Jason Harvey, vicepresidente de Automatización de Zebra Technologies en Europa.
El año pasado, las conversaciones sobre IA en las conferencias de resultados corporativos alcanzaron un máximo histórico y se convirtieron en uno de los cinco temas principales para los CEO, según el análisis que hizo The CEO Radar (basado en casi 5.000 anuncios de resultados).
Esto demuestra que los líderes abordaron la IA principalmente en el contexto de la innovación y el crecimiento. De hecho, la IA, la tecnología, la innovación y el crecimiento registraron un aumento en las menciones tanto entre los CEO en Europa como a nivel global.
Mientras los directores generales se centran especialmente en la IA cuando anuncian los resultados, se corre el riesgo de que (ellos y nosotros) desviemos el foco. Seguir los últimos avances y posibilidades de los modelos de IA -ya sean agentes, generativos u otros- despierta interés. Y contar con los algoritmos y las arquitecturas tecnológicas adecuadas es importante.
Pero el verdadero valor añadido se encuentra en rediseñar los procesos empresariales y empoderar a las personas. La IA ya no es tanto un proyecto TI, sino que ha abierto una nueva forma de pensar, reforzar y reorganizar el capital humano.
Sin embargo, sólo el 21% de los directivos afirmó que sus estrategias superaban cuatro o más de las “Diez Pruebas de la Estrategia” de McKinsey, que evalúan la calidad y el rigor de una estrategia corporativa. Es decir, una caída del 40% respecto a hace quince años. Este descenso es uno de los principales motivos de preocupación en un entorno empresarial con altas inversiones y grandes expectativas en torno a la IA.
Es necesario centrarse en la cultura empresarial para fomentar la innovación y desarrollar una estrategia que la impulse, junto con una visión transformadora de cómo la IA puede mejorar el trabajo diario. La estrategia debe mejorar la manera en que una empresa atiende a sus clientes y les aporta valor añadido.
La IA puede resolver problemas, pero su mayor virtud reside en proporcionar una ventaja competitiva a las empresas. Y esto se logra mejor con personas y partners que aporten el asesoramiento y la experiencia necesarios.
Un sólido marco presentado en una investigación reciente de Boston Consulting Group sostiene que aproximadamente el 10% del valor generado por la IA proviene de los propios algoritmos, el 20% de la tecnología necesaria para implementarlos y un significativo 70% de los equipos humanos.
Es un análisis revelador sobre cómo puede tener éxito una transformación dirigida de forma estratégica. Crear una cultura de innovación, los recursos de formación y aprendizaje y la gestión del cambio han adquirido una nueva relevancia a medida que las empresas tratan de obtener un retorno de la inversión en IA.
Todo ello debe incluir la presentación de la IA como una prioridad estratégica para impulsar el crecimiento a nivel directivo (no como un proyecto de TI más) y la incorporación de los mandos intermedios como pieza clave en la ejecución. El mismo estudio señala que el 88% de los directivos dan ejemplo en el uso de la IA y la incorporan activamente en la toma de decisiones y en las operaciones diarias. Los mandos intermedios conectan a la alta dirección, la estrategia y la primera línea, donde se crea valor, se automatizan las tareas de forma inteligente y se mejora el trabajo cada día.
Este marco no es teórico. Por ejemplo, un fabricante especializado en la producción de madera con una trayectoria de 80 años lo puso en práctica y consiguió un ahorro anual de 500.000 £. Sus responsables detectaron una brecha en el mercado para ofrecer un servicio mejorado a sus clientes y aprovecharon la IA para impulsar esa iniciativa.
Sus competidores vendían un gran número de escáneres que se utilizaban para la inspección visual, pero no promovían mejoras ni ofrecían paquetes de actualización. Esta visión se combinó con la propia experiencia del fabricante con tecnología obsoleta y métodos de trabajo anticuados, que generaban falsos positivos, aumentaban el desperdicio, incrementaban las horas de trabajo dedicadas a comprobaciones manuales y deterioraban el entorno laboral, mientras sus equipos en primera línea procesaban hasta 20.000 artículos al día.
La visión de los trabajadores, un enfoque centrado en el cliente y una cultura adecuada, unidos a una estrategia clara, se convirtieron en una ventaja competitiva. La empresa combinó la experiencia de sus directivos y responsables de proyecto con la de sus socios, colaborando con un líder global en soluciones de visión artificial e IA, así como con un partner local para las pruebas y la implantación.
Ahora sus operaciones están automatizadas de forma inteligente mediante software de visión artificial con deep learning y sensores 3D. El sistema se integra en las líneas de producción para ofrecer resultados consistentes y fiables incluso en entornos industriales exigentes, y la IA aprende de manera continua, lo que mejora la precisión y el rendimiento con el tiempo.
De esta forma, los resultados incluyen una mejora de ocho veces en la precisión, una reducción de los errores y un ahorro de costes de seis cifras.
Los beneficios también se extienden más allá de la fábrica y alcanzan la cadena de suministro, con una visibilidad mucho más clara del rendimiento y el perfil de calidad de cada proveedor al abastecerse de distintos proveedores. El fabricante ha mejorado la precisión y la asignación del inventario, por lo que ahora puede planificar los envíos y la producción con mayor seguridad.
El sistema ayuda también a superar uno de los mayores desafíos del sector: la escasez de trabajadores cualificados. Con el sistema impulsado por IA, los nuevos miembros del equipo solo necesitan etiquetar imágenes. Así, el modelo aprende a reconocer características de forma consistente, sin necesidad de contar con un operador más especializado.
Las conclusiones anteriores y la regla del 70-20-10 son claras: una estrategia sin ejecución es una ilusión. Pero en la era de la IA, la ejecución no se limita únicamente a los algoritmos, sino que se trata de una cultura empresarial que empodere a las personas. Si se acierta en la ejecución, la IA deja de ser un punto más en la presentación de resultados para convertirse en el motor de la ventaja competitiva.
*** Jason Harvey es vicepresidente de Automatización de Zebra Technologies en Europa.