

"No existe una ciberseguridad absoluta, sino que se establecen barreras para que el daño sea lo menor posible", resume López.

La conclusión es que la transición energética no sólo necesita más redes, renovables y sistemas inteligentes. También requiere de una protección digital capaz de evolucionar al mismo ritmo.

Cuando una máquina conectada controla la temperatura de un congelador o el funcionamiento de una instalación eléctrica, un ataque informático deja de ser un problema exclusivamente tecnológico y puede convertirse en una amenaza para servicios esenciales.