Fotomontaje de Donald Trump, presidente de EEUU, Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Sanae Takaichi, primera ministra de Japón, con un fondo informativo de materias primas críticas.

Fotomontaje de Donald Trump, presidente de EEUU, Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Sanae Takaichi, primera ministra de Japón, con un fondo informativo de materias primas críticas. Invertia

Observatorio de la Energía

Trump extiende sus tentáculos en Rusia y Japón para competir por el control que tiene China en el refino de materias primas

Construir una nueva planta de procesamiento de tierras raras en EEUU requiere cientos de millones de dólares y genera conflictos medioambientales.

Más información: China quiere abrir una 'ruta de la seda' hacia Europa sólo de tierras raras en respuesta a los ataques comerciales de Trump

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Las claves

Trump busca contrarrestar el dominio chino en el refino de materias primas aliándose con Rusia y atrayendo inversiones de Japón.

Estados Unidos y Japón han acordado inversiones por 36.000 millones de dólares en proyectos de petróleo, gas y minerales críticos en territorio estadounidense.

La estrategia de Trump, llamada 'energy dominance', apunta a fortalecer la producción, procesamiento y exportación estadounidense de hidrocarburos y minerales estratégicos.

China sigue controlando el 90% de la industria global de procesamiento de minerales críticos, gracias a décadas de inversión y desarrollo tecnológico.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China está lejos de fumar la pipa de la paz. El plan del presidente estadounidense, Donald Trump, es atacar directamente al punto neurálgico de control del gigante asiático sobre el comercio mundial: el procesamiento o refino de materias primas.

Y para ello, está mirando a Rusia y a Japón. Al primero como aliado geopolítico y al segundo como gran cliente e inversor en la cadena energética y de materias primas de EEUU.

"No sólo es el control del mercado internacional del petróleo o del GNL (gas natural licuado), para Trump el principal problema es que China tiene casi el monopolio mundial de esta industria, parte imprescindible de la cadena de valor de las nuevas tecnologías", explican fuentes del sector minero a EL ESPAÑOL-Invertia.

"Y para muestra un botón: cuando China paró la exportación de tierras raras en abril de este año pasado, se encendieron las luces de alarma en todo el mundo", añaden.

En diciembre pasado, Trump anunció que para la paz en Ucrania quería no sólo restaurar los flujos de energía rusa a Europa y la perforación petrolera en el Ártico, sino una importante inversión estadounidense en tierras raras y en desarrollar una industria de refino y procesamiento en territorio ruso pero de capital estadounidense.

Y hace una semana, EEUU convencía a Japón para que invirtiera en proyectos estadounidenses de petróleo, plantas de gas y minerales críticos por un valor aproximado de 36.000 millones de dólares (unos 30.000 millones de euros).

En esto último, el objetivo es crear una instalación de grano de diamante sintético en Georgia, en la que Japón invertirá unos 600 millones de dólares.

El proyecto será operado por Element Six, parte de De Beers Group, la empresa de diamantes líder en el mundo.

“Japón aporta el capital”, dijo entonces Howard Lutnick, secretario de Comercio de Trump. “La infraestructura se construye en Estados Unidos. Los ingresos se estructuran para que Japón obtenga su rentabilidad y Estados Unidos obtenga activos estratégicos, una mayor capacidad industrial y un mayor dominio energético”.

'Energy dominance'

La estrategia de Trump se articula alrededor de la “energy dominance”: aumentar de forma agresiva la producción y exportación de hidrocarburos, así como la tecnología nuclear estadounidenses y la industria de las materias primas, y usar esa posición como herramienta de presión comercial y geopolítica.

"El control chino sobre los minerales críticos es sólo la superficie", señala a EL ESPAÑOL-Invertia José Parejo, socio fundador de José Parejo & Asociados, firma boutique de análisis geopolítico e inteligencia estratégica.

"El verdadero poder no está en la mina, sino en la planta de procesamiento. China ha construido durante dos décadas un monopolio operativo, no sólo geográfico, que integra logística, refino y colocación estratégica de excedentes en mercados sensibles para condicionar precios y ritmos de suministro", sostiene.

Muchas materias críticas no provienen directamente de las minas, sino que son subproductos de otras industrias. Por ejemplo, el galio y el germanio sólo aparecen en trazas en bauxita (mineral de aluminio) o zinc.

No existe una "mina de galio" como tal, sino que se captura durante la producción de aluminio. De manera similar, el germanio se obtiene como subproducto del refinado de zinc.

La mayor parte del suministro mundial de algunas sustancias y de ciertas tierras raras se produce como subproductos del procesamiento de aluminio, cobre, plomo y zinc.

El 'Proyecto Bóveda'

La carrera global por la supremacía tecnológica gira en torno al cobalto, el litio, las tierras raras y el coltán, los minerales que hacen posible todo, desde las baterías de vehículos eléctricos hasta los semiconductores y los sistemas de inteligencia artificial.

Pero simplemente aumentar las reservas de materias primas hará poco para reducir la dependencia de China; las complejas técnicas de procesamiento siguen estando dominadas por Pekín y así seguirán en un futuro previsible, según las mismas fuentes.

En la práctica, la electrónica occidental sigue dependiendo de minerales y componentes cuyos procesos de refinamiento y valor añadido sólo los conoce "y muy bien" la industria china.

De todos modos, Trump no se rinde y ha lanzado el Proyecto Bóveda. Con un presupuesto de 12.000 millones de dólares (más de 10.000 millones de euros), representa la mayor iniciativa estratégica de adquisición de minerales en la historia de Estados Unidos.

La iniciativa se centra en conseguir 44 minerales críticos con el objetivo de establecer un colchón de suministro estratégico de 60 días para los consumidores industriales estadounidenses, y para ello, debe dar un paso más allá, a la industria de procesamiento.

Porque, a día de hoy, las operaciones mineras estadounidenses producen varios productos básicos clave a nivel nacional, pero estos materiales finalmente deben exportarse para su procesamiento, principalmente a plantas de separación y refinamiento chinas, que hacen mejor ese trabajo.

Poderío chino

¿Por qué ni EEUU ni Europa pueden hacer sombra a la industria del procesamiento controlada en un 90% por China? El gigante asiático ha invertido décadas en el desarrollo de una infraestructura de separación especializada capaz de aislar elementos de tierras raras individuales de concentrados de minerales mixtos, por ejemplo.

De hecho, sus industrias cuentan con equipos sofisticados de procesamiento químico para la separación elemento por elemento, una experiencia técnica especializada desarrollada a lo largo de múltiples ciclos industriales, una importante inversión de capital en sistemas de gestión ambiental y cadenas de suministro integradas que conectan las operaciones de minería, procesamiento y fabricación.