Philippe Aghion premio Nobel de Economía 2025.
Philippe Aghion, Nobel de Economía 2025: “Europa sigue ‘clavada’ en una tecnología de medio nivel”
Clama en el Brussels Economic Forum de la CE por un mercado de capital integrado y una agencia de proyectos avanzados: “En nombre de la competencia excluimos la política industrial, sin ayuda estatal sectorial. ¡Es un gran error!”
El primer ministro de Luxemburgo, Luc Frieden, cree que, aunque se diga que la IA “es una carrera global entre Estados Unidos y China”, Europa puede estar ahí: “Necesitamos una inteligencia artificial de Europa, por Europa y para Europa que refleje nuestros valores”
Más información: La exministra francesa, F. Pellerin, defiende la soberanía digital europea: "Tenemos un legado filosófico que nos diferencia"
“La inteligencia artificial es realmente el tema del momento. Ha llegado para quedarse. No es sólo un tema del día, una tendencia. No es sólo otro ciclo tecnológico. Es algo que conducimos nosotros. Transformaciones fundamentales que necesitamos, que redefinirán nuestras economías y sociedades de manera profunda… y esa transformación provoca tremendas oportunidades”.
Luc Frieden, primer ministro de Luxemburgo y uno de los hombres clave en la economía de la Unión Europea del último cuarto de siglo, asume un aire calmado, casi doctoral, para describir en el Foro Económico de la CE, celebrado en Bruselas, la encrucijada en la que la IA sitúa a la Unión Europea. Todo lo contrario del volcánico premio Nobel de economía del año pasado, el francés Philippe Aghion (con un amplio y prestigioso perfil académico), que agita manos y brazos sin parar tras el atril, alza la voz con significativo énfasis y alerta de grandes riesgos y carencias del momento.
“Estados Unidos está por encima de todos. China está creciendo y Europa está en realidad menguando. Seguimos clavados en una tecnología de medio nivel. No tenemos un mercado de capital integrado, ningún DARPA, la Agencia de Proyectos Avanzados de Defensa [de Estados Unidos], que es una forma de conciliar la política industrial y la política de competencia”, clama Aghion.
“El problema en Europa es que, en nombre de la política de competencia, excluimos la política industrial. Dijimos que no habría ayuda estatal sectorial. ¡Fue una locura!”, prosigue el francés. “En Estados Unidos tienen competición, y tienen la DARPA, la ARPA de energía, la ARPA de Infraestructuras, la ARPA de biotecnología… Muchas cosas. Los chinos reconcilian una política industrial con cierta forma de competencia. Y en Europa… Tenemos una visión muy clara de Europa: principalmente ha sido diseñada para que no se peleen los unos con los otros. Y son demasiadas regulaciones: no hagas esto, no hagas esto, no hagas esto… En nombre de la política de competencia hemos excluido la política industrial. ¡Es un gran error!”.
La carrera global por la IA
Frente a la apasionada diatriba del premio Nobel, el premier luxemburgués, que intervino inmediatamente antes que él en la apertura del Brussels Economic Forum, dedicado este año al impacto de la IA, sugiere que Europa está todavía a tiempo de ser una potencia en ese campo. “No se trata de si Europa participa en esta nueva tecnología, sino de cómo lo hacemos. Observo nuestro debate político y a menudo lo enmarcamos en que la carrera global es entre Estados Unidos y China. Pero Europa, en mi opinión, no está destinada a ser una tercera opción. Podemos estar ahí si actuamos juntos”.
“Necesitamos una inteligencia artificial de Europa, por Europa y para Europa, si me permiten tomar prestada esa expresión americana. Necesitamos una inteligencia artificial que refleje de forma única valores europeos. Porque la IA acabará influyendo en todas las esferas de la vida y debe estar alineada con nuestro modo de vida y no con el modo de vida de otros continentes. Especialmente en una época en la que difieren. Europa es conocida por sus valores y principios, la libertad, la democracia, Estado de derecho, el imperio de la Ley… Por eso creemos en Europa. Y ese es el poder blando, si no el verdadero poder”, afirma Frieden.
El primer ministro de Luxemburgo Luc Frieden.
