Ilustración representando a mujeres en diferentes profesiones STEM, creada con inteligencia artificial.

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España 8M - DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

La competitividad digital española se construye con un eterno desequilibrio de género

Mientras el empleo tecnológico crece hacia el millón de especialistas en España, la presencia femenina se mantiene estancada en torno al 19%, con una brecha salarial anual del 15,74% y solo un 24,83% en alta dirección.

Más información: 8M(ujeres), 8M(iradas): la tecnología, en femenino

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Las claves

En España, las mujeres representan el 57,1% del alumnado universitario, pero solo el 17,7% en Informática y el 32,6% en Ingeniería, industria y construcción.

La presencia femenina en el sector tecnológico español apenas alcanza el 19,5% de los especialistas TIC, una cifra que apenas ha mejorado en la última década.

El salario medio anual de las mujeres en el sector tecnológico es de 25.591,31 euros, frente a los 30.372,49 euros de los hombres, reflejando una brecha salarial significativa.

La presencia de mujeres en consejos de administración de empresas cotizadas españolas es del 36,58%, pero en la alta dirección solo llega al 24,83%.

La economía digital se autopercibe vertiginosa, casi taquicárdica, siempre hablando de exponencialidades y disrupciones como si el tiempo fuese una variable domesticada. Pero bajo esa epidermis acelerada late una inercia mucho más pesada: su brecha estructural de género se mueve con parsimonia geológica. Y ésta empieza desde el comienzo de la carrera profesional.

España exhibe con razón una universidad feminizada, mayoritaria en todas las estadísticas. Empero, esa hegemonía académica se arredra justo cuando el itinerario conduce al sanctasanctórum tecnológico, al núcleo donde se engarzan infraestructuras críticas, arquitecturas de software e innovaciones que ya no son meras herramientas productivas, sino la condición de posibilidad sobre la que descansa casi cualquier actividad económica contemporánea.

En el curso 2024–2025, las mujeres representan en nuestro país el 57,1% del alumnado de grado. Sin embargo, en Informática, las mujeres son el 17,7%. En el ámbito de Ingeniería, industria y construcción, el 32,6%. Cuando se mira la agregación de Ingeniería y Arquitectura, los porcentajes se mueven en torno al 28%. Es decir: mayoría en el campus, minoría en el código y en las máquinas.

Ese salto no es una anécdota estadística, que además se viene perpetuando año a año. Es una fractura de diseño, porque no describe únicamente lo que estudian las mujeres, sino lo que el país va a estar en condiciones de producir, de mantener y de gobernar en la siguiente década. La universidad, en este sentido, no actúa como ascensor de igualdad, sino como espejo ampliado de una segregación previa que viene de la escuela, de la cultura y, sobre todo, de la expectativa.

No es una situación exclusiva de España. En el ámbito de la OCDE, menos del 1,5% de las adolescentes declara querer trabajar en profesiones digitales en el futuro, frente a casi el 10% de los chicos. Así que, antes de que el mercado pueda siquiera discriminar por género, la vocación ya llega descompensada.

Decimos que el mercado laboral termina de solidificar la asimetría porque eso demuestran las cifras. En Europa, en 2024, las mujeres representan el 19,5% de los especialistas TIC, por el 19,4% en 2023. Y, lo más revelador, la mejora histórica es desesperadamente modesta: en 2013 eran el 16,7%, y en 2022 el 18,9%. Una década de expansión tecnológica para avanzar apenas 2,7 puntos.

España, en el indicador de mujeres especialistas digitales que se maneja en las estadísticas institucionales, se sitúa en el 19,5%. La escena es la misma, con acento local: se contrata más tecnología, se habla más de inteligencia artificial, se promete más transformación, pero el peso femenino en la primera línea técnica sigue orbitando alrededor de ese umbral de una de cada cinco.

Este patrón adquiere una gravedad adicional si se atiende al tamaño de la ola que viene. Las propias proyecciones oficiales dibujan un crecimiento sostenido del empleo especializado a hombros de la inteligencia artificial. España se mueve en una trayectoria que supera el millón de especialistas TIC a partir de 2024 y apunta a un entorno de 1,21 millones en 2026. Pero si la feminización no acompaña, lo que se está ampliando no es solo el sector, sino el desequilibrio.

El salario muestra el síntoma con la frialdad que le es propia. En España, según la estadística oficial, el salario anual medio de las mujeres en 2023 fue de 25.591,31 euros, frente a 30.372,49 euros en el caso de los hombres.

En la cúspide corporativa, la fotografía también tiene doble velocidad. En los consejos de administración de las cotizadas españolas, la presencia femenina alcanzó el 36,58% a cierre de 2024. En el IBEX 35, el 41,27%. Hay avance, y es real. Pero cuando se baja de la gobernanza al mando operativo, la cifra se encoge: las mujeres ocupan el 24,83% de la alta dirección. El sistema demuestra que puede cumplir objetivos en el perímetro visible y regulado, mientras mantiene una resistencia persistente en el perímetro donde depende puramente del presupuesto.

A este punto siempre se llega con el mismo subtexto: “falta tiempo”. Y, sin embargo, el tiempo lleva años pasando sin corregir el corazón del problema. Una parte de la explicación está en el coste de permanecer. Cuando se analiza el entorno real, ya no solo la estadística de entrada, aparecen otras muchas cifras que arrojan más síntomas preocupantes en estas lides.

Las investigadoras declaran haber sufrido acoso sexual “alguna vez” en un 13,2%, frente al 1,6% de los hombres; y acoso por razón de género en cifras todavía más elevadas. No se trata sólo de sumar mujeres al sistema; se trata de si el sistema está diseñado para que esas mujeres puedan construir una carrera sin desgaste constante, sin penalización social y sin el goteo de violencia simbólica o explícita que termina expulsando talento.

El ecosistema emprendedor funciona como un laboratorio acelerado de esas mismas inercias. En paralelo al discurso de meritocracia, las trayectorias de financiación siguen dibujando un mapa desigual. En 2025, ENISA financió 514 empresas con 86,2 millones de euros; dentro de ese total, el programa de Emprendedoras Digitales concentró 59 préstamos por 8,7 millones. Son cifras relevantes porque muestran una voluntad de intervención, pero también porque subrayan lo obvio: si el mercado corrigiera por sí solo, no haría falta un programa que se llame así.

El 8M de 2026 llega, por tanto, con una tesis que ya no se sostiene en gestos ni en proclamas. La brecha es un atributo del presente tecnológico y es labor de todos luchar por cerrarla cuanto antes.

Batería de datos

Todas las cifras recogidas en este reportaje proceden de fuentes oficiales y referencias internacionales, incluyendo: Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU), Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Datos y Cifras del Sistema Universitario Español 2025-2026; Eurostat, estadísticas sobre ICT specialists y Gender Pay Gap (news releases 2024 y 2025 y tablas correspondientes de la base de datos oficial); Informe España – Década Digital 2025 (Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública / ONTSI - Red.es); Encuesta Anual de Estructura Salarial 2023 (INE); Serie histórica de brecha salarial 2008–2023 del Instituto de las Mujeres (sobre base INE); Informe anual de gobierno corporativo de la CNMV (datos cierre 2024 sobre presencia femenina en consejos y alta dirección); Científicas en Cifras 2025 (FECYT / Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades); Informe Women in the Workplace 2025 (McKinsey & Company y Lean In); y nota de resultados 2025 de ENISA sobre financiación empresarial y programa Emprendedoras Digitales.