Imagen de una persona utilizando un dispositivo con IA.
La IA se consolida en la sociedad española: crece su uso, el conocimiento y aporta competitividad
La adopción de la IA se asienta en ciudadanos y pymes, aunque todavía falta gobernanza en el caso de las empresas, según el Observatorio Anual IAON.
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De este 2026 transitado solo a medias ya se puede concluir que la industria asociada a la inteligencia artificial ha cumplido su principal propósito: pasar de las posibilidades a la realidad y del laboratorio a la producción. Ha dejado claro que el desarrollo de los últimos años y el debate asociado a esta tecnología no han sido estériles. Y que los agentes autónomos ya están reformulando negocios enteros, permeando en todo tipo de departamentos y, en consecuencia, impulsando parte del tejido económico.
Al menos, en lo que a gran empresa se refiere. Hace escasos días contábamos en las páginas de DISRUPTORES – EL ESPAÑOL el caso de éxito de Naturgy. La IBEX 35 ha desplegado hasta 130 aplicaciones prácticas para todas sus unidades operativas. Y, sobre todo, para mejorar la calidad de su call center: recibe consultas continuas de sus cerca de 20 millones de clientes en todo el mundo.
Pero el estado de madurez no puede medirse sólo por el músculo exhibido por los gigantes multinacionales, sino por la capacidad de adopción de todos los estratos sociales: desde el ciudadano de a pie hasta la pyme pasando por el sector público.
Más en un país como España, que está compuesto por pequeñas y medianas empresas en más del 95% de su actividad corporativa.
Desde las instituciones gubernamentales aprovechan cualquier aparición pública para evangelizar sobre la importancia de democratizar la IA. De que los civiles la ‘toquen’ con sus propias manos y las organizaciones definan estrategias ad hoc para avanzar con pequeños pasos.
Por ende, la cuestión es en qué cotas de adopción de esta tecnología nos movemos como país en toda su heterogeneidad. La respuesta es optimista: repunta su uso, se consolida el conocimiento y hace ganar competitividad.
Más uso, menos confianza
Al menos así lo afirma el segundo Observatorio Anual IAON, una iniciativa impulsada por el Gobierno de Aragón, Microsoft e Ibercaja para, según sus objetivos fundacionales, “promover una inteligencia artificial ética, accesible y con un impacto social positivo”.
De los resultados de este último barómetro cabe subrayar que, mientras más de la mitad de la población española no había utilizado la IA en 2025, la cifra ha bajado al 31,2% a lo largo de este ejercicio. También crece su frecuencia de uso: un 19,8% trata con ella a diario y un 19,3% varias veces por semana.
Por otra parte, ha bajado la confianza en estos sistemas. “La ciudadanía ya no observa la IA como un agente autónomo capaz de tomar decisiones por sí mismo, sino como una herramienta que debe estar al servicio de las personas”. Esta frase se traduce en que en ámbitos sensibles como la educación, la salud, o las finanzas, no se delegaría la decisión final en la máquina.
No obstante, puntualizan desde el Observatorio, este fenómeno se interpreta como una señal de madurez.
Asimismo, y en lo que se refiere a la democratización, la percepción de desigualdad continúa siendo mayoritaria, aunque desciende con respecto a 2025: si el 68,2% de la población consideraba que los beneficios de esta tecnología se concentraban en grupos con poder económico o acceso digital, ahora la cifra es del 58,4%.
La pyme gana competitividad pero falta gobernanza
En lo que se refiere a autónomos, micropymes y pymes, el estudio destaca que el 40% de los encuestados indica que mejora su competitividad. En cualquier caso, emprender proyectos de este tipo, y con inversiones modestas, puede suponer una ardua tarea que obtiene el resultado de suspenso en muchos casos.
De hecho, el informe advierte de que la mayoría carece de gobernanza interna, protocolos de uso o estrategias formativas estructuradas. “La adopción crece, pero todavía no se acompaña de una gestión adecuada”.
En cuanto a las preocupaciones, la privacidad y la seguridad de los datos se mantienen como la inquietud más extendida por detrás de la pérdida de empleos y la desigualdad económica. Precisamente, este último ámbito ha descendido con respecto al documento de 2025: la ciudadanía percibe que la IA transformará los puestos de trabajo, pero no necesariamente los eliminará.