Ulrich Ahle, CEO de Gaia-X

Ulrich Ahle, CEO de Gaia-X DISRUPTORES

Europa ENTREVISTA

Ulrich Ahle (Gaia-X): "Los espacios de datos tienen que sobrevivir cuando se acabe el dinero público"

El CEO de Gaia-X da por terminada la etapa en la que Europa podía conformarse con financiar pilotos de espacios de datos y reclama modelos capaces de sobrevivir sin dinero público.

La soberanía digital, la llegada de la IA y una expansión internacional que alcanza Japón, Corea, Brasil y Canadá marcan ahora la agenda de una iniciativa que busca convertir seis años de arquitectura y estándares en negocio real.

Más información: Gaia-X: la crónica de una ambición europea que encalló "en un momento crítico"

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Ulrich Ahle sostiene que los espacios de datos europeos deben lograr modelos económicos sostenibles cuando desaparezca la financiación pública; hoy solo unos pocos operan de forma efectiva.

Catena-X es la principal referencia en automoción, mientras que la francesa Agdatahub entró en liquidación en 2024; Francia ya exige sostenibilidad desde el diseño de nuevos proyectos.

Gaia-X defiende una estrategia multicloud: reservar proveedores europeos para las aplicaciones más críticas, mientras los hiperescalares mantienen un papel relevante en cargas menos sensibles.

La organización quiere impulsar datos fiables para la IA y extender su marco de interoperabilidad a escala global, con trabajos junto a Japón, Corea del Sur, Brasil y Canadá.

Las empresas europeas acumulan ingentes cantidades de datos industriales que rara vez permanecen encerrados dentro de una sola organización. Fabricantes, proveedores, operadores logísticos, compañías energéticas, hospitales o administraciones necesitan intercambiarlos para automatizar procesos, mejorar productos o alimentar nuevas aplicaciones de inteligencia artificial. El problema es que cada elemento de esa cadena usa sistemas distintos y compartir información exige construir conexiones específicas, acordar quién puede acceder a cada dato y garantizar que su propietario conserva el control.

En vista de esa problemática, y con el impulso del dinero de los fondos europeos, el Viejo Continente se afanó en impulsar los llamados espacios de datos: una resolución lógica y pragmática de esa maraña mediante infraestructuras y reglas comunes que permitan a diferentes organizaciones intercambiar información de forma segura e interoperable.

Gaia-X nació en 2019 alrededor de esa misma necesidad y de otra particularmente europea: evitar que la construcción de esa economía del dato implicara depender de una única plataforma tecnológica o renunciar a decidir dónde se almacenan los datos, quién los procesa y bajo qué legislación.

Así, durante sus primeros años, y abandonada la premisa de una gran nube federada al estilo hiperescalar a este lado del Atlántico, la iniciativa se dedicó a definir arquitecturas, mecanismos de identidad, reglas de interoperabilidad y un marco de confianza que pudieran utilizar después los distintos espacios de datos.

Sobre el papel, buena parte de esas piezas ya existen, pero la adopción dista mucho de ser generalizada y su sostenibilidad tampoco parece garantizada ahora que el dinero público destinado a estas lides comienza a desaparecer.

Esa es la situación que Ulrich Ahle heredó cuando asumió la dirección de Gaia-X en noviembre de 2023 y que, tres años más tarde, resulta sorprendentemente similar. Ingeniero mecánico de formación y con más de tres décadas de trayectoria en la industria tecnológica, ha pasado por Nixdorf, Siemens y Atos, donde dirigió el negocio alemán de integración de sistemas para fabricación e industria 4.0. También fue uno de los fundadores de la International Data Spaces Association y, entre 2017 y 2023, dirigió la FIWARE Foundation, otro proyecto europeo centrado en estándares abiertos e infraestructuras digitales.

Ahle llegó, por tanto, con una misión bastante específica: conseguir que se utilice lo que Gaia-X ya ha construido. En entrevista con DISRUPTORES - EL ESPAÑOL, el directivo denomina a este periodo la "segunda temporada de los espacios de datos". Afirma que Europa dispone de varios cientos de proyectos, muchos financiados por la Comisión Europea o por los Estados miembros, pero los que funcionan de manera efectiva todavía "se pueden contar con los dedos de unas pocas manos". Porque una vez terminado el proyecto y agotada la financiación pública, alguien tiene que asumir el coste de mantenerlo.

"Lo que hemos aprendido durante estos años es que hay una diferencia entre desarrollar y poner en marcha un espacio de datos y operarlo de forma financieramente sostenible", explica Ahle. "Durante los últimos cinco o seis años se ha desarrollado la tecnología necesaria para construir espacios de datos interoperables basados en una infraestructura cloud federada. Ambas cosas van juntas, porque los datos no circulan sobre arcoíris".

El CEO de Gaia-X, Ulrich Ahle.