“El uso de la IA debe estar enraizado en esos valores. Cuando los periodistas usan la IA para escribir artículos deben estar alineados con la libertad de expresión. Cuando las empresas de redes sociales la usan para definir sus algoritmos deben hacerlo sin dañar nuestras sociedades democráticas. Cuando los médicos usan herramientas IA para investigar deben respetar, en nuestro continente, principios éticos. Porque el progreso necesita un propósito y las disrupciones tecnológicas han de significar que eso no cambia ni puede cambiar”.
Frieden añade planteamientos bien intencionados en cuanto a que “solemos enfocarnos en la palabra ‘inteligencia’ y olvidamos la otra, ‘artificial’. Lo que decimos implícitamente es que falta el toque humano. Y en Europa, la IA debe saber que no reemplaza a los humanos. Puede ayudar a ser más eficientes, tomar mejores decisiones. Pero al final, la decisión humana sigue siendo clave para que la revolución de la IA sea un éxito. Y es donde interviene el valor más intrínseco de Europa: la dignidad humana. La convicción de que cada persona tiene una importancia inherente simplemente por existir”.
Innovación y crecimiento
No podrá decirse que el discurso del premio Nobel Aghion, incluyendo en su mensaje una lección magistral sobre la economía del siglo XX, contradice la visión del político. “Estoy completamente en la misma sintonía que el primer ministro de Luxemburgo”, asegura. Pero sí que se centra en cuestiones menos etéreas cuando cita a Joseph Schumpeter por acuñar el concepto de “destrucción creativa”.
“Lo que quiere decir es que el proceso de la innovación desplaza a las viejas tecnologías, las hace obsoletas… Aunque no hay algo que pueda considerarse un modelo de crecimiento schumpteriano”, aclara Aghion.
“El modelo dominante cuando yo estudiaba era el de Solow: el crecimiento se genera por la acumulación de capital. Creas riqueza con un capital, guardas una parte de la riqueza para incrementar el capital… Y es probablemente un objetivo correcto. Pero no puedes crecer eternamente sólo con capital, necesitas algo más. Lo que Solow llama progreso técnico”.
Explica que él se propuso en 1987 redactar “un nuevo modelo, con la innovación y las empresas en el centro del proceso de crecimiento”, impulsado por un proceso acumulativo de innovación en el que cada innovador se basa en otras innovaciones previas. “La segunda idea es que las innovaciones no caen del cielo. Son resultado en gran medida de actividades emprendedoras, de inversiones en I+D, para obtener con ellas beneficios… hasta que seas superado por innovadores posteriores”.
Y esto le lleva a considerar que “la IA debe acelerar el crecimiento económico, automatizando la producción de bienes y servicios y también para producir ideas”. Porque, si “las ideas nuevas surgen de la recombinación de ideas anteriores, con la IA puedes recombinar mucho más y seleccionar mucho más rápido las ideas que quieres experimentar”.
Ambos ponentes ofrecen recetas, no para el futuro de la IA en Europa, sino para que Europa tenga un futuro en la IA.
Frieden ve tres pilares necesarios para el éxito, empezando por subrayar que “la IA no puede permanecer en un entorno completamente carente de regulación. Esto no significa regular los detalles hasta que no quede espacio. Se trata de proporcionar una gobernanza general que mantenga las soluciones IA dentro un mismo espacio. Necesitamos combinar la regulación con la innovación, no sobrerregulación”.
El segundo punto: “Necesitamos que la IA la desarrollen europeos. Universidades europeas. Centros de investigación implementados por empresas europeas. Y a ser posible, con capital europeo. El objetivo fundamental es claro: que Europa pueda producir soluciones para todo el mundo”.
Soberanía, datos y futuro
Y, por último, Frieden requiere “la soberanía europea. Que puedas tomar tus propias decisiones con libertad, que viene del control. Control de nuestros datos, de nuestra infraestructura y de nuestros modelos. Las preguntas son ¿quién posee los datos?, ¿quién opera con ellos? Si las respuestas están fuera de Europa las estamos arrojando contra nuestro futuro. Y no se confundan, no quiero una Europa-fortaleza, sino empujar hacia [la construcción de] campeones europeos, como un elemento estratégico. La IA no es proteccionista y este es un argumento en pro de la competencia”.
Reconoce los inconvenientes de falta de escala, velocidad de desarrollo (sugiere “desplegar primero y refinar después”) y que, en el viejo mundo, “las inversiones prefieren valores inmobiliarios o bonos”, antes que aportar dinero a las startups.
