Michiel Scheffer, presidente de la junta directiva del Consejo Europeo de Innovación.
Michiel Scheffer, líder del EIC: “Los europeos ahorramos en inmobiliario y no hay activos para invertirlos en startups”
El presidente de la junta directiva del Consejo Europeo de Innovación señala que la IA es muy importante, pero la UE debería plantearse también asegurar la energía con independencia, la agricultura y los materiales.
Más información: "Europa necesita simplificar y más velocidad para ayudar a escalar las startups", avisa la comisaria de Innovación
El holandés Michiel Scheffer tiene un cumplido currículum en asuntos de negocios, academia y políticas públicas, dentro del ámbito de la tecnología, la innovación, innovaciones disruptivas e inversión de impacto en startups. Y ahora es el primer presidente por elección de la junta directiva del Consejo Europeo de Innovación (EIC).
“Soy el primer presidente elegido. Antes de mí había un presidente en funciones”, precisa. “Pero esto se debe a que el EIC es una institución relativamente nueva y el consejo directivo también. Se creó en 2021 y ese año abrieron la vacante para presidente. Tardó un año y medio en resolverse. Así que empecé en 2023, mi mandato termina en 2027 y es renovable, pero aún no está decidido si deseo eso o no”.
El EIC empezó a funcionar de manera experimental en 2018, con el programa Horizon 2020, a propuesta del entonces comisario de Investigación, Ciencia e Innovación Carlos Moedas, en lo que muchos sectores interpretaron como una reacción a su falta de control sobre el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT), que dependía de educación. Al EIC se le atribuyó la gestión de los mayores recursos de financiación.
DISRUPTORES - EL ESPAÑOL conversó con Scheffer en Bruselas durante la cumbre del EIC y en una breve cita, a duras penas entreverada en su intensa agenda plagada de reuniones para lanzar el ‘Scale Up Fund’ de 5.000 millones de euros, con el que la Comisión Europea trata de insuflar oxígeno al pulso tecnológico de la UE.
Al final, el máximo responsable del EIC termina por destapar un enorme problema financiero: “Los europeos tenemos el dinero en propiedades inmobiliarias, bonos y fondos con bajos intereses, pero no existen entidades a las que puedan confiar una parte de los ahorros para invertir en startups”.
Hoja de ruta para la innovación
Pero antes de llegar a eso, la conversación empieza por la planificación de la innovación y su financiación. ¿Cómo se elabora una hoja de ruta tecnológica, desde una entidad como el EIC?
“Siempre es útil hacer una distinción entre, digamos, los instrumentos [de gestión] y la tecnología”, responde Scheffer.
“Los instrumentos que tenemos son Pathfinder, Transition, Accelerator y otros fondos escalares”, detalla, mencionando los tres programas principales desplegados por el EIC, cuyos respectivos propósitos son investigación de frontera y tecnologías disruptivas, en el caso de Pathfinder. Maduración de resultados científicos hacia prototipos, con Transition. Y apoyo directo a startups y scaleups con subvenciones y capital, a través de Accelerator.
“Básicamente tenemos todo el ciclo, desde la universidad hasta llegar a cotizar en bolsa. Esto es tecnológicamente neutral, aunque varía según las tecnologías, si tienen éxito en algunas áreas o no”, prosigue su explicación.
Michiel Scheffer, presidente de la junta directiva del Consejo Europeo de Innovación.
“La otra cosa, plantear una hoja de ruta tecnológica, eso depende del sector. Pero eso, principalmente lo organizan los gestores de programa, que tienen una visión concreta de una tecnología. O la propia industria organiza un proceso. Por ejemplo, en el espacio y en cuántica, hay mucha más coordinación que en salud. Precisamente por motivos de salud y detalle: un dispositivo protésico es algo totalmente diferente a un tratamiento para el cáncer cerebral”.
“Lo interesante es que, aunque EIC tendrá probablemente un presupuesto mayor después del 28, hay cierta presión para que tenga una hoja de ruta tecnológica más ajustada. Por dos razones: por motivos presupuestarios y para tener más coherencia en ciertas áreas de la tecnología. Pero el EIC es un instrumento de financiación de un organismo político, lo que quiere decir que la orientación principal debería dársela la Comisión, tras consultar a los estados miembros y a los parlamentos. No es cosa nuestra”, añade.
Scheffer no necesita muchas preguntas para desarrollar su discurso:
“Si la Comisión dijera que la cuántica es importante, EIC podría desarrollar una hoja de ruta para la cuántica. Podríamos hacerlo. Ahora adoptamos la declaración sobre energía, pero nos han preguntado sobre cómo podría ser más eficaz la cartera de EIC en energía para ayudar a posibles escaseces o cambios próximos debidos a bloqueos, como podría ocurrir con el queroseno, que pronto será un problema. También, para una estrategia a largo plazo, ¿qué tipo de inversiones energéticas deberíamos hacer, como Europa, para que la próxima vez dependamos menos del gas ruso o del Golfo?”.
