Verónica Rivière, presidenta de GasIndustrial, en el videopodcast de Corriente Continua de El Español.

Verónica Rivière, presidenta de GasIndustrial, en el videopodcast de Corriente Continua de El Español. Invertia

Observatorio de la Energía

Videopodcast: GasIndustrial advierte sobre las cuotas de biometano, "sin mercado, los precios se dispararán"

El biometano ha encendido las alarmas en el sector industrial gasintensivo.

Verónica Rivière: "Se crea una demanda artificial sin apenas oferta disponible".

Más información: La industria gasintensiva dice que pierde competitividad por los precios de la energía y hay riesgo de deslocalización

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Las claves

Las claves

La industria gasintensiva alerta que imponer cuotas obligatorias de biometano sin un mercado desarrollado podría disparar los precios y afectar la competitividad.

El modelo español exige consumir biometano a partir de 2028, pese a la oferta limitada y retrasos en la construcción de plantas, a diferencia de países como Francia que primero impulsaron la producción.

El sector reclama ajustar el calendario, crear primero la oferta y establecer mecanismos de apoyo para proteger a la industria, similar a lo hecho en otros países europeos.

Las exigencias regulatorias, como garantías de origen renovable, pueden restringir aún más la oferta y limitar el impacto real en la descarbonización industrial.

El biometano se abre paso en el debate energético español como una de las palancas para la descarbonización industrial, pero su desarrollo aún incipiente y el diseño regulatorio planteado por el Gobierno han encendido las alarmas en la industria gasintensiva.

La imposición de cuotas obligatorias de consumo a partir de 2028, en un contexto de oferta limitada, amenaza con tensionar los precios y erosionar la competitividad.

Así lo advierte Verónica Rivière, presidenta de GasIndustrial, la patronal que agrupa a las industrias gasintensivas, quien sostiene que el principal problema no es el vector en sí, sino el orden en el que se está impulsando su despliegue, en el videopodcast de Corriente Continua de EL ESPAÑOL.

“El biometano es una solución positiva para la industria, especialmente en procesos difíciles de electrificar, pero el real decreto crea una demanda artificial cuando aún no existe mercado”, explica.

España cuenta con un potencial teórico relevante. Algunos estudios lo sitúan en torno a los 163 TWh anuales.

Sin embargo, ese volumen dista de ser íntegramente aprovechable para inyección en red. Parte de los recursos, como cultivos energéticos o biomasa forestal, podrían destinarse a otros usos, mientras que una proporción significativa de residuos se quedaría en autoconsumo industrial en forma de biogás, dice Rivière.

“Un potencial teórico no significa disponibilidad real”, subraya la responsable de GasIndustrial.

A ello se suman los cuellos de botella regulatorios y el retraso en la construcción de plantas, que impiden, por ahora, consolidar una oferta suficiente.

Cuotas sin oferta

El núcleo de la polémica radica en la obligación de incorporar biometano en el consumo de gas. La norma prevé una senda creciente de cuotas a partir de 2028 que afectará a todos los consumidores: industria, pymes y hogares.

Para la patronal gasintensiva, el riesgo es evidente.

Si impones demanda en un mercado sin oferta, los precios se disparan”, advierte. Actualmente, el biometano en Europa puede triplicar el precio del gas natural, lo que, en un contexto de competencia internacional, agrava la presión sobre sectores donde la energía representa hasta el 85% de los costes.

El problema se acentúa por la falta de referencias de mercado. No existe una cotización clara del biometano en España, lo que, unido a un número reducido de productores, podría derivar en un mercado poco transparente y con escaso poder de negociación para los consumidores.

Un modelo distinto al europeo

La industria compara el modelo español con el de países como Francia, donde el despliegue se ha basado en una lógica inversa: primero impulsar la oferta y luego estructurar la demanda.

Francia cuenta con unas 800 plantas, en su mayoría pequeñas instalaciones ligadas al sector agrícola, que han permitido construir un mercado progresivo durante más de una década. En España, en cambio, el desarrollo previsto se apoya en menos plantas, pero de mayor tamaño, con un enfoque más industrial que agrícola.

“En Europa se ha creado primero el mercado; aquí se está haciendo al revés”, resume la presidenta de GasIndustrial.

Además, países como Italia o Francia han acompañado el desarrollo con mecanismos de apoyo, como contratos por diferencias o subastas, que amortiguan el sobrecoste tanto para productores como para consumidores industriales. Según el sector, este tipo de políticas industriales brillan por su ausencia en el modelo español.

Garantías de origen

El diseño regulatorio incorpora también elementos que, según la industria, podrían restringir aún más la oferta. Entre ellos, la exigencia de garantías de origen renovable y un sello de excelencia nacional.

“Estos requisitos reducen el número de actores disponibles y hacen el mercado aún más cautivo”. Además, las garantías de origen, tal como están planteadas, no permiten computar reducciones de CO2, lo que limita su utilidad desde el punto de vista de descarbonización.

El contexto de precios energéticos agrava la preocupación. Con el gas natural en torno a los 40 euros/MWh —muy por encima de mercados como el estadounidense—, la industria ya ha reducido su consumo en torno a un 25% respecto a niveles previos a la crisis energética.

“No es eficiencia ni electrificación; es pérdida de competitividad”, apunta Rivière. La introducción de un vector con precios potencialmente superiores a los 100 €/MWh podría acelerar este proceso y favorecer la deslocalización.

Qué pide la industria

El mensaje al regulador es claro: ajustar el calendario a la realidad del mercado y acompañar el despliegue con políticas industriales.

Por eso propone que se evalúe la disponibilidad real de biometano antes de fijar cuotas, que se impulse primero la construcción de plantas y la creación de mercado o que se proteja a la industria gasintensiva con mecanismos de apoyo similares a los de otros países europeos.

También que se garantice la calidad del suministro y su impacto en procesos industriales sensibles. “El biometano debe ser un ‘win-win’, pero para eso hay que hacer bien las cosas”, concluye Rivière.

Mientras tanto, el sector observa con cautela una regulación que podría marcar el futuro de uno de los vectores clave en la transición energética, pero cuyo éxito dependerá, en gran medida, de cómo se gestione su aterrizaje en el mercado real.