El CEO de Gaia-X, Ulrich Ahle. DISRUPTORES

La comparación de Ulrich Ahle puede resultar jocosa, pero apunta a una cuestión que durante años quedó sepultada bajo el tráfago de estándares, proyectos piloto y programas comunitarios. La economía del dato necesita infraestructura física, capacidad cloud y mecanismos que permitan mover información entre organizaciones sin que estas pierdan el control sobre ella: "No basta con proteger tus datos dentro de tu propio centro de datos, rodeado de un buen cortafuegos. Necesitamos mecanismos que permitan compartirlos entre organizaciones de forma protegida".

Éxitos relativos, modelo por descubrir

Los mecanismos, volviendo al punto inicial, ya están entre nosotros. Pero el óbice de esta segunda temporada es hacer que funcionen de verdad y lo que se ve en el panorama comunitario es dispar cuanto menos.

Existe un precedente especialmente elocuente. Agdatahub, una infraestructura francesa para el intercambio de datos agrícolas, entró en liquidación judicial a finales de 2024 después de que su modelo económico se mostrara incapaz de sostener la operación sin apoyo adicional. Para Ahle, episodios así explican el viraje de las políticas públicas francesas.

En el lado opuesto, en los éxitos relativos, encontramos el espacio de datos Catena-X, dedicado a la industria de automoción, que lleva alrededor de dos años funcionando y se ha convertido en la principal referencia europea de esa transición con múltiples fabricantes involucrados en su desarrollo. Además, Alemania ha comenzado a financiar programas destinados específicamente a facilitar la incorporación de pymes a Catena-X, tratando de eliminar parte de la fricción tecnológica y económica que dificulta su entrada.

Francia ya le ha visto las orejas al lobo tras el fiasco agrícola y ha decidido introducir la sostenibilidad económica desde el propio diseño de sus nuevos programas de espacios de datos. Ahle cita tres proyectos centrados respectivamente en la cadena de suministro aeroespacial, el sector nuclear y los datos sanitarios. Lo particular del modelo galo es que sus consorcios deben alcanzar durante el periodo financiado un alto grado de madurez tecnológica y continuar operando una vez terminado el proyecto.

"No podemos afirmar que Europa pueda hacerlo todo en inteligencia artificial"

España, en cambio, no tiene claro cuál es el modelo económico de sus ingentes inversiones en este campo, ahora que el Plan de Recuperación ha llegado a su final. Una premisa que comparte el CEO de Gaia-X quien admite, en cualquier caso, que carece de una visión completa sobre todos los proyectos desplegados actualmente en nuestro país, por lo que evita anticipar un resultado: "Me alegraría que, de esa cantidad relativamente grande de proyectos financiados, al menos algunos crecieran y llegaran a ser operativos en el futuro".

Porque el aviso a navegantes es generalizado: "Cuando termine esa financiación, tendremos que ver cuántos proyectos de desarrollo de espacios de datos se convierten realmente en espacios operativos", advierte Ahle. "Solo los espacios de datos que están funcionando aportan beneficios a sus usuarios finales y a la economía. No basta con dar financiación para que organizaciones de investigación e investigadores hagan su proyecto, elaboren al final un bonito informe y pasen al siguiente".

La adopción sigue sin manifestarse

La adopción empresarial todavía es reducida de estos espacios de datos, aunque Ahle rechaza que se deba a algún problema de diseño, de mercado o estructural de ninguna índole. Para él, simplemente avanza por los vericuetos que atravesó cualquier tecnología antes de convertirse en algo cotidiano.

En ese sentido, el directivo compara el momento actual con los primeros años de la industria 4.0. Las grandes compañías y los principales proveedores entendieron antes sus posibilidades; las pequeñas y medianas empresas necesitaron más tiempo para identificar una utilidad suficientemente clara como para justificar la inversión. Con los espacios de datos, dice, sucede algo similar: una empresa integrada en una cadena industrial puede mantener multitud de conexiones independientes con clientes y proveedores o conectarse una vez a un espacio de datos que establezca mecanismos comunes para todo el ecosistema.

"Solo cuando existe ese conocimiento empiezan a actuar. Es un camino que lleva tiempo", sostiene, mientras defiende la multiplicación de los actuales espacios de datos a nuevos sectores. "Nuestra experiencia es que, al analizar los requisitos generales para crear un espacio de datos en un sector determinado, el 80% son iguales. Por tanto, el 80% de los componentes pueden utilizarse para construir la base, y solo el 20% son específicos del sector y hay que adaptarlos o proporcionarlos para cada vertical".

