Steen Dalgas, Sales Leader for Hybrid Multi-Cloud en Nutanix.
Las advertencias lanzadas hace unas semanas por directivos del sector tecnológico y los semiconductores alertando que la demanda de IA está desbordando el suministro global de memoria, son un duro recordatorio para las empresas de que la infraestructura de TI no debe darse por sentada. Aunque gran parte del debate público se ha centrado en el impacto sobre los dispositivos de consumo, el mayor riesgo podría estar en los back offices de las empresas, donde el aumento de los costes y los retrasos en la infraestructura pueden alterar las operaciones, los planes de inversión y el crecimiento.
La infraestructura en la nube se sitúa hoy en el corazón del negocio moderno. Investigaciones de la OCDE han demostrado de forma reiterada que la infraestructura digital sustenta el crecimiento de la productividad, la innovación y la competitividad en las economías avanzadas. Al mismo tiempo, la magnitud de la demanda impulsada por la IA no tiene precedentes. Estudios recientes de Forrester muestran que la rápida expansión de las cargas de trabajo de IA está ejerciendo una fuerte presión sobre la disponibilidad de capacidad de cómputo y memoria. Con la oferta en manos de un número reducido de fabricantes, los costes de la infraestructura están aumentando y asegurar capacidad resulta cada vez más complejo.
Esto implica que la computación en la nube ya no está aislada de las limitaciones físicas de las cadenas de suministro globales. A medida que se acelera la demanda de cargas de trabajo de IA intensivas en memoria, el aumento de los costes y los plazos de entrega más largos influyen directamente en las decisiones operativas. Los proveedores de nube pública están mejor posicionados para absorber parte de este impacto, ya que aseguraron componentes con años de antelación mediante acuerdos de compra a largo plazo y a gran escala. Los entornos de nube privada, en cambio, están mucho más expuestos a la volatilidad de precios y a los retrasos en el suministro.
En el caso de las empresas que operan sistemas críticos fuera de las plataformas hiperescalables, esa exposición se traduce en mayores costes, proyectos aplazados y difíciles decisiones sobre dónde y con qué rapidez invertir.
El problema para los líderes empresariales es que no se trata de una disrupción pasajera. La presión sobre el suministro de memoria podría prolongarse al menos durante los próximos dos años, ya que la demanda de IA sigue superando a la nueva capacidad disponible. Pocas organizaciones pueden permitirse poner en pausa durante tanto tiempo grandes programas de transformación, salidas de centros de datos o iniciativas de IA.
Esperar también tiene un coste: desde retrasos en las ganancias de productividad y un aumento del gasto operativo, hasta el riesgo de quedarse atrás frente a competidores que se adaptan con mayor rapidez. Para la mayoría de las empresas, la cuestión es hasta qué punto están expuestas si no encuentran una forma de gestionar esta situación.
La respuesta práctica es diseñar pensando en la resiliencia, en lugar de asumir un regreso a la abundancia. Esto implica reducir la dependencia de un único modelo de nube, introducir flexibilidad en las decisiones de infraestructura y garantizar que las cargas de trabajo puedan moverse a medida que cambian las condiciones. En un entorno de costes volátiles, inestabilidad socioeconómica y suministro limitado, la resiliencia es una necesidad comercial.
Es importante destacar que esta reevaluación no está impulsada únicamente por la industria. Los reguladores consideran cada vez más la dependencia de la nube y de proveedores tecnológicos externos como un asunto de resiliencia sistémica. En el Reino Unido, por ejemplo, el nuevo régimen de Critical Third Parties, supervisado por el Banco de Inglaterra, la Prudential Regulation Authority y la Financial Conduct Authority, somete a un escrutinio regulatorio directo a los principales servicios tecnológicos externalizados.
La lógica es sencilla: un problema en un número reducido de proveedores clave puede acabar teniendo un efecto dominó sobre empresas, mercados y, en última instancia, sobre el conjunto de la economía. Aunque este marco se aplica inicialmente al sector financiero, sus implicaciones van mucho más allá. Esto refleja una idea cada vez más extendida, que la nube ya es clave para el funcionamiento diario de las empresas en prácticamente todos los sectores, desde los pagos y la logística hasta la sanidad y los servicios públicos. Los reguladores ya no preguntan si las organizaciones usan la nube, sino si comprenden y pueden gestionar los riesgos asociados a esa dependencia.
Para los líderes empresariales, este cambio es en sí mismo revelador. Cuando los reguladores empiezan a hablar de resiliencia en la nube en términos de estabilidad financiera y riesgo sistémico, queda claro que la nube ha dejado de ser solo una cuestión de TI. Con casi total seguridad, la siguiente fase de adopción del cloud estará marcada por un mayor realismo, donde el riesgo empresarial, el cumplimiento normativo y los costes pesen más que nunca en la toma de decisiones.
De cara al futuro, lo que marcará la diferencia entre las organizaciones modernas será su capacidad para adaptarse a limitaciones prolongadas, más que su reacción ante disrupciones puntuales. Como han dejado claro los debates de este año en Davos, resiliencia y crecimiento ya no son ideas opuestas. En una economía impulsada por la IA y condicionada por límites físicos, desde los chips de memoria hasta la energía y la infraestructura, las organizaciones que integren la resiliencia en su estrategia de crecimiento avanzarán más rápido, no más despacio.
Es poco probable que la escasez de memoria desaparezca de la noche a la mañana. Lo que sí cambiará es la seriedad con la que las empresas planifican en torno a ella. Aquellas que se adapten pronto estarán mejor posicionadas para desplegar IA a escala, gestionar costes y mantener el impulso. Las que no lo hagan corren el riesgo de descubrir que la infraestructura, antes ignorada, se ha convertido en su mayor cuello de botella estratégico.
***Steen Dalgas es Sales Leader for Hybrid Multi-Cloud en Nutanix.