Miguel Martínez Vélez, miembro del consejo de administración y Chief Product Officer (CPO) de Arsys
Desde la popularización de la ofimática en los ochenta, o incluso mucho antes, Europa ha ido dejando su futuro tecnológico y digital en manos ajenas. Solo el pasado año, las empresas europeas pagaron alrededor de 264.000 millones de euros a proveedores tecnológicos extracomunitarios. Y cada euro que sale de la Unión Europea es, sencillamente, un euro que no se reinvierte en empleo ni en competitividad futura en un mercado cada vez más digitalizado y globalizado.
Europa quiere romper este círculo vicioso y recuperar el control de su tecnología. Lo hace con el denominado Paquete de Soberanía Tecnológica, que aborda de manera integral toda la cadena de valor del mercado tecnológico: desde los chips hasta la inteligencia artificial, pasando por los servicios en la nube, el consumo energético o el software de código abierto, que se articula como la gran alternativa para aumentar la resiliencia europea.
El paquete supone un paso decisivo para consolidar una nueva dinámica en el mercado IT que lleve hacia una Europa más competitiva y digital, donde se refuercen sus valores en materias como privacidad, sostenibilidad, seguridad, libre competencia, interoperabilidad y portabilidad, pero que, sobre todo, reduzca la dependencia de terceros países que no comparten esos mismos principios.
La soberanía digital va más allá de la geografía
Por mucho que las turbulencias geopolíticas hayan popularizado el concepto de soberanía digital, sigue siendo un término que necesita aclaración. La soberanía digital no es una cuestión geográfica de dónde están los centros de datos, porque un proveedor está obligado a cumplir la normativa de su país de origen, independientemente de dónde ubique su infraestructura. La soberanía digital está directamente relacionada con el cumplimiento normativo y, ante los modelos mixtos, donde unos aportan la tecnología y otros la operan, se hace cada vez más imprescindible establecer una definición vinculante.
Una nube soberana tiene que aplicar la soberanía y la independencia en cinco dimensiones verificables: la ubicación en la Unión Europea, la no afectación por legislación extracomunitaria, el control operativo, las herramientas de desarrollo y la cadena de suministro. Una nube es soberana o no lo es. No existen puntos intermedios. Si no se cumplen estas cinco condiciones, no hay una soberanía real y se continúa alimentando la dependencia tecnológica.
Al igual que hay que establecer definiciones, también hay que aclarar que esta manera de entender la soberanía digital está directamente relacionada con la libertad para tomar decisiones, pero no implica aislacionismo ni proteccionismo tecnológico mal entendido. Europa sigue compitiendo en un mercado global y seguirá recurriendo a proveedores no comunitarios, muy especialmente en el desarrollo del hardware, que es una industria a largo plazo. Pero Europa tiene que mantenerse firme en sus valores respecto a las condiciones de esa cooperación con los fabricantes extracomunitarios para reducir sus dependencias y tener mayor capacidad de decisión en su Transformación Digital.
La soberanía digital pasa ineludiblemente por el código abierto, una manera de entender el software que la Unión Europea considera estratégica. El open source no solo facilita la redistribución en la región de los miles de millones de euros que fluyen hacia tecnologías propietarias no europeas, también garantiza una mayor autonomía digital a los usuarios. Este modelo permite que las empresas tomen las riendas de su transformación, elimina la dependencia de los proveedores y abre las puertas para que los activos tecnológicos puedan moverse de un servicio a otro. Conceptos que en el sector se conocen como vendor lock-in y portabilidad, extraordinariamente valorados por los equipos técnicos, y que muchas veces no se tienen en cuenta… Hasta que es demasiado tarde.
El ecosistema tecnológico europeo está preparado para recoger el guante que le ha lanzado la Unión Europea con el Paquete de Soberanía Tecnológica. Tiene el talento y lo está demostrando el proyecto 8ra (IPCEI-CIS), en el que colaboramos más de un centenar de empresas e instituciones europeas. Bajo esta iniciativa se está creando una nueva generación de servicios cloud-edge interoperables, portables, soberanos, abiertos y seguros, capaces de reducir dependencias, reforzar el control del dato e impulsar el desarrollo de novedosas soluciones digitales para empresas, administraciones públicas e industria. Es la más nítida demostración de lo que la colaboración del sector IT puede hacer para impulsar la competitividad y la resiliencia de todo un continente.
***Miguel Martínez Vélez es miembro del consejo de administración y Chief Product Officer (CPO) de Arsys.