Nacho Mas.
Europa lleva años haciéndose la misma promesa: completar de verdad su mercado único y crear un entorno en el que una empresa innovadora pueda nacer, crecer y competir sin verse frenada por la propia arquitectura del continente. La realidad, sin embargo, sigue yendo por detrás del discurso. Tenemos talento, tenemos conocimiento, tenemos emprendedores capaces de construir compañías ambiciosas. Lo que seguimos sin tener es un marco suficientemente simple, homogéneo y competitivo para que esas compañías escalen con la agilidad que exige el mercado global.
Por eso iniciativas como EU Inc. merecen una lectura positiva. Van en la dirección correcta porque parten de un diagnóstico que el ecosistema tecnológico lleva años repitiendo: Europa se ha vuelto demasiado compleja para quien quiere emprender con ambición transfronteriza. Crear una empresa, operar en varios países o plantear una ronda con inversores internacionales sigue implicando una fricción que no debería existir en un espacio económico que aspira a jugar un papel protagonista en la innovación mundial.
Ese es, precisamente, el valor de una propuesta como EU Inc. Si ayuda a simplificar estructuras, a dar más claridad jurídica y a hacer Europa más entendible para fundadores, fondos e inversores internacionales, será un avance relevante. Y lo será porque hoy la complejidad europea tiene un coste muy real. Retrasa decisiones, enfría operaciones y, en demasiados casos, empuja a muchas compañías a buscar fuera lo que aquí debería resultar natural.
Ahora bien, conviene no confundir una buena señal con una solución completa. Europa arrastra problemas de fondo que no se resuelven únicamente con una figura societaria común o con una mejor coordinación administrativa. Ahí está la fiscalidad, que sigue marcando diferencias importantes entre países en cuestiones decisivas para fundadores, inversores y talento. Ahí están también las stock options, todavía lejos de contar con un tratamiento claro y atractivo a escala europea. Y ahí sigue estando una cuestión de fondo mucho más amplia: la dificultad de convertir el potencial innovador europeo en compañías de gran escala capaces de competir con ventaja en el mercado global.
Ese es el verdadero debate. Europa no puede conformarse con ser un buen lugar para investigar, incubar o atraer talento en etapas tempranas. Tiene que convertirse también en un lugar donde merezca la pena quedarse cuando llega el momento de crecer de verdad. Mientras los fundadores sigan percibiendo que para escalar con rapidez, captar inversión o atraer determinados perfiles resulta más eficaz estructurarse fuera, seguiremos teniendo una asignatura pendiente.
También hay que entender el contexto. Esta conversación ya no va solo de emprendimiento en sentido estricto. Va de competitividad, de autonomía económica y de capacidad de Europa para sostener su posición en un entorno cada vez más exigente. El mundo se está reorganizando a gran velocidad en torno a la tecnología, al capital y a la capacidad industrial. En ese escenario, dificultar la vida a quien construye empresa dentro de Europa es un error estratégico.
Por eso el mayor riesgo de EU Inc. no está en la idea, sino en la ejecución. Europa no necesita otra capa institucional bienintencionada que termine añadiendo más complejidad a la complejidad existente. Necesita herramientas útiles, comprensibles y aplicables. Necesita medidas que se noten en la práctica. Y necesita, sobre todo, una voluntad política real para asumir que competir de verdad exige ceder rigidez, armonizar marcos y pensar más en escala europea y menos en inercias nacionales.
Dentro de unos años, el éxito de esta iniciativa no debería medirse por el número de documentos aprobados ni por la calidad técnica de su diseño. Debería medirse con una pregunta muy concreta: si hoy un emprendedor europeo quiere construir una compañía global, ¿siente que Europa le facilita el camino o sigue viéndola como un territorio lleno de obstáculos? Ahí estará la respuesta.
Europa tiene todo lo necesario para liderar una parte muy relevante de la próxima ola de innovación tecnológica. Lo que necesita ahora es dejar de poner a prueba la paciencia de quienes quieren construirla desde dentro. EU Inc. puede ser un paso importante. Pero ha llegado el momento de que Europa deje de conformarse con buenas intenciones y empiece, de una vez, a tomarse en serio las condiciones que ofrece a sus empresas.
*** Nacho Mas es CEO de Startup Valencia & VDS.