Es posible que conozcáis una empresa que se llama k-ID, una plataforma de tecnología de cumplimiento y seguridad digital que ayuda a desarrolladores y videojuegos a gestionar de forma automatizada la verificación de edad, el consentimiento paterno y la privacidad de los menores según las regulaciones locales de cada país.

Su consejero delegado, Kieran Donovan, dijo una frase que me parece interesante y que me hace reflexionar: “La primera lección que aprende un niño al entrar en internet es a mentir”. Mentir para poder usar distintas redes sociales diciendo que es mayor de edad, para poder crear una cuenta en Meta, en TikTok, en Roblox o Spotify (¡sí, su chat también tiene peligro!)… vaya principio más esperanzador, que un niño aprenda a mentir en unas plataformas que están diseñadas para manipularnos y conducirnos hasta eliminar el pensamiento crítico para poder ganar muchos millones a nuestra costa.

Por suerte, parece que ya nos hemos cansado de fingir que los métodos de verificación de edad y de consentimiento paterno son un mecanismo de protección de nuestros hijos. Nos hemos dado cuenta de que no era más que un lavado de manos corporativo, aunque haya sido pagando el coste de tener una generación que ha crecido, que se ha desarrollado intelectualmente conducida, manipulada por empresas cuyo único objetivo era y es ganar dinero con ello. Plataformas como Meta que fueron diseñadas con mecanismos de fidelización agresivos y chats opacos donde la moderación de contenidos no recibe la importancia que tiene.

Como claman los directivos de las grandes empresas de IA, la autorregulación es una utopía, una ficción. Parte de nuestra sociedad se revuelve contra la manipulación continua de estas empresas. Una de las demostraciones más evidentes es el acuerdo histórico que Meta se ha visto obligada a aceptar en Estados Unidos: una sanción de unos 18.000 millones de dólares tras las demandas interpuestas por más de medio centenar de fiscales generales. La acusación es contundente: haber diseñado deliberadamente sus algoritmos y funciones para enganchar a los jóvenes, perjudicando su salud mental con premeditación y alevosía.

Puede parecer una cifra elevada, sobre todo si tenemos en cuenta que Banco Santander en 2025 generó un beneficio de 14.101 millones, BBVA ganó 10.511 millones en el mismo periodo o que las 3 empresas españolas (Iberdrola, Inditex y CaixaBank) que las siguen en el top 5 de beneficios del año pasado generaron alrededor de los 6.000 millones.

Pero para Meta, para una empresa que en 2025 ganó 60.458 millones y que invierte cifras colosales en infraestructura de inteligencia artificial (¿menguará ahora?), esta suma no es una condena moral, no significa reconocer que tienen que cambiar, es un impuesto para seguir funcionando con algo de maquillaje, para seguir ganando millones monetizando la atención de sus usuarios y su capacidad de influir en todo, incluidas elecciones y manifestaciones. El problema al que nos enfrentamos como sociedad es que la adicción digital es el modelo de negocio en sí.

Hace unos días, James Talarico, representante demócrata por Texas, dijo otra frase interesante, un recordatorio de un clásico de la manipulación llevada al extremo gracias a las redes sociales. James dijo: “Nos distraen haciendo que peleemos entre la izquierda y la derecha para que no miremos hacia arriba, hacia el puñado de multimillonarios que acumulan el poder”. Es innegable que dio en el clavo de la economía política del algoritmo. Las guerras culturales, el choque identitario y la polarización extrema en redes sociales no ocurren por generación espontánea. Son el resultado directo de unos sistemas de recomendación optimizados para maximizar el engagement mediante la indignación. La indignación genera clics, retención y tiempo de pantalla. La cohesión social y el análisis crítico, no.

Vemos cómo las movilizaciones por múltiples países europeos por el precio de la vivienda, la pérdida de poder adquisitivo y la precariedad no dejan de multiplicarse. Me pregunto si es posible que las plataformas nos conduzcan y reconduzcan la rabia del pueblo hacia enemigos de paja… Y que mientras tanto, la concentración de capital y el dominio de los modelos fundacionales de IA siguen consolidándose en un puñado de manos sin apenas fiscalización pública, de los billionaires que dice Talarico; y, por qué no, de unos pocos gobiernos en la sombra.