Por Ariadna Bardolet, directora de programas internacionales en Fundación La Caixa.

Por Ariadna Bardolet, directora de programas internacionales en Fundación La Caixa. DISRUPTORES

Opinión hacia una economía de impacto - SpainNAB

¿Puede la filantropía acelerar modelos de desarrollo más inclusivos y sostenibles?

Ariadna Bardolet
Publicada

Durante décadas, la ayuda internacional se ha orientado a canalizar recursos desde países con mayores capacidades hacia aquellos de menor renta. Este enfoque ha permitido impulsar y financiar numerosos proyectos relevantes, generando avances significativos en distintos ámbitos del desarrollo.

Sin embargo, esta aproximación ha evolucionado hacia modelos de implementación más conectados con la realidad local. Así, se ha ido consolidando la integración del conocimiento de las comunidades, el protagonismo de los actores locales y la importancia de construir relaciones de confianza que favorezcan tanto el arraigo de las iniciativas como su sostenibilidad en el tiempo.

El modelo más tradicional de cooperación, centrado principalmente en transferencias de ayuda, ha demostrado algunas limitaciones para garantizar la continuidad de los avances alcanzados. A ello hay que sumar las crisis recientes -naturales, financieras y geopolíticas-, que han destacado la necesidad de articular de manera más efectiva la innovación, la financiación y la sostenibilidad a largo plazo.

Este cambio impulsa un modelo mucho más inclusivo, transparente y sostenible, en el que las comunidades, especialmente las más vulnerables, participan activamente como cocreadoras de soluciones económicas y sociales alineadas con sus realidades. Para ello resulta clave adoptar un enfoque sistémico que vaya más allá de la financiación.

Hoy existen oportunidades significativas en entornos rurales con un alto grado de vulnerabilidad en países de América Latina, África y Asia, especialmente en ámbitos como la gestión sostenible de los recursos naturales, la energía, la agroindustria o la tecnología aplicada.

Son, además, especialmente relevantes para mujeres y jóvenes, que desempeñan un papel clave en la transformación de sus territorios, pero que suelen enfrentar mayores barreras de acceso a recursos. Aprovechar este potencial requiere capital paciente, una comprensión profunda de los contextos rurales y el fortalecimiento de los actores financieros del territorio, mejor posicionados para identificar y gestionar riesgos y acompañar iniciativas que generen empleo, resiliencia y sostenibilidad.

En esta línea, iniciativas para fomentar la innovación en la creación de empleo en poblaciones vulnerables, han evidenciado que los principales desafíos no son únicamente financieros, sino también estructurales. Destaca la debilidad de las cadenas de valor, la falta de confianza entre actores, la escasez de conexiones y el número limitado de soluciones escalables arraigadas en la realidad de cada territorio. Por ello, el objetivo debe centrarse en transformar estos ecosistemas de manera integral, más que en financiar iniciativas aisladas.

Este enfoque implica invertir en procesos de innovación social participativa: escuchar activamente a las comunidades, co-crear soluciones con la sociedad civil, el sector privado, las instituciones financieras, la academia y las administraciones públicas, y prototipar iniciativas en contextos reales. Implementar mecanismos de evaluación continua y aprendizaje adaptativo resulta imprescindible potenciar los mejores resultados.

Estas iniciativas, presentes en comunidades rurales de Colombia, Ghana, India, Mozambique y Perú, también revelan la necesidad de desarrollar los movimientos de capital. Numerosos emprendimientos con impacto social atraviesan una fase intermedia en la que necesitan apoyo para consolidarse y crecer. Superarla requiere instrumentos híbridos, como préstamos o garantías, combinados con asistencia técnica.

En este contexto, herramientas como el blended finance o las garantías desempeñan un papel fundamental, aunque resultan mucho más efectivas cuando incorporan nuevas capacidades y el fortalecimiento de relaciones de confianza. El capital catalítico que puede aportar la filantropía es, por tanto, clave para asumir riesgos iniciales, reducir la incertidumbre y facilitar la colaboración entre actores que tradicionalmente han operado de forma aislada.

Para conseguir una verdadera transformación resulta fundamental reforzar estratégicamente los ecosistemas, uno de los principales papeles que pueden desempeñar las entidades filantrópicas. La colaboración multisectorial no debe entenderse como una mera suma de actores, sino como un proceso progresivo de construcción de confianza, alineación de incentivos y responsabilidad compartida. Estas plataformas permiten estructurar estas dinámicas, facilitando la coordinación, el aprendizaje colectivo y el desarrollo de soluciones más sólidas.

El futuro de la cooperación al desarrollo pasa por consolidar principios como la cocreación, el protagonismo de las estrategias nacionales y la integración de financiación, comercio y tecnología, junto con una apuesta decidida por la innovación y el aprendizaje continuo. En este marco, las fundaciones pueden desempeñar un papel clave como catalizadoras de cambio sistémico, conectando actores, impulsando la experimentación y contribuyendo a escalar soluciones con impacto.

El desafío no consiste únicamente en movilizar más recursos, sino en transformar las dinámicas que permiten que estos generen resultados duraderos, combinando innovación social, financiación híbrida y fortalecimiento de los ecosistemas territoriales para avanzar hacia un modelo de desarrollo más inclusivo, resiliente y sostenible.

***Ariadna Bardolet es directora de programas internacionales en Fundación La Caixa.