Publicada
Actualizada
Las claves

Kevin Warsh ha llegado este viernes a Jackson Hole —la reunión anual que congrega en Wyoming a los principales banqueros centrales del mundo— con los mercados buscando una respuesta: si la Reserva Federal tendrá que volver a subir los tipos de interés.

Warsh no se la ha dado y ha pedido que su discurso no se interprete como forward guidance u orientación prospectiva. Pero sí ha dejado una advertencia clara: la inflación sigue demasiado alta y la Fed aún no ha terminado su trabajo.

Warsh ha dibujado una economía fortalecida, un mercado laboral compatible con el pleno empleo y unas condiciones financieras que no considera restrictivas. En ese marco, ha situado los precios en el centro de las próximas decisiones.

“Debemos tener la certeza de que la inflación subyacente avanza hacia nuestro objetivo con claridad y a suficiente velocidad. De lo contrario, tenemos trabajo por hacer”, ha advertido en su primer discurso al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos.

La inflación medida por el índice PCE, el indicador preferido por la Fed, se ha situado en julio en el 3,7% interanual. En términos anualizados, el ritmo de los últimos seis meses supera ligeramente el 4%. Ambos registros quedan lejos del objetivo fijo del 2% que Warsh ha prometido defender “sin excusas”.

Inflación extendida

Warsh ha reconocido, además, que los datos de este verano han sido mejores de lo esperado y que tanto el PCE como el IPC han bajado desde los máximos de la post pandemia. Sin embargo, ha advertido que el descenso se ha frenado en los dos últimos años y que las últimas cifras no demuestran una mejora significativa de la tendencia de fondo.

Para justificarlo, ha descompuesto la cesta del PCE en sus 199 categorías. Durante el último año, el 54% de los bienes y servicios ha registrado subidas superiores al 3%.

El porcentaje está muy por debajo del 77% alcanzado tras la pandemia, pero todavía lejos del 32% habitual durante las dos décadas anteriores. En los últimos seis meses, casi la mitad de la cesta ha continuado encareciéndose por encima de ese umbral.

Como el empleo, el consumo y la inversión siguen mostrando fortaleza, la Fed no tiene prisa por bajar los tipos. El paro permanece en el 4,1%, las solicitudes de subsidio se encuentran cerca de mínimos de varias décadas y el consumo real ha crecido más de un 2% en el último año.

La inversión en equipamiento y activos intangibles avanza alrededor de un 9%, su mayor ritmo desde 2021, mientras los beneficios de las compañías del S&P 500 han aumentado más de un 20% en los últimos cuatro trimestres.

Los diferenciales de la deuda corporativa permanecen bajos, las emisiones son fuertes y los bancos aplican condiciones comparativamente flexibles a sus préstamos empresariales. Aunque sectores como la vivienda y la agricultura sí sufren tensiones, Warsh ha sido inequívoco: le resultaría “difícil” describir las condiciones financieras generales como restrictivas.

Tras el discurso, la probabilidad de una subida de tipos en la próxima reunión de la Fed, prevista para los días 15 y 16 de septiembre, ha pasado del 40% a casi el 50%, según las apuestas del mercado.

Al mismo tiempo, la rentabilidad del bono estadounidense a dos años ha subido hasta su nivel más alto en cerca de un mes. La Fed mantiene desde diciembre su tipo de referencia en una horquilla del 3,50% al 3,75%.

Fin de las promesas

Pese a esa advertencia, Warsh ha evitado comprometerse con una decisión o una fecha. “Estoy comprometido con una disciplina, no con una decisión”, ha resumido. Ha sido también una declaración de principios sobre la forma en que pretende dirigir la Reserva Federal.

La forward guidance, con la que el banco central anticipa la posible trayectoria de su política, fue una herramienta esencial durante la crisis financiera de 2008. Para Warsh, ha agotado su utilidad en tiempos normales.

Ofrecer demasiadas pistas, asegura, puede encerrar a los responsables monetarios en promesas formuladas antes de conocer los datos y retrasar su reacción cuando cambia la economía. Eso, ha señalado, pudo ocurrir en 2021, cuando la Fed tardó en responder al repunte de los precios.

El riesgo es lo que ha llamado “el problema de la galería de espejos”: los mercados toman sus decisiones mirando a la Fed y la Fed interpreta después unos precios financieros moldeados por sus propias palabras.

En ese circuito, el banco central puede acabar leyendo como información independiente el reflejo de sus mensajes. Y los mayores costes de un error no recaen sobre los grandes inversores, ha recordado Warsh, sino sobre quienes no poseen activos y deben soportar una cesta de la compra más cara o un empleo menos seguro.

Su alternativa es una institución más contenida, que escuche señales de mercado “tan poco filtradas como sea posible” y conserve libertad para actuar.

Tampoco ofrecerá una fórmula automática que vincule cada dato a un movimiento concreto. La economía cambia demasiado rápido y las previsiones, ha admitido, siguen siendo una aspiración más que una ciencia exacta.

La otra protagonista del discurso ha sido la inteligencia artificial. Warsh la ha definido como un posible nuevo factor de producción capaz de elevar sustancialmente el crecimiento.

La IA cambia el mapa

Más de la mitad del aumento reciente de la inversión empresarial puede atribuirse ya a infraestructuras relacionadas con esta tecnología.

Pero el presidente de la Fed ha planteado más preguntas que respuestas. ¿Aumentará de manera sostenida la productividad? ¿Complementará el trabajo humano o competirá con él? ¿Quién capturará los beneficios: los laboratorios, los fabricantes de chips, las empresas energéticas, los proveedores o los consumidores?

Un grupo de trabajo sobre productividad y empleo estudiará esas incógnitas. Sus conclusiones no influirán en las decisiones inmediatas.

Para la próxima reunión, el diagnóstico de Warsh es mucho menos futurista: Estados Unidos mantiene una actividad sólida y un empleo estable, pero lleva 65 meses conviviendo con una inflación elevada. “La responsabilidad recae directamente sobre el banco central”, ha sentenciado.

Jackson Hole no ha dejado una promesa sobre los tipos, pero sí una advertencia sobre su dirección