Adriana Carvajal, creadora de contenido y fundadora de Zip Academy.
Llevo tiempo pensando que las conversaciones sobre si la IA nos va a quitar o no el trabajo son solo interesantes en el más teórico de los planos. ¿A nivel práctico? Mayoritariamente innecesarias.
Primero, porque hay una disonancia enorme entre los Elon Musk que afirman que trabajar será tan opcional como lo es ahora cultivar nuestras propias verduras y los datos del Eurostat que muestran que dos tercios de las pymes europeas todavía están en un nivel básico de digitalización.
Segundo, porque no hay nada que tú ni yo podamos hacer para controlar el despliegue tecnológico a escala global. Y si no podemos controlarlo, nuestro tiempo está mejor invertido en lo que sí tenemos entre manos: un mercado brutalmente competitivo que jamás va a serlo menos de lo que lo es hoy.
La pregunta que sí vale la pena hacerse es otra: en este contexto, ¿cómo conseguimos las oportunidades más deseables? ¿Y cómo seguimos construyendo una carrera que amamos cuando parece que todo cambia constantemente?
Primero: potencia tu ventaja injusta
Nuestra sociedad es experta en confundir esfuerzo con valor, como si el sudor fuera garantía de éxito. Pero que algo te cueste mucho no lo hace automáticamente más valioso, y que algo se te dé bien de forma natural no lo hace menos.
Y eso es todavía más cierto a ojos de tu empleador y a manos del mercado, el cual no paga por tu esfuerzo: paga por tu resultado. El motivo por el cual te contratan en cualquier puesto es porque has resultado ser el mejor del proceso de selección, porque valoran aquello por lo que destacas y porque quieren aprovechar esas cualidades al máximo. El esfuerzo es indudablemente valioso pero, saber dirigirlo, saber catalizarlo, es significativamente más importante.
Sin embargo, venimos de un sistema educativo donde lo lógico es poner clases de refuerzo en las materias en las que cojeamos pero ¿te imaginas cómo de buenos seríamos hoy en aquello que ya era instintivo en nosotros si nos lo hubieran potenciado desde el principio?
No podemos volver al pasado, pero nunca es tarde para identificar cuáles son tus habilidades naturales y decidir que es ahí donde vas a meter el turbo. La magia ocurre cuando un profesional que conoce bien su ventaja injusta le suma a eso una ética laboral inigualable.
Segundo: pon tu talento en vitrina
En un estudio de 2016, le preguntaron a 240 líderes senior de una empresa tech de Silicon Valley dos cosas: qué necesitaban para hacer bien su trabajo, y qué necesitaban para que les dieran ese trabajo en primer lugar.
Las respuestas a la primera pregunta son las que te imaginas: habilidades técnicas, ojo por el detalle, capacidad de liderazgo. Pero cuando contestaron la segunda, apareció algo nuevo: visibilidad. No talento, no experiencia, no años de trayectoria. En otras palabras: tu visibilidad es la barrera de entrada para las oportunidades que deseas.
Y tiene toda la lógica del mundo. Si somos increíbles pero nadie lo sabe, es exactamente igual que si no lo fuéramos.
El problema es que en España —y en la mayoría de culturas latinas— no se nos da bien eso de vendernos. Nos han enseñado que venderse es de presumidos, que el trabajo debería hablar por sí solo. Pero el trabajo no habla solo, al contrario: más vale que hables tú por tu trabajo.
Una buena forma de mitigar la sensación de estar presumiendo es preguntarnos “¿esto que estoy diciendo lo apoyan los números?”. Aprender a medir el impacto de lo que hacemos, a articular los logros, a documentar el feedback positivo que recibimos y a asegurarnos de que toda esa información llegue a las personas que tendrán poder de decisión sobre las oportunidades que queremos es lo más cerca que estamos de controlar nuestro recorrido profesional.
Tercero: diseña tu estrategia
Las oportunidades más ambiciosas — y aquellas con las que soñamos— nunca llegan de forma puramente orgánica. Hay que orquestarlas. Orquestarlas significa: ponerle nombre a los objetivos que quieres conseguir a largo plazo, desglosarlos en pasos que realmente puedas ejecutar, y aprender a detectar con honestidad el gap entre las habilidades que tienes hoy y las que necesitarás mañana.
Pero la estrategia a largo plazo no sirve de nada si no se sostiene en lo que haces cada día. Por eso una de las habilidades más infravaloradas en esta era de IA es saber 'autotutorizarte' de forma efectiva: bloquéate treinta minutos diarios para explorar lo que está emergiendo, toquetear herramientas, jugar con tecnología nueva. Es fácil sentir que no nos llega el tiempo para abarcarlo todo y que nunca estaremos del todo al día.
(Y, entre tú y yo: eso de “estar al día” es un poco un mito. Nadie necesita (ni puede) conocerlo ni abarcarlo todo. Lo realista es dominar lo que es relevante para ti. Bendito Pareto, que siempre parece acertar: qué importante encontrar ese 20% de conocimiento que nos trae el 80% de impacto.
Encontrar y potenciar aquello que se nos da naturalmente bien, visibilizarlo y tener una estrategia de carrera consciente son pilares fundamentales cuando vienen curvas. ¿Listo para tomar el volante?
***Adriana Carvajal es creadora de contenido (@adri.zip en redes) y fundadora de Zip Academy