La organización también quiere trasladar esas especificaciones desde los estándares de facto del mercado hacia normas formales. Trabaja con CEN, CENELEC y ETSI y se ha convertido en organización de enlace con ISO. La ambición consiste en que lo desarrollado durante estos años deje de depender únicamente de la aquiescencia de los participantes de Gaia-X y pueda incorporarse a marcos reconocidos de normalización internacional. Pero lo que no explica Ahle es cómo esos avances normativos van a contribuir al interés del mercado en adoptarlos.

Soberanía sin expulsar a los hiperescalares

Todo este despliegue tiene una segunda dimensión que ha recuperado protagonismo ante la compleja y volátil situación geopolítica que vivimos: la soberanía digital. Gaia-X nació íntimamente vinculada a ella y ha creado diferentes niveles de etiquetas para determinar qué grado de control proporciona cada servicio.

El debate tiende a desembocar rápidamente en los grandes hiperescalares estadounidenses. Ahle rechaza que Europa pueda prescindir de ellos de manera inmediata: "Al menos en este momento, los hiperescalares no europeos proporcionan el 80% de los servicios cloud en Europa. Por tanto, una gran parte de nuestro trabajo digital se basa en sus servicios". También poseen una ventaja difícil de soslayar para las multinacionales: su presencia global. Una empresa que opera en numerosos países puede contratar a uno de esos gigantes en distintas regiones en lugar de construir una amalgama de proveedores locales, defiende el ejecutivo.

La propuesta de Ahle pasa por segmentar las cargas de trabajo según su criticidad: "Al analizar las aplicaciones de distintas empresas y sectores, vemos que no todas son realmente críticas para el negocio. Diría que quizá entre el 10% y el 20% son verdaderamente críticas y necesitan un grado elevado de soberanía digital". El resultado sería una arquitectura multicloud en la que distintos proveedores asumen cargas distintas en función de las exigencias de cada aplicación.

Hay, sin embargo, una frontera clara dentro del modelo de Gaia-X. Su etiqueta de nivel tres exige unas condiciones que los hiperescalares estadounidenses no pueden satisfacer, entre ellas la sede europea y la ausencia de exposición a determinadas legislaciones extraterritoriales. "El Cloud Act no es compatible con la etiqueta Gaia-X de nivel 3 ni con el sello de nivel 4. Para esas aplicaciones realmente críticas, solo los proveedores europeos pueden cumplir los requisitos", defiende.

La Comisión Europea ha situado este mismo debate en su propuesta de Cloud and AI Development Act, que plantea un marco común de soberanía para los servicios cloud y de inteligencia artificial utilizados especialmente por el sector público. Gaia-X considera que su sistema previo de etiquetas le proporciona una base aprovechable para adaptarse a ese futuro esquema regulatorio.

Airbus ofrece a Ulrich Ahle un ejemplo de lo que esta segmentación puede significar en la práctica. La compañía seleccionó este verano a la francesa Scaleway para proporcionar infraestructura soberana destinada a determinadas cargas sensibles. Según relata el CEO de Gaia-X, el grupo aeronáutico analizó sus aplicaciones y decidió trasladar algunas de las más críticas desde proveedores estadounidenses hacia una alternativa europea.

Además, sostiene que el viejo aserto de que la soberanía necesariamente implica pagar mucho más empieza a ponerse en solfa. "Hasta ahora siempre he dicho que las aplicaciones críticas que requieren soberanía europea también necesitan un caso de negocio que permita pagar el sobrecoste necesario", reconoce. "Pero la experiencia del proyecto de Airbus, por ejemplo, demuestra que no necesariamente tienen que ser más caras".

El siguiente frente es la inteligencia artificial

Hasta ahora, la entrevista con Ulrich Ahle ha discurrido en el terreno de los datos, pero es imposible obviar la tecnología que promete sacar valor de ellos: la inteligencia artificial. Y es que Europa puede diseñar mecanismos para gobernar sus datos y contratar infraestructura bajo jurisdicción propia, pero buena parte de los modelos fundacionales y de las plataformas que dominan el mercado proceden de Estados Unidos o China.

Ahle empieza por la capa que Gaia-X conoce mejor: "No habrá una IA fiable sin datos fiables". Según su estimación, únicamente entre el 20% y el 30% de los datos existentes resultan actualmente accesibles para entrenar grandes modelos de lenguaje y otras soluciones de inteligencia artificial. Ahí es donde considera que los espacios de datos deberían permitir que las compañías compartan más información manteniendo reglas sobre quién accede a ella y bajo qué condiciones.

De esa forma, Gaia-X quiere engarzar su trabajo histórico con una de las prioridades que dominarán su próxima etapa.

Ulrich Ahle, director general de Gaia-X.

Ulrich Ahle, director general de Gaia-X. DISRUPTORES

La infraestructura de datos, empero, resuelve solo una parte del problema. Europa parte con desventaja frente a las inversiones acometidas por Estados Unidos y China en modelos y capacidad de computación. Ulrich Ahle cita a Mistral AI como uno de los actores europeos relevantes e incluso cuenta a este escribano que el pequeño municipio alemán en el que reside ha desplegado un avatar para atender a sus vecinos basado en sus modelos.

