Sequía y bajo caudal a su paso por una central nuclear en Europa.

Sequía y bajo caudal a su paso por una central nuclear en Europa. Invertia

Observatorio de la Energía

Francia, Hungría y ahora Rumanía: la sequía en Europa provoca un efecto dominó de decenas de nucleares paradas

El 20,4% de la capacidad nuclear francesa está indisponible, récord histórico.

Las restricciones se deben al bajo caudal y/o elevada temperatura de los ríos.

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Las claves

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La sequía y las altas temperaturas en Europa han obligado a Francia, Hungría y Rumanía a reducir o detener la actividad de varias centrales nucleares por falta de agua para refrigeración.

En Rumanía, la central de Cernavoda, responsable del 20% de la electricidad nacional, podría cerrar totalmente debido al descenso histórico del caudal del Danubio.

Hungría y Francia también sufren restricciones: en Hungría, la central de Paks ha operado al 10% de su capacidad, y en Francia, 13 de 57 reactores están afectados por limitaciones ambientales.

España permanece al margen de esta crisis gracias a sistemas de refrigeración adaptados, como el de la central de Almaraz, que le permiten operar durante olas de calor.

La reducción histórica de los caudales de los grandes ríos y las altas temperaturas en Europa obliga a reducir o detener reactores nucleares al no poder garantizarse la refrigeración de las instalaciones.

Por el momento, el país con más nucleares de la UE, Francia, y dos por donde transcurre el río Danubio, Hungría y Rumanía están sufriendo estas paradas o reducciones de potencia en sus centrales nucleares.

El caso más grave se encuentra actualmente en Rumanía, donde la central nuclear de Cernavoda, que aporta alrededor del 20% de la electricidad del país, podría cerrar este mismo jueves 13 de agosto, su último reactor en funcionamiento, debido al continuo descenso del nivel del río Danubio.

El operador Nuclearelectrica ya desconectó uno de sus dos reactores a finales de julio porque el Danubio ha llegado a registrar un caudal de apenas 1.370 metros cúbicos por segundo, un mínimo histórico y aproximadamente un tercio de lo habitual para el mes de agosto.

El río es imprescindible para los sistemas de refrigeración de Cernavoda, como ocurre con la mayoría de las centrales nucleares de Francia.

Por su parte, las autoridades rumanas llevan días intentando ganar tiempo.

Primero recurrieron a la voladura controlada de obstáculos rocosos del cauce; posteriormente dragaron determinadas zonas y colocaron barcazas cargadas de piedras para modificar el flujo del agua y dirigirlo hacia las tomas de refrigeración de la central.

La operación consiguió prolongar durante algunos días el funcionamiento del reactor que permanecía activo, pero las previsiones hidrológicas siguen siendo negativas.

El Gobierno ha llegado a declarar una alerta energética para agosto y ha pedido a los consumidores reducir voluntariamente su consumo durante las horas punta.

El cierre de los dos reactores obligaría además a Rumanía a incrementar sus importaciones eléctricas en un momento en el que otros países de la región también están sufriendo las consecuencias de la sequía.

Cierres en Hungría

Aguas arriba, Hungría se enfrenta a un problema similar en la central nuclear de Paks, la única instalación atómica del país. Los cuatro reactores de la planta suman unos 2.000 MW y producen habitualmente una parte sustancial de la electricidad húngara.

También tiene su causa en el nivel extraordinariamente bajo del Danubio.

La situación llegó a provocar la parada de uno de los cuatro reactores y, según la información publicada esta semana, la central ha llegado a operar a poco más del 10% de su capacidad, amenazando con un cierre completo por primera vez en sus 44 años de historia.

La respuesta de Budapest es especialmente llamativa.

El Gobierno ha anunciado que intervendrá directamente sobre el cauce del Danubio para elevar el nivel del agua junto a la central. Está prevista la construcción de un azud o barrera en el lecho del río utilizando unos 145.000 metros cúbicos de roca, con el objetivo de elevar el nivel del agua hasta 1,2 metros.

También se estudia hundir dos grandes barcazas para incrementar todavía más el nivel en las proximidades de las bombas de refrigeración.

El problema ha comenzado, no obstante, a aliviarse ligeramente. El nivel del Danubio en Paks ha recuperado unos 19 centímetros respecto al mínimo anterior, lo que permitió volver a poner en marcha una de las turbinas de la central. Pero las autoridades siguen considerando crítica la situación.

Francia, sin un quinto de su nuclear

El problema no se limita al Danubio. Francia, el país europeo más dependiente de la energía nuclear, ha alcanzado esta semana un récord de reactores afectados por las condiciones ambientales.

Trece de los 57 reactores franceses se encuentran afectados por restricciones relacionadas con las condiciones meteorológicas y ambientales.

Ocho están completamente parados y otros cinco funcionan con potencia reducida. En conjunto, alrededor del 20% de la capacidad nuclear francesa está indisponible o limitada.

En Francia confluyen dos problemas diferentes. Por un lado, la sequía y los bajos caudales de los ríos reducen la capacidad de determinadas centrales para utilizar agua para refrigeración sin incumplir las restricciones medioambientales.

Por otro, las elevadas temperaturas de los ríos hacen que devolver al cauce agua caliente procedente de las centrales resulte más problemático.

A este cóctel se ha añadido un fenómeno mucho más insólito: las medusas. Varios reactores de la central de Gravelines, en el norte del país, han sufrido problemas derivados de la entrada masiva de estos organismos en los sistemas de toma de agua.

La situación supone una evolución considerable respecto a mediados de julio, cuando EDF, la eléctrica estatal francesa propietaria de la capacidad nuclear del país, ya había tenido que detener tres reactores —Golfech 2, Bugey 3 y Chooz 2— y reducir la potencia de otros. Desde entonces, el número de unidades afectadas ha seguido aumentando.

España, al margen

El episodio europeo contrasta con la situación de España, porque las centrales españolas cuentan con sistemas de refrigeración adaptados a las elevadas temperaturas estivales y, en varios casos, con torres de refrigeración o sistemas que reducen su dependencia de las condiciones instantáneas de los ríos.

La propia industria nuclear española ha destacado en episodios anteriores la capacidad del parque para operar durante olas de calor.

El contraste resulta especialmente significativo en el caso de Almaraz, en Extremadura, cuyo sistema de refrigeración está asociado al embalse de Arrocampo.

La energía nuclear suele considerarse una tecnología especialmente valiosa durante las olas de calor porque permite producir electricidad de forma continua y sin emisiones directas de CO2.

Sin embargo, una parte importante de las centrales europeas depende de grandes cantidades de agua para evacuar el calor residual.

La cuestión que plantea el episodio va más allá del verano de 2026: si los periodos de calor extremo, sequía y bajos caudales se vuelven más frecuentes, la disponibilidad de agua puede convertirse en un factor cada vez más determinante para la seguridad y la planificación de la generación nuclear europea.