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Observatorio de la Energía

El gas escala por encima de los 60 euros: miedo a la escasez en invierno, parón en Noruega e inestabilidad en Ormuz

Los almacenes de gas en España se encuentran al 72,5% de su capacidad.

En Europa, ese porcentaje cae al 58%, su menor nivel desde hace 20 años.

Más información: Argelia copa el 41,7% del gas llegado a España en julio y se afianza como primer suministrador del país

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Las claves

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El precio del gas en Europa supera los 60 euros/MWh por temor a escasez en invierno, parón en Noruega e inestabilidad en el estrecho de Ormuz.

Los almacenamientos de gas en Europa están en su nivel más bajo en casi 20 años, con una media del 58,8% de llenado.

La reducción de la producción noruega y la menor llegada de gas natural licuado, especialmente desde Qatar, aumentan la competencia por el suministro con Asia.

Aunque la demanda europea de gas ha caído por el auge de renovables y eficiencia, la volatilidad persiste y el mercado sigue muy sensible a cualquier noticia negativa.

En los últimos años, no hay verano que no salten las alarmas con subidas inusuales del precio del gas en Europa. Y en esta ocasión no iba a ser diferente. El índice de referencia, el TTF holandés, ha vuelto a situarse por encima de los 60 euros/MWh (megavatio hora).

Vuelve a la casilla de salida si se toma como referencia a los niveles registrados durante el repunte de marzo, con los ataques entre EEUU e Irán y el comienzo del cierre del estrecho de Ormuz.

El mercado mira ya más allá del calor del verano y centra su atención en la próxima temporada de calefacción, marcada por unas reservas inferiores a las habituales, la limitada llegada de gas natural licuado —GNL— y la persistencia de la inestabilidad en Oriente Próximo.

"A 10 de agosto, los almacenamientos subterráneos en Europa se encuentran, de media, en el 58,8%, sus niveles más bajos desde hace casi 20 años", señalan fuentes del mercado gasista a EL ESPAÑOL-Invertia.

"La situación en España es algo mejor, con el 72,5% de capacidad de llenado, pero el precio en el MIBGAS (mercado ibérico del gas) sigue acoplado a los precios en Países Bajos, así que también marca por encima de los 60 euros/MWh".

Y eso tiene una repercusión directa en el precio de la electricidad. Y no solo en el mercado mayorista, que marca en los horarios pico, entre las 20 y las 23 horas, donde se dispara más demanda y desciende bruscamente la producción fotovoltaica, hasta los 250 euros/MWh.

También repercute en el coste de la "operación reforzada" que activó Red Eléctrica (REE), el operador del sistema, con una mayor aportación de los ciclos combinados (gas) para aportar firmeza al sistema.

Producción en Noruega

A esta tensión se suma el parón temporal de parte de la producción gasista noruega, un factor que reduce la holgura del sistema europeo en un momento en el que las inyecciones en los almacenamientos avanzan por debajo de las normas estacionales.

La anglo-holandesa Shell ha reducido la producción en el yacimiento de gas noruego de Ormen Lange en torno a un 40% después de que problemas técnicos obligaran a desconectar una de las dos estaciones compresoras submarinas del yacimiento.

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Según Gassco, operador noruego de infraestructuras de gas, la interrupción, que inicialmente se esperaba que terminara en octubre, se ha extendido hasta el 1 de febrero de 2027.

"Estamos trabajando para solucionar los problemas técnicos que hemos tenido con algunos de los compresores", dijo un portavoz de Shell, y agregó que se están realizando esfuerzos para restablecer la producción normal lo antes posible.

Ormen Lange suministra gas a Europa a través de la planta de procesamiento de Nyhamna y el gasoducto Langeled, lo que hace que la prolongada interrupción del suministro sea especialmente significativa.

El resultado es un mercado especialmente sensible a cualquier noticia relacionada con la oferta. La memoria del shock energético de 2022 permanece intacta y vuelve a alimentar compras preventivas, pese a que las condiciones actuales son diferentes a las de aquel año.

