La guerra híbrida en Europa a debate en Eset World 2026.

La guerra híbrida en Europa a debate en Eset World 2026. Noelia Hernández

Europa

La OTAN y Europol alertan de una nueva escalada de guerra híbrida en Europa

Ciberataques, amenazas automatizadas y campañas de desinformación elevan la tensión geopolítica, según los expertos internacionales reunidos esta semana en Berlín durante Eset World 2026.

Más información: El mundo de la ciberseguridad se prepara ante el temor de una guerra entre inteligencias artificiales autónomas

Berlín (Alemania)
Publicada
Las claves

Las claves

Organismos como la OTAN y Europol alertan del ciberespacio como nuevo dominio de guerra, con ataques híbridos destinados a paralizar servicios esenciales y menoscabar la estabilidad política y económica.

La inteligencia artificial está acelerando los ciberataques, reduciendo drásticamente el margen de reacción para la defensa y obligando a replantear los actuales modelos de actualización y seguridad.

Los expertos advierten de que la frontera entre estados y ciberdelincuentes se difumina, convirtiendo el cibercrimen en un modelo de negocio estructurado en el que se comparten tácticas y objetivos.

La dependencia europea de tecnologías de terceros en infraestructuras críticas como la IA o la nube supone un grave riesgo para la soberanía digital y la resiliencia del continente.

Hace tiempo que las guerras dejaron de librarse únicamente sobre el terreno. Hoy el mundo es testigo de un enfrentamiento paralelo en el que la tecnología se ha convertido en uno de los principales frentes estratégicos de los conflictos geopolíticos.

Los ataques contra instalaciones energéticas, el espionaje digital o las campañas de desinformación forman parte de un nuevo tipo de guerra, la híbrida. El objetivo de los ciberataques es paralizar servicios esenciales, alterar las comunicaciones o menoscabar la estabilidad política y económica.

En Europa, además, la guerra de Ucrania, el despliegue acelerado de la inteligencia artificial y la dependencia tecnológica de terceros han aumentado la inquietud. Gobiernos y organismos internacionales ven cómo las herramientas desarrolladas con IA están acelerando esos ataques y permiten a los ciberdelincuentes detectar más rápido las vulnerabilidades de servicios esenciales para el funcionamiento de un país.

Por eso no es extraño que conceptos como “resiliencia”, “autonomía tecnológica” o “soberanía digital” se hayan repetido constantemente durante el encuentro sobre ciberseguridad europea celebrado esta semana en Berlín.

Por el escenario de Eset World 2026 pasaron representantes de la OTAN, Europol y la agencia europea de ciberseguridad Enisa para analizar el impacto que estas nuevas amenazas tienen ya sobre el Viejo Continente.

Un nuevo frente

La preocupación sobre cómo se está construyendo este nuevo escenario estuvo presente en todas las intervenciones. Sobre todo en el hecho de que el ciberespacio ya es "el principal dominio de guerra" en determinados conflictos internacionales.

"Ya no es solo una herramienta, se está convirtiendo en una estrategia para atacarnos de forma asimétrica", advirtió la coronel Mietta Groeneveld, directora del Centro de Excelencia de Mando y Control de la OTAN.

"El ciberespacio ya es el principal dominio de guerra"

Coronel Mietta Groeneveld, directora del Centro de Excelencia de Mando y Control de la OTAN.

Además, Groeneveld describió cómo la guerra de Ucrania había acelerado el desarrollo de sistemas autónomos impulsados por la inteligencia artificial, especialmente a través de drones capaces de operar cada vez con mayor autonomía o ataques coordinados sobre sistemas digitales a través de la denominada “guerra cognitiva”.

De hecho, la posibilidad del uso de algoritmos, redes sociales y sistemas automatizados para manipular conversaciones públicas, aumentar la polarización o menoscabar la confianza de los ciudadanos en las instituciones es uno de los principales temores expresados por los organismos europeos presentes en Berlín.

Menos margen para la defensa

Otra de las ideas repetidas durante el encuentro es que el problema ya no afecta únicamente a estados o sistemas militares, también involucra a empresas privadas, plataformas digitales y operadores que forman parte de la infraestructura crítica europea.

“Las organizaciones privadas forman parte de la defensa nacional y de la resiliencia de nuestras sociedades”, apuntó Hans de Vries, director de Operaciones y Ciberseguridad de Enisa.

