Alberto Pascual, presidente de la Asociación @aslan.
Nos encontramos en un momento de transición, de cambio vertiginoso. No solo en el mundo tecnológico, donde vivimos una revolución global tecnológica. También en el entorno económico e internacional. Y esto debe llevar a una movilización, a cambiar procesos, a buscar nuevas oportunidades y a dotar de soluciones a empresas, administraciones públicas y ciudadanía para afrontar este convulso contexto geopolítico en el que estamos inmersos.
Actualmente, hay una inestabilidad internacional que exige replantear la dependencia tecnológica y recuperar la autonomía en sectores estratégicos como la energía, la industria, la agricultura, la educación o la sanidad.
Somos testigos de una convergencia de tecnologías emergentes que afectan al ámbito económico y social. Nos enfrentamos también a un invierno demográfico con una inversión de la pirámide poblacional en España y Europa que supone una tremenda amenaza para el estado del bienestar.
¿Cómo afrontar estos retos?
Podemos establecer tres ejes de actuación ante estos desafíos con la tecnología como telón de fondo para impulsar la soberanía tecnológica, incrementar la productividad, y establecer una colaboración público-privada más estrecha y eficaz.
En primer lugar, la tecnología debe dejar de ser un servicio externalizado para transformarse en el core del modelo económico del país y del continente. Debemos recuperar el control sobre las capacidades tecnológicas esenciales que hoy están fuera de Europa.
Junto con ello, hay que ayudar a mejorar la productividad para resolver el dilema demográfico y solo se puede hacer con tecnología. Pero para este despliegue habrá que tener en cuenta que necesitamos talento, formación y capacitación, combinado con orden y priorización, estableciendo las herramientas a potenciar y los sectores donde desplegarlas.
Y, por último, es necesario realizar inversiones, asumir riesgos y establecer entornos colaborativos para impulsar la innovación.
Priorizar y actuar
¿Por dónde empezar? Quizá por lo más extendido y de lo que todos hablamos hoy en día: la inteligencia artificial. Se puede crear una red nacional de datos abiertos e interoperables que minimicen las consabidas “alucinaciones”, impulsar modelos de entrenamiento colaborativos con gamificación, e incluso desplegar un “Kit IA” para pequeñas y medianas empresas. Por poner tres ejemplos.
Y junto con la IA no podemos dejar de mencionar a los centros de datos y al cloud. Por supuesto, es esencial mejorar la red de distribución eléctrica y seguir haciendo de España un nodo europeo de centros de datos. Sin olvidar el despliegue de la nube en el sector público.
Pero aún hay más, debemos contemplar la ciberseguridad y la ciberresiliencia como ejes estratégicos de las compañías. Democraticemos su uso mediante servicios gestionados para pymes o promovamos centros de recuperación y continuidad de negocio. Por supuesto, tratando de capacitar a quien sigue siendo el eslabón más débil: las personas.
Qué decir del mundo cuántico, la robótica, los semiconductores o el blockchain. Desarrollemos casos de uso, automaticemos procesos, explotemos las tierras raras ya existentes en nuestro país o impulsemos los smart contracts.
Para llegar a los cimientos
Todas estas tecnologías que hoy convergen deben dirigirse a transformar sectores estratégicos como: la salud, creando una medicina personalizada; la educación, ayudando a identificar conceptos no asimilados en tiempo real; el sector primario, facilitando el rendimiento de los cultivos; la industria, permitiendo la relocalización de fábricas con una producción más robotizada y eficiente; o la administración pública, haciendo más ágil el procedimiento administrativo.
El éxito de esta hoja de ruta reside en articular y ordenar capacidades dentro de entornos colaborativos. Tengamos siempre el propósito claro y generemos sinergias entre todos los actores del ecosistema digital.
***Alberto Pascual es presidente de la Asociación @aslan.