Imagen de recurso de un chip sobre las banderas de Estados Unidos y Europa.
La carrera mundial por los chips entra en una nueva fase: Europa y España buscan su lugar
En un mercado clave para el desarrollo económico, dominado por China y Estados Unidos y afectado por los distintos eventos geopolíticos, el Viejo Continente debe decidir cuál es su papel en la cadena de valor mundial.
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Daniel Granados cree que en una industria tan estratégica como la de los chips, la cuestión no es si Europa va a conseguir dotarse de más protagonismo y capacidades de fabricación y diseño frente a los bloques dominadores del mercado mundial, sino cómo lo va a hacer.
“Se trata de poder decidir qué papel queremos adoptar en un juego de interdependencias en el que el único país que tiene autosuficiencia en toda la cadena de valor es China”, dice este profesor de investigación y director del CITT de Semiconductores de Madrid.
Estas declaraciones no significan que el Viejo Continente no haya dado pasos en la dirección correcta. Encierran, más bien, una llamada a la acción para la movilización de un sector muy cambiante y afectado por todo tipo de eventos que en los últimos años han llegado a paralizar, incluso, la cadena de suministro: desde una pandemia hasta diferentes guerras y decisiones geopolíticas, pasando por el tablero en el que se está desarrollando la actual batalla, las demandas de la inteligencia artificial y sus centros de datos específicos.
De hecho, la Comisión Europea (CE) sigue buscando su sino y acaba de proponer la actualización del Chip Act, que tras su primera redacción en 2023 invirtió más de 52.000 millones de euros de dinero público y privado para centrarse en la oferta y en la fabricación. Ahora, cambia sensiblemente el enfoque, y lo que pretende es estimular la demanda interna y evitar crisis como las citadas anteriormente.
El objetivo es que Europa represente en torno al 20% del mercado mundial de semiconductores, una meta que, según el último informe de la Fundación Innovación Bankinter, exigirá mantener una estrategia sostenida frente a Asia, que hoy concentra más del 75% de la capacidad global de fabricación.
Todo ello para un potencial mercado de 1,37 billones de euros en 2030, impulsado en un 70% por las aplicaciones de inteligencia artificial, tal y como cifra la propia CE.
En este contexto, DISRUPTORES – EL ESPAÑOL ha recabado la opinión de varios expertos en el terreno para analizar las fortalezas, debilidades y oportunidades de Europa en una industria clave para el desarrollo de la economía y la soberanía.
La conversación también gira sobre España, que ha protagonizado varios esfuerzos, con el PERTE Chip como principal baza. Este prometía gastar hasta 12.550 millones de euros, pero la falta de acuerdos con jugadores de calado para instalar sus plantas en el país ha hecho que la ejecución presupuestaria se quede en apenas un 7%, lo que ha derivado en un ‘tirón de orejas’ por parte de algunas instituciones comunitarias.
De la oferta a la demanda
En esta búsqueda de destino, Europa quiere ponerse al día en una industria, decíamos, muy vulnerable a todo tipo de eventos geopolíticos. Si el Chips Act de 2023 buscaba estimular la oferta con capacidades de fabricación, ahora se pone el foco en la demanda -con los centros de datos para la inteligencia artificial como imperativos- y se continúa con el camino hacia la soberanía iniciado, junto con otros proyectos, con la implantación de las cinco gigafactorías de IA con una dotación de 20.000 millones de euros.
Esto no quiere decir, tal y como indica Antonio Mesquida, experto con más de 30 años de experiencia en microelectrónica y actual CEO de la alemana Tech-Diligence, que el continente se cierre a inversiones extranjeras.
“Europa tiene que decidir qué papel quiere adoptar en un juego de interdependencias en el que el único país que tiene autosuficiencia en toda la cadena de valor es China”
Daniel Granados, profesor de investigación y director del CITT de Semiconductores de Madrid
“No podemos negarnos a atraer a varios de los líderes mundiales. A que Samsung, por ejemplo, instale una fábrica”, continua.
El directivo, que ha trabajado en gigantes como Siemens o ASML, estima que el problema es que las fábricas actuales no son suficientes para según qué casos de uso y que, además, el emparejamiento con la demanda “no es perfecto”.
Precisamente es en ese punto en el que incide Ana Cremades, catedrática del Departamento de Física de Materiales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM): “Tenemos que poner el foco en los polos en los que podemos competir. Obviamente, no lo vamos a hacer en el alto volumen ni en el chip para consumo, porque Estados Unidos y China nos sacan mucha ventaja. Pero sí podemos hacerlo en nodos avanzados para automoción, industria 4.0 o robótica”.
“Son los que más demanda tienen en Europa y de los que más hemos dependido frente a terceros. No podemos permitir que se vuelvan a paralizar nuestras industrias”, sentencia. Asimismo, destaca como muy positivo pasar de los 52.000 millones de gasto de la primera ley a los más de 120.000 previstos para el Chip Act 2.0.