"Estamos entrando en una dinámica de patch hours, siete días a la semana"

Hans de Vries, director de Operaciones y Ciberseguridad de Enisa.

El responsable europeo también alertó del impacto que la inteligencia artificial empieza a tener sobre la velocidad de los ataques y la detección de vulnerabilidades. “Hace unos años podías priorizar únicamente los fallos críticos, ahora probablemente tendrás que arreglarlo todo”, aseguró.

Según explicó, los sistemas ofensivos impulsados por la IA amenazan con reducir “drásticamente” el margen de reacción, hasta el punto de obligar a replantear los actuales modelos de actualización de software. “Antes hablábamos de Patch Tuesday [periodicidad mensual de actualización de vulnerabilidades], ahora estamos entrando en una dinámica de patch hours, siete días a la semana”, señaló con un punto de ironía.

Cibercrimen como modelo de negocio

En un momento en el que la IA ayuda a mejorar los mecanismos de defensa de empresas e instituciones, no se pasó por alto que los ciberdelincuentes también se apoyan en la inteligencia artificial para acelerar campañas ofensivas, adaptar el malware o multiplicar la escala de operaciones de phishing y robo de información.

En este sentido, se alertó del crecimiento de actos criminales cada vez más sofisticados y de cómo la frontera entre gobiernos y ciberdelincuencia empieza a difuminarse. “Los estados utilizan grupos criminales como proxies geopolíticos, externalizan operaciones o recurren a actividades criminales para financiarse”, explicó Roman Kovac, director de Investigación de Eset.

El experto defendió que “el cibercrimen ha dejado de funcionar como una suma aislada de atacantes para convertirse en un ecosistema empresarial altamente estructurado”.

Según explicó, actualmente existen redes especializadas en desarrollo de malware, alquiler de infraestructuras, monetización de datos robados o despliegue de ransomware, con estructuras que se organizan de manera similar a las de una empresa. “El cibercrimen ya no es aleatorio, es un modelo de negocio”, añadió.

"El cibercrimen ya no es aleatorio, es un modelo de negocio”

Roman Kovac, director de Investigación de Eset.

Desde Europol, Marijn Schuurbiers, responsable de operaciones del Centro Europeo de Ciberdelincuencia (EC3), incidió en este aspecto y en cómo estados y grupos criminales empiezan a compartir tácticas, redes e incluso objetivos. “Antes cada actor tenía su espacio, ahora todo empieza a mezclarse”, añadió.

En este entorno híbrido que afrontan gobiernos y empresas, Hans de Vries recordó cómo sistemas civiles de conectividad como Starlink acabaron convirtiéndose en infraestructura estratégica dentro de la guerra de Ucrania, "poniendo en evidencia hasta qué punto tecnología, defensa y resiliencia económica comienzan a entrelazarse".

Soberanía digital

Sobre todas estas cuestiones sobrevoló una idea de la que se viene hablando y debatiendo desde hace meses: hasta qué punto Europa depende de terceros proveedores en ámbitos como la inteligencia artificial o la nube.

Recordaron que buena parte de las infraestructuras digitales que sostienen actualmente empresas, administraciones públicas y servicios esenciales europeos dependen de tecnologías desarrolladas por grandes compañías estadounidenses o asiáticas. Lo que añade un punto más de alarma, sobre todo en el momento geopolítico y económico actual.

"Estados y grupos criminales empiezan a compartir tácticas, infraestructuras y objetivos"

Marijn Schuurbiers, responsable de operaciones del Centro Europeo de Ciberdelincuencia (EC3) de Europol.

Y no sólo por cuestiones de ciberseguridad o defensa nacional, también por la capacidad del Viejo Continente para mantener el control sobre industrias estratégicas que están en manos de un reducido grupo de compañías no europeas. “Las organizaciones privadas forman ya parte de la defensa nacional y de la resiliencia de nuestras sociedades”, insistió el director de Operaciones y Ciberseguridad de Enisa.

La idea compartida en Berlín es que la ciberseguridad debe abordarse como una infraestructura esencial para operar y mantener la estabilidad económica y política. La razón es de peso: las próximas ofensivas digitales podrían producirse a una velocidad difícil de asumir con las estructuras de defensa actuales, pensadas para cuando los ciberataques requerían una reacción más acorde a los tiempos que manejan los humanos y no las máquinas.