John Gazal, vicepresidente de OVHcloud para el sur de Europa y Brasil, en un montaje.

John Gazal, vicepresidente de OVHcloud para el sur de Europa y Brasil, en un montaje.

Europa

La batalla por la nube europea se debate entre la soberanía, energía y la dependencia de los grandes hiperescalares

La compañía francesa OVHcloud apela a la nacionalidad del 'cloud' como garantía frente a leyes extraterritoriales y gana peso en proyectos públicos europeos. Sin embargo, la dependencia tecnológica, el coste de las migraciones y la falta de escala condicionan la transición hacia proveedores soberanos.

Más información: John Gazal (OVHcloud): “España está en el 'top' de prioridades para abrir nuestro próximo centro de datos”

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Las claves

El mercado de la nube soberana en Europa crecerá de 6.000 a 23.000 millones de euros en un año, impulsado por la demanda de soberanía y seguridad de datos.

OVHcloud defiende que la soberanía de la nube depende de la nacionalidad del proveedor, no solo de la localización de los datos, diferenciándose de los grandes hiperescalares estadounidenses.

La compañía apuesta por un modelo industrial sostenible con reutilización de componentes, uso de energías renovables y tecnologías para optimizar el consumo energético en sus centros de datos.

OVHcloud busca facilitar la portabilidad y evitar el 'lock-in' ofreciendo soluciones basadas en estándares abiertos, mientras refuerza su infraestructura y capacidad de suministro frente a retos globales.

El consumo de nube soberana en Europa pasará de 6.000 millones en 2025 a 23.000 millones el próximo curso y se prevé que alrededor de un 20% de las cargas que actualmente radican en hiperescalares pasarán en los próximos años a este tipo de propuestas localizadas en el Viejo Continente. Esas son las cifras que maneja el proveedor galo OVHcloud, que busca aprovechar el discurso geopolítico dominante en estos convulsos momentos para revitalizar unas infraestructuras digitales con marchamo propio de la UE.

“Hemos vivido siempre a ritmo de ciclos económicos y parece ahora que estamos viviendo a ritmo de disrupciones, una variedad y una intensidad nunca vistas”, explica John Gazal, vicepresidente de la firma para el sur de Europa y Brasil. Y enumera esas disrupciones a renglón seguido: “La geopolítica, la energía y el coste, la cadena de suministro y la tecnológica”.

Para él, la consideración de qué nube utilizar ya no es una cuestión que ataña únicamente a la tecnología, sino que el plano de la soberanía de los datos debe ser hegemónico: “La nube es una infraestructura crítica y tiene que ser protegida por las empresas y por las administraciones públicas. Estamos viendo que este tema ya está en las agendas de los comités ejecutivos, ya está en las agendas de los gobiernos”.

La forma en la que OVHcloud intenta diferenciarse se resume en una línea roja que Gazal quisiera fuera la norma en el sector: “La soberanía del dato no depende de la localización del dato, sino depende de la nacionalidad del proveedor. Si eres europeo no estás sujeto a leyes extraterritoriales. OVHcloud es soberana sencillamente porque es europea. Somos soberanos por diseño”.

Ese discurso no se queda en la reivindicación pública, demasiado elegante si cabe para un dardo directo a compañías como AWS, Microsoft o Google que han creado estructuras corporativas artificiales en Europa con las que comercializar sus autodenominadas soluciones soberanas. Gazal cree que la realidad geopolítica y los vaivenes de Estados Unidos respecto a nuestra región han abierto los ojos a muchos: “Lo estamos viendo en nuestro día a día en España, en especial en nuestras conversaciones con partners, con grandes empresas y con la administración pública; nos demandan soberanía, seguridad y resiliencia”.

Eso sí, con la enorme falta de apoyo real del propio sector público, el cual sigue apostando mayoritariamente por soluciones de hiperescalares en lugar de por los proveedores propios europeos. Aunque John Gazal recuerda algunos hitos (como el euro digital del Banco Central Europeo, donde “se especificaba que los actores cloud tenían que ser soberanos”, o el marco impulsado por la Comisión Europea con “casi 200 millones de euros” destinados a este tipo de infraestructuras), reconoce sin ambivalencias que con un mayor apoyo desde los pliegos "se podría duplicar la inversión de compañías como la nuestra y abordar proyectos de mayor calado".

