Fotomontaje de una factura de la luz con el fondo de unas redes de alta tensión.

Fotomontaje de una factura de la luz con el fondo de unas redes de alta tensión. Invertia

Observatorio de la Energía

La caída de Holaluz desata una 'caza de brujas' entre eléctricas que captan clientes con precios bajos

Las comercializadoras de luz pagan la electricidad antes de venderla.

Cuantos más clientes se suman, más se tensiona su tesorería.

Más información: Golpe de gracia a Holaluz: su inhabilitación como comercializadora le lleva al borde de su desaparición

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Las claves

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La crisis de liquidez de Holaluz ha desencadenado una 'caza de brujas' en el sector de comercializadoras de electricidad en España.

Las campañas agresivas para captar clientes generan estrés financiero, ya que las comercializadoras deben adelantar pagos y garantías antes de cobrar a los usuarios.

Varias empresas, como Holaluz, Energya VM, Ham Power e Ignis Electricidad y Gas, han sido inhabilitadas o están en proceso debido a su incapacidad para sostener el crecimiento y cumplir con las exigencias financieras.

Las comercializadoras independientes que más crecen, como Octopus Energy y MasMóvil, dependen del respaldo financiero de sus matrices para evitar problemas de liquidez y mantenerse en el mercado.

La crisis de liquidez ha puesto la puntilla a la comercializadora independiente Holaluz. Pero el inicio de su inhabilitación ha desatado una 'caza de brujas' en el sector de la venta de electricidad en España.

La desconfianza entre los actores del mercado se ha multiplicado en un escenario donde la captación masiva de clientes se ha convertido en una arma de doble filo: cuanta más cuota ganan en un tiempo récord, mayor es el estrés financiero que sufren.

"El fondo del problema reside en la estructura de caja del mercado minorista eléctrico, se crean tensiones de tesorería porque lanzan agresivas campañas comerciales para multiplicar rápidamente el número de clientes y eso necesita, a la vez, multiplicar la capacidad financiera", señalan fuentes del sector a EL ESPAÑOL-Invertia.

Las comercializadoras están obligadas a comprar y pagar la electricidad de sus clientes por adelantado en el mercado mayorista, en el OMIE (Operador del Mercado Ibérico de Energía) y abonar los peajes correspondientes a las redes de distribución antes de cobrar las facturas mensuales a los usuarios finales.

Además, deben depositar garantías en OMIE, esto es, depositar avales bancarios o depósitos en efectivo en función del volumen de compra de energía estimado y garantías de operación en REE (Red Eléctrica) requeridas para cubrir los desvíos del sistema de programación.

"Si detrás de esa comercializadora no hay un grupo energético que puede aguantar ese crecimiento meteórico, o te avalan la deuda o te caes con todo el equipo", añaden las mismas fuentes.

En el caso de Holaluz, justo antes de suspenderla de cotización en el BME Growth, con una capitalización bursátil de unos 27 millones frente a una deuda neta de alrededor de 42 millones, se podría concluir que su deuda neta equivale a aproximadamente 1,55 veces el valor de mercado de todo el capital de la compañía.

Impagos y deuda

Este desfase de tesorería provoca una paradoja peligrosa: cada nuevo cliente captado no aporta liquidez inmediata, sino que exige financiación anticipada. Si no se compra electricidad durante al menos seis meses, es un síntoma claro de incapacidad de mantener los avales y las exigencias operativas.

La empresa que tiene una política agresiva de crecimiento debe contar con un importante respaldo financiero o una matriz con músculo para sostener ese capital de trabajo, si no puede terminar en inhabilitación.

Eso es lo que les ha pasado a comercializadoras tan conocidas como Energya VM Generación (del Grupo Villar Mir) o Ham Power, del holding empresarial de la conocida familia industrial catalana Muntada, según publica el BOE.

También está en proceso de inhabilitación Ignis Electricidad y Gas, la filial del Grupo Ignis, el gigante del sector renovable que suma ya 8 GW de cartera en operación. Otras comercializadoras menos conocidas también proceden de desarrolladores de parques fotovoltaicos o del negocio energético.

Otra que también aparece en la lista es Société Européenne de Gestion de l'Energie (también conocida por sus siglas, SEGE), filial propiedad al 100% de la multinacional francesa Air Liquide, el gigante mundial de los gases industriales.

La más llamativa es RDG Comercializadora Galega de Enerxía, propiedad de Sociedade para o Aproveitamento Sostible de Recursos, la sociedad instrumental detrás de la empresa público-privada Recursos de Galicia (RDG), para el desarrollo de parques eólicos.

Por último, también están dos comercializadoras Uranoscopidae, del holding internacional suizo MET Sales and Trading Holding.

Ranking de las 'meteóricas'

De las que siguen en la carrera por captar clientes, según la evolución por trimestres desde 2021 publicado por la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia), la que aprieta el acelerador es Octopus Energy.

En tan solo cuatro años ha pasado de tener 8.000 clientes a 391.000. El coste de esa estrategia agresiva se ha traducido en un agujero de 26,6 millones de euros en pérdidas (un 164% más que en el ejercicio previo), obligando a la filial española a recurrir al auxilio financiero de su matriz británica para respaldar sus operaciones.

Tanto es así que ya está en el primer puesto de las comercializadoras independientes en número de puntos de suministro. Detrás, y con un crecimiento más sosegado, está Feníe Energía, así como Eni en el tercer puesto.

Le sigue MasMóvil, de la francesa de telecomunicaciones Orange. En los mismos años, ha triplicado su volumen (de 125.000 a 340.000 clientes). FactorEnergía sigue la estela del incremento moderado en el quinto puesto (258.000 clientes), como la que le sigue en ranking, Audax (de 157.000 a 168.000), de José Elías.

Holaluz se ha despeñado hasta la séptima posición, desde los casi 300.000 del año 2022 a los 140.000 actuales, y después están SomEnergía (119.000), Gesternova (con 100.000 clientes) y Bonpreu (64.000), del grupo de distribución alimentaria catalán Grupo Bon Preu.

No hay duda de que las grandes corporaciones integradas (que combinan generación propia con comercialización) consiguen absorber el impacto imprevisto de los costes mayoristas.

Pero las comercializadoras independientes deben elegir entre dos caminos: frenar su ritmo de crecimiento para cuidar la tesorería o depender de inyecciones continuas de capital de sus socios para evitar el destino de los operadores que están quedando fuera del terreno de juego.