Incertidumbre en Ormuz

También alimenta esta volatilidad en los precios la falta de rutas alternativas para transportar el gas de Oriente Próximo. Mientras las exportaciones de petróleo de la región se han recuperado parcialmente, las de gas continúan muy condicionadas por la interrupción del tráfico a través del estrecho de Ormuz.

El balance gasista europeo se está ajustando. Las previsiones apuntan a que las reservas podrían situarse entre un 10% y un 15% por debajo de los niveles del año anterior el próximo 31 de octubre, coincidiendo con el inicio de la temporada de calefacción, según análisis del trader ambiental Vertis.

Evolución de los precios del gas

Evolución de los precios del gas ICIS

Además, a la limitada disponibilidad de GNL, se une la creciente competencia de los compradores asiáticos.

El déficit puede tener como causa principal las pérdidas de suministro procedentes de Qatar, uno de los grandes proveedores internacionales de gas licuado. La menor disponibilidad de cargamentos qataríes ha obligado a Europa a competir con Asia por un volumen más reducido de oferta flexible.

El escenario más delicado

La consultora británica ICIS (Independent Commodity Intelligence Services) ha analizado las consecuencias de que Europa no alcance su objetivo revisado de almacenamiento del 80% en noviembre.

"Si el ritmo débil de inyección observado durante el segundo trimestre de 2026 se prolonga durante el tercero, las reservas podrían llegar a noviembre en torno al 75% de su capacidad, cinco puntos por debajo del objetivo".

En ese escenario, los inventarios caerían hasta aproximadamente el 25% al final del invierno. Si además la temporada fuese fría, el nivel podría descender hasta el 22%, elevando de forma significativa los riesgos para la seguridad de suministro, señalan.

Las consecuencias no se limitarían al invierno 2026/27. Un nivel de almacenamiento más bajo reduciría la necesidad de reposición inmediata durante 2026, pero aumentaría las importaciones de GNL requeridas durante la campaña de inyección de 2027.

De este modo, la tensión del mercado podría desplazarse hacia el año siguiente en lugar de desaparecer.

La demanda europea pierde fuerza

Pese al deterioro del balance de oferta, varios factores apuntan a que el consumo europeo de gas seguirá contenido. La demanda se ha reducido estructuralmente por la expansión de las energías renovables, las mejoras de eficiencia y la pérdida de capacidad industrial y manufacturera en algunos países europeos.

Las previsiones de ICIS apuntan a que el consumo de gas en Europa se estabilizará este año como consecuencia de los precios elevados. La generación eléctrica con gas continúa perdiendo espacio frente a las renovables y, en determinados mercados, frente al carbón.

La expansión de la energía solar, el almacenamiento en baterías y otras tecnologías de flexibilidad también está reduciendo la necesidad de recurrir a las centrales de ciclo combinado para cubrir determinados periodos de demanda.

Este descenso del consumo cambia la lectura de las reservas. En términos absolutos, los almacenamientos están más vacíos que en años anteriores, pero si se ajusta la comparación a la menor demanda, la situación deja de encontrarse en el extremo inferior del rango de los últimos diez años y se aproxima más a la media.

2026 no es 2022

Para Norbert Rücker, responsable de Economía e Investigación de Nueva Generación del banco suizo Julius Baer, las amenazas sobre el suministro parecen limitadas y los precios actuales del gas europeo resultan demasiado elevados.

La firma mantiene una visión cautelosa desde finales de julio, aunque descarta por ahora adoptar una posición corta debido a la elevada sensibilidad del mercado a cualquier noticia negativa.

Las previsiones meteorológicas de largo plazo apuntan, de momento, a un invierno relativamente suave y ventoso. Un escenario de estas características reduciría el consumo de gas para calefacción y generación eléctrica.

Eso no elimina la posibilidad de episodios puntuales de frío, habituales en cualquier temporada invernal, pero sí limita el riesgo de un deterioro sostenido de la demanda.

La principal conclusión de Julius Baer es que 2026 no es 2022. Europa cuenta ahora con una demanda más baja, una mayor capacidad de importación y una oferta internacional que sigue ampliándose.

Sin embargo, el mercado ha aprendido también que la seguridad energética tiene un precio: cuando los precios suben, atraen cargamentos y garantizan suministros adicionales.