María Terrades, directora del Parque Científico de la Universidad de Barcelona (PCB-UB).

María Terrades, directora del Parque Científico de la Universidad de Barcelona (PCB-UB). APTE

Opinión APTE / LOS PARQUES APORTAN

La convivencia público-privada, motor real del I+D+i

María Terrades
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Vivimos en un contexto de transformación acelerada en el que la colaboración entre el sector público y el privado emerge no sólo como una oportunidad, sino como un requisito imprescindible para que la investigación, el desarrollo y la innovación avancen al ritmo que exige el momento.

Cataluña, con un ecosistema científico cada vez más robusto y una industria biomédica en plena expansión, se encuentra ante la posibilidad real de consolidarse como referente europeo si sabe articular de forma inteligente esta convivencia. La incertidumbre global de los últimos años ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de instituciones y empresas, demostrando que cuando ambos mundos se alinean, la ciencia avanza más rápido y con mayor impacto social. 

La combinación de iniciativas públicas y privadas suele mostrar una mayor capacidad para abordar los retos científicos y tecnológicos que plantea la sociedad actual. La investigación de origen público aporta una visión a largo plazo, un conocimiento profundo y una clara vocación de servicio, mientras que el ámbito privado introduce agilidad, capacidad de inversión y un enfoque orientado a la aplicación práctica.

Más que una fórmula infalible, se trata de un equilibrio dinámico que contribuye a crear ecosistemas más flexibles y mejor preparados para los desafíos que se perfilan en el horizonte. 

El sector biotecnológico es uno de los que mejor refleja este modelo de colaboración. Se percibe en el día a día de los espacios donde coinciden investigadores, emprendedores y empresas, muchos de ellos ubicados en parques científicos que actúan como un lugar de encuentro natural entre ambos mundos. 

La biotecnología avanza a través de proyectos que requieren años de trabajo, inversiones sostenidas y un alto nivel de especialización difícil de concentrar en un único actor. Por ello, la conexión entre el talento generado en hospitales, universidades y centros de investigación, y la capacidad del tejido empresarial para dar continuidad y asumir riesgos, marca una diferencia real. 

Cuando estas piezas encuentran su encaje, el conocido 'valle de la muerte', donde tantas ideas se quedan sin recorrido, se estrecha y las posibilidades de que una innovación llegue a transformarse en una solución útil aumentan. 

La colaboración público‑privada en el ámbito biotecnológico ofrece múltiples ejemplos de cómo la interacción entre distintos agentes puede acelerar el camino de la investigación hacia el mercado. En diversos entornos de innovación conviven proyectos, perfiles y necesidades muy distintas, generando espacios donde las ideas encuentran más fácilmente el soporte necesario para crecer. Un caso ilustrativo es el de una startup surgida hace más de una década para desarrollar soluciones de diagnóstico avanzado, que posteriormente fue adquirida por una compañía internacional antes incluso de comercializar su primer producto.

Hoy, aquella tecnología forma parte del porfolio global de la empresa adquirente y se utiliza en hospitales y laboratorios de numerosos países. Actualmente, cientos de profesionales trabajan en su sede en Cataluña, mientras la organización prepara su próxima expansión para abrir un nuevo centro de I+D y dejar espacio a nuevos proyectos en crecimiento. Esta trayectoria se ha convertido en una referencia inspiradora para otros equipos emergentes, demostrando el potencial que tienen los entornos de innovación para convertir investigación científica en soluciones con impacto real. 

Más allá de ejemplos concretos, lo que se consolida en Cataluña es un ecosistema de investigación que opera, cada vez más, en clave colaborativa. Las ciencias de la vida y la biotecnología se han convertido en ámbitos estratégicos no solo por su impacto sanitario, sino también por su creciente peso económico. Son sectores intensivos en conocimiento, capital y tiempo, donde la colaboración deja de ser una opción para convertirse en una condición de viabilidad. 

La ciencia del siglo XXI es cada vez más interdisciplinar, costosa y dependiente de infraestructuras avanzadas. Por eso, los parques científicos desempeñan un papel clave como espacios donde esta complejidad se vuelve manejable. Actúan como hubs que concentran talento, recursos y servicios especializados, reduciendo barreras y facilitando colaboraciones que difícilmente surgirían de forma espontánea. En estos entornos, la transferencia deja de ser un proceso lineal para convertirse en un intercambio continuo entre investigación, clínica e industria. 

Llegados a este punto, conviene desterrar una idea recurrente. La colaboración público-privada no supone una renuncia a los valores de la ciencia pública, sino todo lo contrario. Bien planteada, actúa como un multiplicador de impacto, amplificando el alcance del conocimiento y acelerando su llegada a la sociedad. Cataluña dispone de los ingredientes necesarios para avanzar en esta dirección: talento, instituciones sólidas, tejido empresarial y una tradición científica reconocida internacionalmente. 

El reto ahora es reforzar este modelo con una visión compartida de país, en la que la ciencia y la innovación se entiendan como pilares del desarrollo económico y sanitario. Apostar por la colaboración, por infraestructuras como los parques científicos y por marcos estables que favorezcan la transferencia no es solo una estrategia, sino una responsabilidad de toda la sociedad.

El futuro de la salud y de la competitividad de Cataluña se está construyendo hoy, y depende en gran medida de nuestra capacidad para trabajar juntos y transformar conocimiento en progreso. 

***María Terrades es directora del Parque Científico de la Universidad de Barcelona (PCB-UB)