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Europa

España acumula siete años de avances en innovación, pero vuelve a quedarse fuera de la élite europea

El país alcanza el 94% de la media europea tras mejorar un 14,1% desde 2019 y continúa entre los ‘innovadores moderados' junto a Italia y Portugal.

Más información: El ecosistema español supera las 12.000 startups, pero sigue sin crear gigantes tecnológicos

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Las claves

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España ocupa el puesto 14 en innovación entre los 27 países de la UE, con un avance del 2,9% en el último año y un 14,1% desde 2019.

El país destaca en ventas de innovaciones, productividad de recursos, inversión de capital riesgo y ámbitos de capital humano y digitalización.

Las principales debilidades son la baja inversión empresarial en I+D, poca generación de propiedad intelectual y empleo en empresas innovadoras.

España supera a Portugal, pero sigue por detrás de Italia, y necesita mejorar la transferencia de conocimiento y la creación de empresas innovadoras para escalar posiciones en Europa.

España avanza en innovación, pero sigue sin ser suficiente. El país ocupa el puesto 14 entre los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Una posición que confirma las mejoras del rendimiento en este terreno, con un incremento del 2,9% en el último año y un 14,1% desde 2019.

La cara positiva es que España avanza a un ritmo al de la UE, cuya mejora es del 11,6% desde 2019.

La cruz es que alcanza un desempeño del 94% respecto a la media europea, lo que todavía lo deja fuera de la élite europea de la innovación y lo mantiene dentro del grupo de los 'innovadores moderados'.

Así lo recoge el European Innovation Scoreboard 2026, elaborado por la Comisión Europea. Un índice que compara los sistemas nacionales a través de 32 indicadores que abarcan desde las condiciones para innovar y la inversión hasta la actividad empresarial y el impacto económico.

Son precisamente estos indicadores los que, más allá del ranking general, muestran cuál es el estado de la innovación en España y por qué ocupa ese puesto 14.

Entre sus fortalezas, destaca en ventas de innovaciones para el mercado y las empresas, en productividad de los recursos y en inversión de capital riesgo. También obtiene buenos resultados en ámbitos relacionados con el capital humano y la digitalización.

Pero son las debilidades las que resultan más reveladoras: la inversión empresarial en I+D, la generación de activos de propiedad intelectual, el empleo en empresas innovadoras y las exportaciones de servicios intensivos en conocimiento son su talón de Aquiles.

Quién sostiene la innovación

Sobre el papel, España parece tener lo necesario para construir un sistema de innovación competitivo. Cuenta con capacidad científica, talento, ecosistemas tecnológicos y empresas que desarrollan nuevas soluciones. El problema surge cuando se analiza quién sostiene ese esfuerzo y lo lleva al tejido empresarial.

Una economía puede innovar incorporando tecnología desarrollada en otros mercados, digitalizando procesos o comercializando nuevos productos. Otra cosa muy distinta es generar tecnología propia, proteger ese conocimiento, convertirlo en empresas capaces de crecer y venderlo en los mercados internacionales.

Es aquí donde salen a relucir las debilidades estructurales del país y donde el sistema de innovación todavía tiene un amplio margen de mejora. Un esfuerzo que, a la larga, le permita codearse con los países europeos más avanzados.

Dada la importancia de esta transferencia para alcanzar una mayor competitividad, la propia Comisión trata de saber cómo toda esa actividad genera valor económico y social.

Para ello ha incluido en su informe indicadores como las copatentes entre industria y universidad, el uso de propiedad intelectual, la inversión de capital riesgo en spin-offs o la creación de startups lideradas por investigadores.

El objetivo es medir qué parte de ese conocimiento acaba recorriendo el camino desde el laboratorio al mercado, y se convierte en tecnología, productos, empresas y empleo de alto valor añadido.

Portugal por detrás, Italia por delante

En el documento, España comparte con Italia y Portugal el grupo de los 'innovadores moderados'. El conjunto de los tres ayuda a medir la posición española mejor que si se compara con Suecia, Dinamarca o Países Bajos, a la cabeza de la lista.

En ambos casos las distancias no son muy grandes. Italia ha mejorado un 15% desde 2019, frente al 14,1% de España, mientras Portugal lo ha hecho un 13%. Esas diferencias son las que pueden marcar un cambio en los próximos años ,y las que ayudan a analizar los respectivos modelos de innovación.

Si bajamos de los datos globales al detalle de algunos indicadores, España invierte en innovación el 0,84% del PIB, frente al 0,79% de Italia. Y en ventas de innovaciones, su fortaleza es más que evidente: estas representan el 23,31% de la facturación de las empresas españolas, frente al 15,47% de Italia, el 16,44% de Portugal. y el 12,54% de media europea.

La brecha está en otros factores. Sólo el 19,28% de las pymes españolas introduce innovaciones de producto, frente al 35,60% de las italianas y el 28,72% de las portuguesas. En innovación de procesos, la distancia con Italia es mayor: el 29,02% frente al 60,06%.

¿Qué están haciendo mejor nuestros vecinos?

Portugal, aunque está por detrás de España en el ranking, está impulsando políticas específicas para fortalecer su ecosistema de startups, atraer y fidelizar talento tecnológico, y aprovechar la financiación europea. La Comisión destaca, de hecho, la captación de fondos de Horizon Europe y las iniciativas destinadas a evitar que el talento tecnológico.

En el caso de Italia, ambos países han avanzado en estos siete años casi al mismo ritmo, pero España sigue sin adelantarle. El informe EIS refleja, precisamente, que las debilidades del ecosistema español son las fortalezas del italiano, destacando en los indicadores relacionados con la actividad empresarial.

En cloud computing, por ejemplo, el 75,6% de las empresas italianas utiliza estos servicios, frente al 41,65% de las españolas y el 38,71% de las portuguesas. Y en empleo en empresas innovadoras, la distancia también es significativa: 69,78% en Italia, frente al 57,61% de Portugal y el 43,21% de España.

Esto demuestra que el sorpasso no es inalcanzable. Más inversión empresarial en I+D, más propiedad intelectual y más proyección global son los retos a superar para conseguir que esas capacidades que ya tiene España tengan mayor escala, conecten mejor con el tejido productivo y generen más empresas con proyección global.