Alberto Alonso de la Fuente, director de Impact Hub Madrid.
Más allá del crecimiento: lentes sistémicas para la evolución territorial
Pongamos el foco en el territorio y en cómo puede progresar. Nos encontramos ante un cambio de etapa que nos exige evolucionar de otro modo, un nuevo paradigma donde crecer es sólo una opción -una métrica de tantas- y deja de ser una vía imperativa. Porque en la economía, exactamente igual que ocurre en la naturaleza, nada crece de forma indefinida en materia o tamaño.
Las evoluciones verdaderas y sostenibles no se dan en una única línea ascendente; se despliegan en muchas direcciones y priorizan el equilibrio, la madurez de los sistemas internos y la resiliencia estructural por encima del mero volumen de producción. Ya no podemos medir como se venía midiendo en el siglo XX.
Es en esta profunda ruptura conceptual donde cobra todo su sentido la segunda edición del Índice de Ecosistemas de Emprendimiento de Impacto, un informe con datos de 2025 y 2026 promovido conjuntamente por Impact Hub Madrid e Impact Hub Donostia que evita la tentación del ranking superficial o la comparación competitiva estéril para proponer una narrativa metodológica radicalmente distinta, explícitamente orientada a revelar la verdadera salud de los entornos locales desde el prisma del emprendimiento y la innovación con impacto.
¿Cuál es el resultado? Al evaluar los territorios bajo los vectores dinámicos de vitalidad, viabilidad y capacidad de evolución compartida, el modelo desarrollado nos ofrece las lentes necesarias para comprender y mapear la convergencia de las grandes transiciones que definen nuestro tiempo. Nos referimos a crisis que no operan de forma aislada, sino interconectada: la transición climática y energética, la transformación agroalimentaria, la preservación de la biodiversidad y el desafío colosal de la economía de los cuidados ante los cambios demográficos globales.
Una guía estratégica
Esta radiografía metodológica resulta necesaria para reorientar la inversión en los territorios y canalizar los flujos de capital hacia el impacto real y transformador. Invertir en el territorio debe ir más allá de inyectar liquidez financiera; también implica la creación activa de condiciones sistémicas que refuercen la vitalidad regional a largo plazo, asegurando que cada euro invertido actúe como un catalizador de resiliencia comunitaria y regeneración ambiental.
El índice opera como una guía estratégica precisa para decisores públicos, organizaciones y comunidades, permitiendo identificar con absoluta claridad dónde el tejido local muestra fragilidad y dónde posee la madurez necesaria para absorber capital transformador.
Hay proyectos que ya están funcionando en este sentido. Un ejemplo es Lleida Alimenta, que pone en el centro al territorio, a través de una Fundación Comunitaria que actúa como organización catalizadora, y en el que ya se apoyaban experiencias pioneras privadas, como el biopolígono de Alcarrás, promovido por más de 100 familias locales a través de cooperativas ganaderas con una fuerte presencia en toda Cataluña y en España. Más allá de ser una instalación productiva, es una infraestructura de gobernanza capaz de coordinar actores diversos y conectar lo local con lo global.
Frente a un horizonte de transformaciones tan profundas como aceleradas, no podemos permitirnos el lujo de la inacción o de abordar los problemas estructurales desde lógicas obsoletas y estancas. Por ello, conviene reivindicar la necesidad de regenerar nuestros territorios desde el emprendimiento, entendiéndolo como el gran motor de la innovación sistémica de nuestro tiempo, y no como una simple vía de acumulación corporativa o autoempleo aislado.
Necesitamos una arquitectura de financiación capaz de articular de forma orgánica las lógicas y capacidades del sector público, el privado y el social, asumiendo riesgos compartidos y priorizando la viabilidad biológica y comunitaria a largo plazo. Solo coordinando estas nuevas gobernanzas y flujos de capital consciente lograremos que el esfuerzo emprendedor deje de ser una constelación de iniciativas aisladas y se convierta en el sustrato vital sobre el que florezcan territorios más justos, sostenibles y regenerativos.
***Alberto Alonso de la Fuente es director de Impact Hub Madrid.