Y una vez que se establece que una tecnología es la importante, ¿cómo lo gestionan? ¿Convocan la presentación de proyectos específicos? ¿Ofrecen un determinado dinero para ese fin…?
“Dos de nuestros tres instrumentos, Pathfinder y Accelerator, cuentan con un programa abierto de abajo hacia arriba y también desafíos. Transición requiere haber hecho un proyecto antes. Muy a menudo un proyecto surge de Horizon [el programa de financiación tecnológica de la CE] o DRC [referencia a los grandes centros de investigación en deep tech], y ya había existido una hoja de ruta antes de eso”.
“Trabajamos con desafíos. Pero un desafío, de media, financia entre cinco y diez proyectos. Este año tenemos desafíos en almacenamiento de energía, puede que tengamos desafíos en fotónica, que son relativamente amplios. Cada año planteamos desafíos para el siguiente, así que hemos validado los desafíos de 2027, para que se publiquen en septiembre. Y luego las empresas podrán reaccionar a esos desafíos. Una vez que surge un desafío, hay un gestor de programa que lo gestiona en su conjunto. Organiza eventos de portfolio, eventos de emparejamiento… Esto da lugar a un subecosistema relativamente bien estructurado”.
Europa, ¿lenta o rápida?
La comisaria europea de innovación, Ekaterina Zaharieva, admite que la ‘velocidad de los procesos’ es uno de los problemas para el desarrollo de Europa, en un mundo en el que los objetivos cambian rápidamente, como lo demuestra lo ocurrido en apenas cuatro años en la inteligencia artificial.
“Sí, la IA ya existía cuando yo estaba en la universidad. Pero no teníamos los ordenadores…”, rememora, antes de responder de manera concreta: “Financiamos proyectos de cinco a siete años. Así que, básicamente, si sumas tiempos, cuánto tarda [un proyecto] desde TRL 1 [referencia a Technology Readiness Level, nivel de madurez tecnológica] hasta TRL 9… Y contando desde el principio hasta tener algo que se pueda vender entre 16 y 29 años, pues… Si miras la IA, que ahora es un tema importante porque es TRL 7, es que ha habido 20 años de desarrollo antes de que nadie vendiera [producto]”.
“Si hay una cuestión sobre la velocidad es porque la gente se entera demasiado tarde: ‘Oh, ¿ahora tenemos prisa?’. No, si lo hubieras visto antes deberías haber sabido que algo se avecinaba… La velocidad plantea tres cuestiones. Una es que deberíamos dedicar más trabajo, todos, a ver tendencias antes. Porque si llegas antes, tienes más tiempo para afrontarlo. Si lo descubres demasiado tarde, sí, entonces tienes prisa”.
“La segunda cuestión, y creo que es a lo que se refería Zaharieva, es que el procedimiento [de gestión] debería ser más rápido. Sí, estamos en un procedimiento [de solicitud y concesión de fondos] que dura seis meses, puedes reducir a cinco o a cuatro. Pero estratégicamente eso no marca ninguna diferencia para la IA. Quiero decir, esos dos meses no marcarán la diferencia con un mundo más dinámico”.
“Pero hay otro problema de velocidad”, continúa Scheffer, “una vez que hemos financiado proyectos, estos tienen que encontrar inversores privados. Eso suele tardar dos años. Y no es nuestra velocidad, es la velocidad del mercado. También tenemos el problema de que, si empiezas a hablar con una empresa sobre si está dispuesta a comprar una tecnología, a menudo también estás en otro proceso de negociación de dos años”.
“Sobre velocidad, siempre se habla de la Comisión Europea… Puedo mencionar a muchos que son mucho más lentos que la Comisión”, remacha. “La velocidad es algo de lo que todo el mundo debería preocuparse y todos deberíamos pensar en tener más mapeo de investigación y desarrollo, para intentar predecir mejor”.
“Sabemos desde hace 50 años que en Europa tenemos un problema energético. Y también hemos dejado de minar, así que tenemos un problema de materiales que ya lo era hace 50 años, lo es ahora, dentro de 10 años y dentro de 20 años”, añade Scheffer.
“Muchas cosas muy importantes no están cambiando. Todos se lanzan rápido a la IA y olvidamos que también tenemos otras transiciones que gestionar que son fatales: asegurar la energía y la independencia, que nuestra agricultura siga siendo capaz de alimentarnos, tener una base de materiales que nos ayude a pasar de los fósiles a otros basados en biología… Son desafíos bastante importantes”.