Ese es el gran reto, hoy por hoy, de OVHcloud: aunque es la única enseña europea en el 'top10' de proveedores de nube a escala global y posee una cartera de soluciones equivalentes a las de sus rivales norteamericanos, su adopción dista de ser tan sencilla y flexible como las de sus competidores. La razón vuelve a ser esa necesidad de abordar grandes proyectos e implementaciones que creen la escala suficiente en su ecosistema y, de vuelta, repercuta en el resto de clientes.

Lo reconoce Adrián González, encargado de la parte tecnológica en la compañía: “Cuando entras en un entorno tecnológico determinado, está claro que estás entrando en una etapa donde puedes tener ciertas complejidades a la hora de buscar su homólogo”. Una vertiente de esta afirmación es la ya mentada; la otra es que el lock-in sigue siendo una realidad estructural del mercado. La respuesta de su compañía pasa por apoyarse en estándares abiertos y en la promesa de portabilidad: “Igual que tú entras en OVHcloud hoy, mañana te puedes ir a cualquier lugar y el perfil de todas las soluciones que consumes con nosotros es exactamente el mismo”.

Modelo industrial y crecimiento

El otro gran eje del discurso se sitúa en la infraestructura física y el modelo industrial, donde OVHcloud intenta marcar distancia frente a los grandes proveedores globales. John Gazal insiste en que su modelo “es bastante único” y lo aterriza con ejemplos concretos: “La mayoría de nuestros 46 centros de datos son edificios de segunda vida, el 100% de los servidores vuelven a la fábrica, se desmontan y se reutilizan todos los componentes que se pueden utilizar y desde los inicios hemos utilizado como tecnología preferente el water cooling”.

No es algo baladí: la idea que quiere trasladar el directivo es que esa aproximación le permite ser más eficiente en un momento donde la energía se ha convertido en un factor crítico. Y si no que se lo digan al precio del petróleo y las inciertas perspectivas del conflicto en Irán y Oriente Medio.

Pero es que, incluso descontando de la ecuación la guerra, el peso de ese factor no es menor. “Se estima que entre el 2% y el 3% del consumo de energía lo hace el sector tecnológico y dentro de ese porcentaje el 50% lo están haciendo los centros de datos”, recuerda Gazal. La respuesta de la compañía pasa por reforzar su narrativa de sostenibilidad: “ya utilizamos un 100% de energías renovables a nivel internacional”, además de proyectos concretos como el uso de inteligencia artificial para optimizar el consumo en centros de datos, donde aseguran haber logrado “reducir un 50% el consumo de energía y un 30% el consumo de agua”.

Ese enfoque industrial también se utiliza como argumento para responder a otro de los grandes retos del sector: la cadena de suministro. Gazal pone dos ejemplos concretos para ilustrarlo. Por un lado, su relación con Broadcom, una de las compañías más odiadas por las empresas tras los cambios de precios en VMware: “Somos partners históricos y eso nos permite dar continuidad de negocio a nuestros clientes”. Por otro, el acceso a componentes críticos, especialmente de memorias, que está prácticamente interrumpido a escala global: “Somos fabricantes de hardware, uno de los mayores consumidores de RAM en Europa, y eso nos da acceso preferente”.

El impulso de la IA

En paralelo, González describe un cambio en la forma en la que las empresas se relacionan con la inteligencia artificial, alejándose de la pura tecnología para centrarse en casos de uso. “Las preguntas han pasado de ser requerimientos tecnológicos a cuestiones de estrategia y de cómo solucionamos los condicionantes de mercado”, explica, en un contexto donde la IA se está desplazando desde los modelos hacia la aplicación práctica. “La aceleración ya no procede de los modelos de lenguaje, procede de las herramientas y de la capacidad de las empresas de integrarlas en sus flujos de trabajo”.

Ese movimiento encaja con la estrategia de la compañía, que insiste en ofrecer acceso a infraestructura avanzada sin romper su lógica de soberanía y apertura. “Seguimos disponibilizando los últimos recursos de GPU y ampliando plataformas con modelos open source”, añade Adrián González, manteniendo el mismo hilo argumental: tecnología avanzada, pero sin dependencia estructural.