El presidente de Globalia, Juan José Hidalgo.

El presidente de Globalia, Juan José Hidalgo. Leonardo Muñoz Efe

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Hidalgo admite ante el juez que su jugada contra Barceló fue “una locura"

El presidente de Globalia reconoce que fue “un mal negocio” la compra de Orizonia, adelantándose a su archirrival y su filial hotelera.

14 enero, 2017 01:18

Era un bien preciado por dos de los gigantes del sector turístico español. La adquisición de Orizona daría el cetro al grupo Barceló como la principal compañía y adelantaría por la derecha a su máximo rival, Globalia. Pero su presidente, Juan José Hidalgo, no iba a permitirlo. El directivo decidió ‘in extremis’ sacar la chequera y adquirir a su competidora Orizonia. Era el mes de diciembre de 2012. Ahora, cuatro años después, Hidalgo ha reconocido ante el juez que la operación fue “un mal negocio”.

Orizonia no pasaba por un buen momento económico. La presión de su deuda, que llegó a ascender a 640 millones de euros, era muy fuerte. Pero sus activos eran un ‘caramelo’ para los dos grandes competidores. En 2011 había facturado 2.500 millones de euros y contaba con 8 millones de clientes (y una plantilla de unos 5.000 empleados), aglutinando marcas como Vibo Viajes (la antigua Viajes Iberia) o la propia hotelera Luabay.

La sociedad de capital riesgo Carlyle era la propietaria de Orizonia en aquel año. Negoció con ambos grupos la venta. Finalmente, el comprador fue Globalia (dueño de firmas como Air Europa o Halcón Viajes). En ese momento, el grupo presidido por Hidalgo informó de las cifras: 60 millones de euros (20 millones de euros más que su rival) y la asunción de todas las deudas del turoperador (con una quita del 87% del total gracias a un acuerdo con los bancos acreedores). Entre las dos formarían un gigante turístico de 2.400 agencias de viajes, ocho firmas de turoperadores, dos areolíneas y otras dos cadenas hoteleras.

Ese mes de diciembre dio el primer paso en la operación, que debía ser aprobada por Competencia: tomó el control con el pago de 15 millones de euros de su marca hotelera Luabay, que gestionaba casi una veintena de hoteles –la mitad en propiedad-. Ese dinero también sirvió, según anunciaron, para asegurar los salarios de los 5.000 empleados de Orizonia.

Sin embargo, la operación no fue como se esperaba. La entonces Comisión Nacional de la Competencia (CNC) no terminaba de dar ‘luz verde’ a la operación y los pagos se acumulaban. En febrero, Orizonia presentó un preconcurso de acreedores ante el ahogo financiero. Sólo dos meses después, en abril, presentó definitivamente el concurso de acreedores. Era su final. La frustrada venta acabó con la venta de casi 160 agencias de la red Vibo a la propia Barceló. Mientras tanto, Globalia se quedaba con la filial hotelera. Este último movimiento es el que tuvo que justificar este viernes ante el juez.

Ante las críticas recibidas por la operación, que desembocó en el concurso, Hidalgo se defendía en aquel 2013. Para el presidente de Globalia, su grupo turístico no es un beneficiario de la caída de Orizonia. “No somos beneficiarios; somos unos perjudicados más”, apuntó.

“Un mal negocio”

Ahora, la operación se le vuelve en contra a Hidalgo y Globalia. Los administradores concursales designados por el juez en el concurso de Orizonia denunciaron en julio del año pasado que la operación de venta de la división hotelera Luabay se cerró a un precio muy inferior al de mercado, aprovechando la situación de dificultad por la que atravesaba su propietario. En concreto, 13 millones menos de su precio real.

Ante el juez de lo Mercantil número 1 de Palma de Mallorca, el empresario reconoció que la adquisición de Luabay, cuyos activos hoteleros fueron asumidos por Globalia, fue “un mal negocio” y una “locura”. Durante su declaración como testigo, se limitó a asegurar que se dejó guiar por sus asesores y que, por tanto, sólo se limitó a dar el visto bueno. Según él, con la transacción acabó perdiendo dinero.

Pero los administradores concursales no lo tienen tan claro. Para ellos, según ha explicado su letrado, Orizonia se encontraba en momento “en asfixia económica y en “una más que previsible perspectiva de concurso”, una situación “conocida” por el comprador, lo que hizo que la capacidad para negociar fuera menor.

En el caso de la defensa de Globalia, tratan de restarle credibilidad a los informes con los que los denunciantes tratan de demostrar la infravaloración de la filial hotelera. “Nos encontramos ante una falacia para falsear la realidad y distorsionar la imagen económica de Orizonia”, ha apuntado su letrado.

El proceso de la caída de Orizonia

Será el próximo mes de febrero cuando se sustancie el juicio por el caso Orizonia, más de tres años después de que la ya desaparecida compañía presentara el concurso de acreedores.

Los fondos de inversión propietarios de la empresa, con el estadounidense Carlyle al frente, deberán sentarse frente al juez para responder ante su quiebra y el concurso de concurso calificado como culpable por los administradores. Se enfrentan a 34 años de inhabilitación para estos propietarios e indemnizaciones que suman casi 160 millones de euros.

Globalia es la mayor compañía del sector hotelero en España. En 2015, según sus cuentas consolidadas, ingresó 3.379 millones de euros, con un beneficio neto de 4,1 millones de euros. Su plantilla sumó algo más de 10.100 empleados. Por su parte, Barceló sumó 2.480 millones de volumen de negocio y un beneficio después de impuestos de 100 millones.