Dinero estadounidense
¿Y puede Europa competir con Estados Unidos cuando, al hablar del dinero que mueve la tecnología, lo que aquí se mide en unidades de millones, allí son miles de millones (billions)?
“Sí, en general es un problema, pero tenga en cuenta dos cosas: es mucho más caro vivir en Estados Unidos que aquí. Si tienes dos hijos y tienes seguro médico para tus hijos en el colegio, pagas 40.000 dólares, mientras que en Europa pagamos 2.000 dólares por eso. Así que las empresas estadounidenses necesitan más dinero porque tienen que pagar salarios más altos para conseguir lo que tenemos aquí”.
En lo que se refiere a la financiación de proyectos, señala que “en Europa tenemos una política para decir ‘esto es lo que necesitas para los próximos dos años’. Consigues ese dinero y vuelves 16 meses después. para solicitar la siguiente ronda. Estados Unidos pasa a rondas mucho más grandes. ¿Qué demonios van a hacer con 60.000 millones? ¿Realmente necesitan 6.500 personas para desarrollar algo? Así que también hay una parte de sobredimensionamiento entre Europa y América. Y también hay un efecto de anuncio. Levantar una ronda no significa que tengan 65.000 millones de euros en la cuenta bancaria. Tienen 65.000 millones de promesas”.
Reafirma su planteamiento citando un caso publicado en un periódico holandés sobre una empresa que iba a la quiebra por un problema de 17,5 millones: “No les prometimos 17,5. Sólo pagamos cinco. Pero eso no es de dominio público. Las cifras no siempre son las reales. Son un anuncio. Sin embargo, en general [las empresas en USA] reciben más dinero que aquí. Hay que decir que mucho dinero va a tecnologías relacionadas con el software, donde Estados Unidos es un gran mercado”.
Michiel Scheffer, presidente de la junta directiva del Consejo Europeo de Innovación.
“El inglés es un idioma muy extendido en todo el mundo. Y, por supuesto, si haces algo en lituano o portugués, tu mercado es más pequeño”, matiza Schaffer. “También hay una diferencia en la composición [de los negocios]. Si tomas varios sectores de cosmética, por ejemplo, Europa es mucho más grande que Estados Unidos. En cables submarinos, de las cinco principales empresas del mundo, tres son europeas. En material ferroviario, América no está en ningún sitio. Airbus ha ganado a Boeing… Depende del ejemplo, que hace como si América fuera maravillosa y Europa no. Pero si tomas otros ejemplos, bueno, Europa no sale mal”.
“Esto es muy europeo, somos muy buenos analizándonos y minimizándonos. Y los estadounidenses son buenos en el farol”, incide. “El verdadero equilibrio es un poco diferente. Aunque, sí, sigue habiendo un problema. La diferencia de financiación es enorme. Y el gran reto es que básicamente los ahorros en Europa están en muy buena situación. Hay suficiente dinero en Europa, pero no hay suficientes clases de activos, productos o servicios financieros que aporten el ahorro a las startups”, advierte.
“Yo lo probé personalmente, puede citarlo: fui a mi banco y dije, estoy en el ámbito startup de Europa, pero todo mi dinero está en una cuenta bancaria con tipos de interés bajos, ¿puedo invertir en startups?’. Y sí, puedes, pero deberían ser al menos 250.000 euros y no más del 10% de tu patrimonio... En los Países Bajos, un mercado financiero relativamente bien desarrollado, no hay un producto para que una persona que quiera invertir en startups, entregue una cantidad y se la invierta, porque yo no quiero hacerlo por mí mismo. Eso no existe”.
“Suecia es el único país donde existe un producto para personas que quieren invertir en startups. Los europeos están invirtiendo principalmente en bienes raíces, bonos y trackers de bajo tipo de interés. Tenemos que desarrollar el mercado financiero y el fondo de escalabilidad que hemos anunciado es uno de estos intentos de crear un mercado financiero para startups”.
Un fondo de 5.000 millones en el que la Comisión Europea pone mil como punto de arranque y el resto espera Scheffer completarlo con compromisos ya adquiridos y conversaciones con diversas entidades del continente. “Algunos fondos han dicho, ‘estamos dispuestos a estar en la primera ronda y también influir en la selección de la dirección’. Nordisk, el fondo de pensiones holandés, llegó temprano, la familia Wallenberg también y los bancos españoles e italiano”.
Sobre los bancos españoles madrugadores menciona al Santander y CaixaBank, mientras que “muchos fondos alemanes y franceses” prefieren esperar a que se establezcan las directrices. “Eso también significa que llegarán muchos retrasados. Tendrán un bajo riesgo, pero también menos que decir en el diseño del modelo”, sentencia Scheffer.