Pero asegura que “podemos competir con Estados Unidos y China y superarlos” si hay la “capacidad de movilizar inversiones públicas y privadas. Hay muy pocas empresas o gobiernos con soluciones de IA totalmente integradas. Podríamos construir gigafactorías IA. Pero corriendo el riesgo de quedarse en fábricas fantasma, sin clientes. Los gobiernos pueden liderar el camino estimulando la demanda a través de sus propias adquisiciones”.
Frieden se declara orgulloso del camino que sigue su país, e insta a la UE a establecer en esta materia una unión específica, sin fronteras. “En Luxemburgo no hacemos reglas, sino conexiones. Podemos pensar en pequeño o pensar europeo”.
Por su parte, el académico Aghion llama la atención sobre las investigaciones subyacentes en tecnologías como blockchain, visión computerizada y la propia IA generativa, todas ellas originadas en Europa, pero sin llegar a convertirse en “innovación revolucionaria hecha en Europa. Y eso es un drama. Gran parte de la investigación que se realiza en Europa ahora se implementa en Estados Unidos y cada vez más en China”.
Para enmendar la situación actual pide que se modifique el tratado de Maastricht “para no poner en la misma cesta el gasto que es recurrente con la inversión en transición energética, IA y defensa”. Y lamenta que el presupuesto de la UE “es demasiado pequeño. Mucha gente dice que ‘somos un gigante regulatorio y un enano presupuestario’. Y eso no puede seguir”.
Un gigante que, además, tiene un conocido problema de fragmentación. “Nos falta un mercado único para bienes y servicios. En Estados Unidos hay un gran mercado. Y lo hay en China. En Europa hemos segmentado los mercados por la práctica del ‘chapado en oro’: cada país, cada Estado miembro tiene su propia regulación por encima de la regulación europea. No tenemos un mercado de capitales integrado”.
Aghion añade que “la innovación disruptiva tiene que ver con fracasar. Si fracasas es porque lo intentaste, es lo que te dicen en Estados Unidos. Pero en Francia te ponen ‘orejas de burro’ (bonnet d’âne). Me las pusieron en mi juventud, se burlan del fallo que en América se estimula. ¿Cómo se puede estimular? Creo que a nivel de investigación, con financiaciones a largo plazo, de las que no tenemos suficiente. Estoy a favor de que el Consejo Europeo de Investigación adquiera más autonomía, que sea como el Banco Central Europeo, con un presupuesto mucho mayor. Que pueda financiar no sólo a personas, sino también a laboratorios de investigación, en base a plazos de diez años, no de cinco. Y hay que asumir riesgos con las startups. Hace falta capital riesgo”.
Una diatriba más: “Se necesita regulación, pero si sobrerregulas, los actores grandes saben cómo lidiar con ello. Los recién llegados, no. Así que demasiadas regulaciones van contra la competencia. Necesitamos código abierto, acceso fácil a datos, un mercado digital extendido [en referencia también a la nube] y evitar el exceso de normativa. Regular inteligentemente. Y también, que es donde la política industrial resulta complementaria de la política de competencia, se necesita inversión pública en capacidad de computación y difusión de la IA”.
El premio Nobel hace una llamada a un cambio de cultura social, frente al hecho de que la IA destruye algunos empleos y crea otros: “Necesitamos mejor educación y seguridad flexible. Yo creo en el sistema danés: cuando pierdes tu empleo, durante dos años recibes el 90% de tu salario. El Estado te ‘reentrena’ y te ayuda a encontrar un nuevo trabajo. Y tienen un buen sistema educativo. Para aprovechar el potencial de creación de empleo de la IA y hacer más suave la transición de los viejos empleos a los nuevos necesitamos reformar nuestro sistema educativo”.
“La libertad, la democracia y el modelo social están en Europa, la preocupación climática, también. Y eso es un enorme poder blando con el que podemos atraer a los mejores investigadores en IA. Yann LeCun, por ejemplo, que fue jefe de investigación de Meta, está regresando a Europa para desarrollar lo que cree que será la próxima revolución de la IA. Tenemos los matemáticos y los ingenieros que nos permitirán recuperar el crecimiento en Europa. Nuestra demografía declina y queremos reducir otra vez la brecha entre la renta per cápita de Estados Unidos y la nuestra. La inteligencia artificial es nuestra gran esperanza”, concluye.