Imagen de la refinería

Imagen de la refinería Repsol

Observatorio de la Energía

La crisis energética no es por el petróleo sino por el diésel: los márgenes de refino en Europa se multiplican desde febrero

Más del 20% de la capacidad de refino de Oriente Próximo está inoperativa.

Los ataques a las refinerías rusas han parado el 30% de la producción.

Más información: La AIE recorta su previsión de suministro de petróleo para 2026 ante la incertidumbre en el estrecho de Ormuz

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Las claves

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La crisis energética actual se debe a la escasez de diésel, no de petróleo, por problemas en la capacidad de refino.

Más del 20% de la capacidad de refino de Oriente Próximo está fuera de servicio y Rusia ha reducido un 30% su actividad por daños en sus refinerías.

Europa es especialmente vulnerable por su alta dependencia de importaciones de diésel y bajos niveles de reservas de combustibles.

El encarecimiento del diésel impacta directamente en el transporte, la logística y, en consecuencia, en los precios de alimentos y bienes.

La crisis energética por el cierre del estrecho de Ormuz comenzó siendo un problema de suministro de petróleo, pero lleva meses apuntando a la capacidad para convertirlo en combustibles, en concreto, diésel.

Tanto es así que el verdadero cuello de botella se encuentra en las refinerías, especialmente europeas. "La actual crisis energética mundial apenas está comenzando", señalan fuentes del sector petrolero a EL ESPAÑOL-Invertia.

Más del 20% de la capacidad de refino de Oriente Próximo, sobre una capacidad regional de unos 9,6 millones de barriles diarios, permanece fuera de servicio como consecuencia del conflicto.

A ello se suma el daño provocado por los ataques ucranianos sobre instalaciones petroleras rusas, que han reducido alrededor de un 30% la actividad de refino del país.

El resultado es una paradoja: puede haber petróleo disponible y, al mismo tiempo, escasez de diésel. Se calcula que las operaciones mundiales de las refinerías disminuyeron en el segundo trimestre en unos 5,1 millones de barriles diarios respecto al mismo periodo del año anterior.

En julio, además, las exportaciones mundiales de diésel habían caído en torno a 1,3 millones de barriles diarios interanuales, una reducción que está golpeando especialmente a Europa.

Es el caso más flagrante. Los precios del diésel en las refinerías europeas rondan los 70 dólares por barril, con márgenes de refino, es decir, la diferencia entre el precio al que una refinería compra el crudo y el precio al que puede vender los productos obtenidos, que se sitúan en los 200,42 dólares, según el experto en energía Ron Bousso publica en Reuters.

Europa, especialmente vulnerable

Y en este contexto, Estados Unidos vuelve a ganar la partida a Europa.

En el caso del diésel, estos márgenes se han disparado hasta niveles extraordinarios. El diferencial de refino estadounidense, que sirve como referencia de la rentabilidad de transformar petróleo en combustibles, ha llegado incluso a superar los 100 dólares por barril, un nivel récord.

Aumento de los costes del sector del petróleo.jpg

Aumento de los costes del sector del petróleo.jpg Ron Bouse (Reuters)

El llamado diésel crack alcanzó recientemente los 102,20 dólares por barril.

El movimiento es especialmente llamativo porque el precio del crudo no ha seguido una trayectoria equivalente. El Brent llegó a alcanzar los 126 dólares por barril durante la guerra, pero posteriormente retrocedió hasta niveles cercanos a los 90-95 dólares.

Este viernes cerró en 93 dólares. Es decir, el petróleo se ha alejado de sus máximos de la guerra, pero el precio de los combustibles refinados continúa bajo una enorme presión.

Europa es especialmente vulnerable porque necesita importar grandes cantidades de diésel y porque sus reservas de destilados y queroseno se encuentran muy por debajo de los niveles habituales.

La combinación de menores importaciones, problemas de producción y dificultades logísticas está haciendo que cada barril de diésel disponible tenga un valor mucho mayor.

Y eso explica por qué el impacto sobre el consumidor puede prolongarse incluso si el precio del Brent comienza a moderarse.

Guerra en Ucrania

Además, el problema no se limita a Oriente Próximo. La guerra de Ucrania está provocando ataques contra infraestructuras petroleras rusas, reduciendo todavía más la disponibilidad internacional de productos refinados.

Rusia es uno de los grandes suministradores mundiales de diésel y sus problemas de producción tienen un efecto directo sobre el mercado europeo.

Al mismo tiempo, China, otro actor fundamental del mercado, está reduciendo sus importaciones y su actividad de refino, lo que limita todavía más la capacidad del sistema para compensar las pérdidas de producción de otras regiones.

La consecuencia es que la crisis energética está mutando de una crisis del petróleo a una crisis de los productos petrolíferos. Y eso puede ser incluso más incómodo para la economía.

El diésel no solo mueve millones de vehículos, sino también camiones, maquinaria agrícola, barcos, obras públicas y buena parte de la logística mundial. Una subida prolongada de su precio termina trasladándose al transporte y, posteriormente, a los alimentos y al conjunto de bienes y servicios.

Las refinerías dañadas necesitan reparaciones, mientras que la disponibilidad de determinados equipos y componentes limita la velocidad a la que puede recuperarse la capacidad perdida. Y las existencias de combustibles se han reducido durante los meses de conflicto.

El petróleo puede bajar, pero si el mundo no consigue recuperar suficiente capacidad para transformarlo en combustible, el alivio no llegará necesariamente al surtidor.

La guerra de Irán ha descubierto así una nueva vulnerabilidad del sistema energético mundial: no basta con tener petróleo; hay que poder refinarlo, transportarlo y convertirlo en el combustible que necesita la economía.