Porque, según sus palabras, más allá de los rangos citados, hay más drivers de mercado: las tecnologías duales para el sector defensa o todas las organizaciones que dependen de la transición energética y digital por la que “tanto” apuesta Europa.
Y de la fabricación al diseño
Dentro del contexto dibujado por los tres expertos, en el que coinciden en la coyuntura geopolítica, la necesidad de introducir la demanda a la estrategia comunitaria y las industrias clave en las que hay que depositar más esfuerzos -automoción, industria 4.0, defensa o centros de datos para la IA-, el siguiente punto del debate pasa por si la CE acierta virando la estrategia de la fabricación al diseño.
Y la respuesta es prácticamente unánime: ir hacia estas contiendas es una buena aproximación. Sobre todo, vistos otros ejemplos, como el de Estados Unidos, que cuenta con una cuota global del mercado del 50,4% sin grandes capacidades de fabricación (14%), según datos de la SIA (Semiconductor Industry Association).
"Europa es capaz de competir en nodos avanzados para automoción, industria 4.0 o robótica”
Ana Cremades, catedrática del Departamento de Física de Materiales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Lo consigue, tal y como indica Daniel Granados, porque “los diseños pertenecen a sus compañías. Es algo que Europa tiene que trabajar porque no le queda más remedio. Hay que conseguir recuperar parte de esa cadena de diseño”.
Hasta ahora, añade Antonio Mesquida, los chips que se están creando para la inteligencia artificial están dirigidos a su infraestructura. “Pero el siguiente paso es ponerlos en todos los dispositivos conectados a la nube. Vamos a necesitar arquitecturas nuevas y procesadores más pequeños y especializados para las diferentes aplicaciones. Y es aquí donde tenemos muy buenas empresas de diseño. Hay que aprovechar la posibilidad que se está abriendo en estos momentos”.
Una afirmación con la que concuerda Ana Cremades: “Tenemos el conocimiento. No tanto para competir en el silicio más estándar pero sí en las industrias emergentes si nos ponemos las pilas”.
Aunque, matiza: “Una cosa son los planes y las discusiones políticas que comienzan ahora, y otra es lo que finalmente se hace. Los anuncios son el primer paso, pero ya vimos con el Chip Act anterior que entre el objetivo y la fábrica real hay mucha distancia. No tenemos que estar tan atentos a los titulares como a la ejecución”.
¿Ha fracasado España con el PERTE Chip?
En una situación parecida se encuentra España, uno de los 27 países comunitarios que más ambición demostró cuando en mayo de 2022 lanzó el PERTE Chip, con una inversión de 12.000 millones de euros -el que más dotación ha tenido de los 12 lanzados- para impulsar la cadena de valor en producción y diseño tratando de atraer a los primeros espadas del sector al país.
De todos los intentos, el Gobierno sólo ha logrado seducir a Cisco para instalar un centro de diseño de microchips en Barcelona. Pesa más, casi, las conversaciones infructuosas con Bradcomm e Intel, que finalmente han descartado abrir sus plantas en el territorio.
“España se está tomando muy en serio el problema, pero quizás ha pecado de ambición"
Antonio Mesquida, CEO de Tech-Diligence
Esto ha generado que, tras cuatro años, se haya ejecutado menos del 10% de los fondos. De hecho, la propia Unión Europea ha reprendido al Ejecutivo en más de una ocasión llegando a tildar, incluso, de “retroceso”, la hoja de ruta establecida.
¿Se puede concluir, por ende, que el PERTE Chip ha sido un fracaso? “No lo creo”, responde Ana Cremades. “Se ha dado un primer paso poniendo a la industria en la agenda pública”. Es más, la experta enumera algunos hitos de la estrategia, que más allá de no contar con el atractivo de los grandes jugadores norteamericanos, son muy importantes: la instalación del IMEC en Málaga, la inversión en Diamond Foundry o la fábrica gallega para generar nitruro de galio.
De la misma opinión se muestra Antonio Mesquida. “España se lo está tomando muy en serio. Quizás ha pecado de ambición”. Y de nuevo, reitera, de anteponer la fabricación a otros elementos de la cadena de valor. “Muy pocas empresas pueden hacer chips de 5nm aquí. Para eso se necesita tiempo. Años. Y tenemos que recorrer ahora ese camino. El ecosistema todavía no estaba bien preparado”.
Daniel Granados tampoco habla de caídas estrepitosas, aunque critica que, sabiendo que no se iban a movilizar todos los fondos, habría que haber tenido agilidad para buscar otras direcciones.
“El problema es qué va a suceder a partir de ahora, porque no hay ningún plan de continuidad. No podemos pasar de 12.000 millones a la nada justo cuando habíamos conseguido alinear a industria, gobiernos e instituciones académicas. Tenemos que aprovechar que hemos creado un tejido para mirar al futuro”, concluye.