Ricardo Fernández, CEO de Destinia.
Cada vez me reúno con más emprendedores, dentro y fuera de mi sector, el turismo, para hablar de escalabilidad: qué deben hacer para vender a nivel global, para ser exitosos. Nunca tengo una respuesta clara: cada empresa es un mundo, imposible de conocer de verdad en 30 minutos y lo que funciona para unos, la mayoría de las veces, no es 100% trasladable a otro.
Como decía el Dr. House, todo el mundo miente. Los emprendedores también tendemos a contar la versión más bonita de nuestras empresas. Así que, al final, más que dar recetas concretas, acabas hablando de principios generales. Y siempre que hablo con emprendedores españoles, hablo de dos cosas: internacionalización y talento.
Hay una realidad que no podemos ignorar: España es un mercado pequeño a escala global. Salvo que crees una categoría nueva o te conviertas en número uno muy rápido, es difícil llegar a tu máximo potencial sin salir fuera.
Hago siempre el mismo ejercicio: imagina que tu empresa fuera de Florida. Si Florida fuera un país independiente, sería la 15ª economía del mundo por PIB nominal según el FMI, por delante de España. Tiene unos 23,4 millones de habitantes, casi la mitad que España, pero una riqueza per cápita de cerca de 74.000 dólares, el doble que la nuestra (en torno a 35.000 euros). Si nacieras en Florida y capturaras una cuota "suficiente" para demostrar crecimiento, a nadie se le ocurriría quedarse solo ahí: irías a Texas, a Nueva York. Hay diferencias fiscales entre estados, pero nadie las usaría como excusa para no crecer.
Sin embargo, las empresas españolas dudamos al salir fuera. Nos sentimos cómodos en mercados de proximidad como Portugal o Francia, pero "sufrimos" al atacar Reino Unido o Alemania, los verdaderos grandes mercados en nuestra región. Los números lo confirman: España lidera el sur de Europa en inversión en startups (2.000 millones de dólares invertidos en 2025, un 18% más que en 2024) pero lejos todavía de Francia, Alemania y Reino Unido. El ecosistema ya vale unos 125.000 millones de euros, con más de 5.000 startups, más de 400 scaleups y entre 12 y 17 unicornios. Pero cerca del 70% de las startups españolas fracasa antes de cumplir cinco años.
Y aquí entra el segundo vector, el talento. Vuelvo al fútbol: en el Mundial de 1994, ninguno de los 22 jugadores de la selección militaba en un club extranjero (la Ley Bosman no llegaría hasta 1995, y los cupos de extranjeros en LaLiga eran muy restrictivos). En la final de 2010, de los 14 jugadores que pisaron el césped solo dos (Cesc en el Arsenal y Torres en el Liverpool) jugaban fuera de España en ese momento. Pero lo relevante es otro dato: buena parte de esa generación dorada sí había salido al extranjero de joven (Xabi Alonso, Piqué, Cesc, Torres) y otros lo hicieron siendo todavía menores de 30 (Navas) antes de volver o de foguearse cada semana contra lo mejor de Europa. A eso se suma el efecto contrario: el aluvión de extranjeros que Bosman trajo a LaLiga, que elevó el nivel de entrenamiento diario de toda una generación de canteranos.
Esa doble corriente —talento español que salía y crecía fuera y extranjeros que venían y elevaban el nivel de las competiciones locales— es, para mí, tan responsable del título de 2010 como cualquier factor táctico. Y es justo el camino que todavía estamos transitando y que puede llevarnos al siguiente nivel: repatriar talento que haya vivido la experiencia de una scaleup en Londres o Berlín y atraer perfiles internacionales que traigan ese conocimiento a nuestro ecosistema.
Hay muchas razones para nuestra duda a la hora de salir: el idioma, la dificultad de acceder a capital, la falta de esos perfiles internacionales que nos ayuden para entender a los grandes mercados de consumo. Pero hay dos vectores que no dependen de ningún informe: la ambición y el miedo.
En los días previos a la final del Mundial, Rodri, nuestro capitán dijo: "Hay que tener más ganas de ganar que miedo a perder". No se me ocurre mejor consejo para un emprendedor. Hace falta perder el miedo a salir, traer y exportar talento, y jugar la final fuera de casa.
***Ricardo Fernández es CEO de Destinia.