"Creo que sigue siendo difícil alcanzar la soberanía europea también en la IA, porque las inversiones en China y Estados Unidos son mucho mayores que las de aquí", admite. Europa intenta reducir esa distancia mediante nuevas fórmulas de financiación. Entre ellas figura el IPCEI de inteligencia artificial, una iniciativa que en septiembre recibió el respaldo de 19 Estados miembros para preparar el primer proyecto importante de interés común europeo dedicado específicamente a esta tecnología.

Pero Ulrich Ahle evita convertir esa estrategia en una quimera de autosuficiencia absoluta: "Hoy no podemos afirmar que los europeos podamos hacerlo todo y que no necesitemos las ofertas de los estadounidenses o los chinos".

Un Gaia-X que quiere salir de Europa

La paradoja aparente de una iniciativa concebida alrededor de la soberanía europea y que ahora busca socios allende las fronteras comunitarias desaparece cuando Ulrich Ahle explica las necesidades de sus propios miembros. Muchas de las compañías europeas que participan en Gaia-X operan internacionalmente y necesitan intercambiar información con empresas de otros continentes. Un espacio de datos encerrado dentro de la UE tendría un valor limitado para una cadena industrial global.

"Para muchos de nuestros miembros europeos, el mundo digital no termina en las fronteras de Europa. Tienen actividades globales y necesitan interoperabilidad global basada en los datos", explica.

La cuestión no es baladí: Gaia-X ha comenzado a trabajar con Japón, Corea del Sur, Brasil y Canadá para adaptar su marco de confianza a legislaciones e identidades digitales locales. La arquitectura europea utiliza elementos regulatorios propios de la UE, como eIDAS, que sencillamente no pueden imponerse en terceros países. La solución consiste en buscar equivalencias que permitan mantener la interoperabilidad.

El directivo recurre a la metáfora del pasaporte para explicarlo. Cada Estado posee sus autoridades y sus procedimientos de expedición, pero los documentos siguen unas convenciones que permiten comprobar automáticamente la identidad de una persona al cruzar una frontera. "Trasladamos este enfoque al mundo digital mediante identificadores digitales y credenciales verificables en distintos países, para permitir la interoperabilidad y un intercambio de datos fiable".

"No basta con financiar proyectos de espacios de datos y hacer un bonito informe"

China constituye un caso más complejo. El país ha iniciado un programa para crear un centenar de espacios de datos de confianza y conoce, asegura Ahle, tanto el trabajo de Gaia-X como el de organizaciones europeas asociadas, entre ellas la International Data Spaces Association. La colaboración, sin embargo, se encuentra mucho menos avanzada que con Japón, Corea, Brasil o Canadá: "Tienen principios y enfoques diferentes. Todavía no tenemos una colaboración tan estrecha con China como con los demás", explica, antes de reconocer que el propio peso de China en las cadenas internacionales obliga a buscar mecanismos que permitan intercambiar información entre ecosistemas: "Necesitan ese intercambio, pero todavía no tenemos una solución, al menos para la parte de Gaia-X".

Una organización más ágil para su "segunda temporada"

La transformación que reclama a los proyectos europeos también ha obligado a Gaia-X a revisar su propia maquinaria. Ulrich Ahle llegó a la dirección de la asociación en noviembre de 2023 y presume de que la organización ha cambiado sustancialmente su forma de trabajar, a pesar de que los resultados sigan aparentemente inmóviles.

"Ahora es mucho más ágil. Trabajamos en los llamados sprints: definimos requisitos y desarrollamos soluciones con los distintos grupos de trabajo del Comité de Políticas y Reglas y del Comité Técnico", explica a este medio.

Gaia-X cuenta con un consejo de 26 miembros procedentes de siete países, incluida España, una estructura inevitablemente compleja para una asociación que intenta conciliar intereses empresariales y nacionales distintos.

El objetivo vuelve a ser la adopción, tema recurrente en toda la conversación. Los miembros no aportan únicamente sus cuotas: destinan personal y horas de trabajo a los grupos técnicos, una inversión que Ahle quiere orientar hacia resultados reutilizables y desplegables. "Creo que hemos logrado mejoras claras y que funcionamos mejor que antes", presume.

No existe todavía una "tercera temporada" formalmente definida. Gaia-X mantiene tres frentes para los próximos años: llevar los espacios de datos hacia una adopción mucho mayor, estrechar su relación con la inteligencia artificial y extender internacionalmente el marco de interoperabilidad. "Los datos no se detienen en las fronteras europeas. Es una tarea global", concluye Ahle. "De ahí también nuestras actividades de normalización internacional: es importante que estos conceptos y soluciones se adopten a escala mundial".