Una persona utiliza su teléfono móvil como linterna.

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Observatorio de la Energía

El Senado arroja luz sobre el apagón

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El pasado 28 de abril España se quedó a oscuras durante unas horas. Más de seis meses después, la Comisión de Investigación en el Senado sigue encendiendo luces sobre lo ocurrido.

Cada comparecencia apunta responsabilidades en la misma dirección: Red Eléctrica de España (REE).

En los últimos días los consejeros delegados de Endesa e Iberdrola pasaron por allí. No levantaron la voz, no hicieron aspavientos, pero dejaron una idea cristalina: las compañías generadoras cumplieron con las instrucciones recibidas y operaron conforme a los procedimientos vigentes.

Es decir, si hubo fallo sistémico, no estuvo en la voluntad de colaborar de las empresas generadoras. Estuvo en la coordinación y la planificación del operador del sistema, ese fue el titular que todos los medios recogieron.

Ese fue el titular y otro sobre una consecuencia del apagón: la operación reforzada del sistema. Solo esta adjetivación ya prejuzga e interpela otra: ¿existía una operación "debilitada" y se era consciente de ella?

Las compañías generadoras cumplieron con las instrucciones recibidas y operaron conforme a los procedimientos vigentes

Conviene recordar que REE no es un actor más en el mercado. REE es el árbitro, el director de orquesta y, llegado el caso, el responsable principal de que la música no se detenga.

La Ley del Sector Eléctrico no deja lugar a dudas, como gestor de la red de transporte y operador del sistema, "tiene la obligación de garantizar la continuidad y seguridad del suministro”, mantener el equilibrio instantáneo entre generación y demanda, y preservar la integridad de la red. No es una sugerencia. Es su mandato legal. Palabra de ley.

El Real Decreto 1183/2020 y la normativa técnica complementaria refuerzan ese papel de planificación, supervisión, coordinación de maniobras, gestión de restricciones técnicas, activación de servicios de ajuste.

REE no es un espectador, es el único con visión completa del sistema y con autoridad para dar órdenes vinculantes. Si el sistema cae, el gestor único no debiera mirar al "tendido” eléctrico y preguntar quién ha sido.

En la Comisión del Senado se está dibujando un retrato cada vez más incómodo. Los comparecientes técnicos han descrito tensiones en la red, desajustes en cascada y decisiones sobre la que posiblemente tendrán que ser los tribunales los que tengan la última palabra.

Y cuando se pregunten quién tenía toda la información agregada y la capacidad de actuar preventivamente, la respuesta volverá a ser la misma.

REE no es un espectador, Es el único con visión completa del sistema y con autoridad para dar órdenes vinculantes

Por ello, cuando se invoca el "dejà vu” de la complejidad, se alude a factores externos, causas multifactoriales, se habla de "circunstancias concurrentes” no deja de ser una forma de ganar tiempo para que el relato más evidente se imponga.

Todo menos asumir que quien ostenta el mando también asume el resultado.

Los CEO de Endesa e Iberdrola, los últimos comparecientes, fueron especialmente claros en un punto. El operador del sistema es quien valida y autoriza las maniobras críticas y quien dispone de los mecanismos para evitar que una incidencia puntual se convierta en un apagón generalizado.

Por tanto, es endeble la argumentación de "aún no se sabe” que sostienen aquellos que se muestran cómodos en el terreno de la orfandad de las responsabilidades.

Se sabe perfectamente cómo funciona y quién tiene por mandato el papel de operador único del sistema, con todas las herramientas a su disposición y todas las empresas a su servicio. No se trata de buscar un chivo expiatorio, sino de entender cómo funciona el diseño del sistema eléctrico español.

España decidió que su sistema eléctrico necesitaba un cerebro único para evitar la fragmentación y el caos. Ese cerebro es REE. Pero cuando el sistema se apaga, no basta con recordar que el cuerpo es complejo. Hay que preguntarse si el cerebro reaccionó a tiempo.

Porque en un sistema centralizado, la ventaja es la coordinación. Y el precio es la responsabilidad. Y eso, guste o no, apunta siempre al mismo sitio.