Sequía y bajo caudal a su paso por una central nuclear en Europa.
Las olas de calor debilitan el sistema eléctrico europeo: menos agua, menos nuclear y más gas encarecido por Ormuz
A más calor, más demanda eléctrica para la refrigeración.
Baja la producción de hidroeléctricas, nucleares y, a veces, eólicas.
Más información: Francia, Hungría y ahora Rumanía: la sequía en Europa provoca un efecto dominó de decenas de nucleares paradas
Europa afronta un verano especialmente complicado para su sistema eléctrico. Las sucesivas olas de calor y la prolongada sequía están reduciendo la disponibilidad de algunas de las principales fuentes de generación, mientras el aumento de la demanda de electricidad para refrigeración presiona todavía más los mercados.
El problema llega además en un momento especialmente delicado: el gas, necesario para cubrir parte del hueco dejado por la nuclear y la hidráulica, sigue encarecido por las tensiones geopolíticas y las dificultades asociadas al estrecho de Ormuz.
El episodio más extremo se está produciendo en Rumanía. La central nuclear de Cernavoda ha tenido que detener su último reactor operativo debido a los niveles excepcionalmente bajos del Danubio, cuya agua resulta esencial para su refrigeración.
El Gobierno rumano ha tenido que recurrir a centrales de lignito (carbón) y a otras fuentes para compensar la pérdida de producción.
Rumanía no es un caso aislado. Francia, el principal productor nuclear europeo, también está sufriendo las consecuencias del calor y la falta de agua. EDF ha tenido que reducir o detener reactores por las restricciones asociadas a los bajos caudales de los ríos Meuse y Mosela.
Más aire acondicionado
La paradoja es que precisamente cuando las temperaturas disparan el consumo de electricidad por el uso de aire acondicionado, algunas de las tecnologías que deberían aportar generación estable pierden capacidad.
La hidráulica también se resiente por los bajos niveles de agua, mientras que las centrales térmicas tienen que afrontar restricciones similares de refrigeración. Al mismo tiempo, la producción eólica puede verse afectada por episodios de poco viento asociados al exceso de calor (cuanta más temperatura menos viento).
El resultado se está trasladando directamente a los mercados eléctricos. Una nueva ola de calor provocó a comienzos de agosto subidas superiores al 20% en algunos mercados mayoristas europeos, al coincidir una mayor demanda con una oferta más limitada por las paradas nucleares y la menor producción eólica.
En este escenario, el gas vuelve a adquirir protagonismo como tecnología de respaldo. Y ahí aparece el segundo problema.
Europa necesita más gas precisamente cuando su precio está sometido a una fuerte presión por la situación en Oriente Próximo y las dificultades para transportar gas natural licuado a través de Ormuz.
El TTF, principal referencia europea, se situaba este viernes en torno a los 60 euros por megavatio hora (€/MWh) y acumulaba una subida cercana al 96% respecto a un año antes.
Las interrupciones o retrasos de los cargamentos de GNL procedentes del Golfo han vuelto a introducir una prima geopolítica en el precio del gas europeo.
En los últimos días, los futuros TTF llegaron a subir con fuerza ante la incertidumbre sobre los suministros y los problemas de navegación vinculados al estrecho de Ormuz.
El gas, el último recurso
La combinación es especialmente incómoda para Europa: más demanda eléctrica, menos agua, menor disponibilidad nuclear y un gas más caro.
Cuando desaparecen simultáneamente parte de la generación hidráulica y nuclear, los ciclos combinados se convierten en una de las principales herramientas para equilibrar el sistema, pero su coste aumenta cuando el combustible también se encarece.
La situación explica también por qué la seguridad de suministro vuelve a ganar peso en el debate energético europeo.
España acaba de prolongar hasta junio de 2030 la operación de Almaraz, una decisión que el Gobierno justifica, entre otros motivos, por la volatilidad de los precios energéticos derivada de la situación geopolítica en Oriente Próximo.
El problema no es únicamente coyuntural. Los episodios de calor extremo y sequía están demostrando que el cambio climático puede convertirse en un factor adicional de vulnerabilidad para las tecnologías que dependen del agua, incluida parte del parque nuclear europeo.
Y mientras Europa acelera la instalación de renovables, todavía necesita tecnologías gestionables capaces de cubrir los momentos en los que el sol, el viento, el agua o la nuclear no están disponibles.
Este verano deja así una advertencia para el invierno: si Europa necesita recurrir más al gas para compensar las limitaciones de otras tecnologías, cualquier nuevo sobresalto en Ormuz puede traducirse rápidamente en electricidad más cara.
La transición energética avanza, pero el sistema europeo todavía conserva una dependencia considerable de un combustible cuyo precio se decide cada vez más lejos de sus fronteras.