Llevamos muchos años hablando de la revolución verde, así que es probable que la mayoría estemos familiarizados con este concepto que nació en los años 60. Lo que no tengo tan claro es que todas las personas sepamos de qué hablamos cuando hablamos de la revolución azul, así que hoy voy a centrarme en este tema.
Básicamente se trata de convertirnos en agricultores y ganaderos de nuestros océanos, de nuestros mares y de nuestros lagos. De hecho, no se trata sólo de producir mucha cantidad, sino de hacerlo de forma inteligente, sostenible y nutritiva.
Todos hemos oído que España es uno de los países que pesca y consume más del mundo, seguramente incluso recordamos aquella época en la que éramos el segundo país del mundo, sólo por detrás de Japón. Está claro que seguimos siendo un país top, aunque la revolución azul ha reconfigurado el mapa del poder alimentario mundial. En el año 2026 los datos reflejan un dominio absoluto de Asia en volumen, mientras que los países nórdicos y americanos destacan en el valor de sus exportaciones.
Ya no se trata sólo de la pesca de captura (barcos en el mar), sino que hay que tener muy en cuenta la acuicultura (granjas). Sumando ambos datos, nos encontramos con que China es el líder mundial indiscutible ya que produce cerca del 35% del total mundial. Le siguen Indonesia (acuicultura de algas y camarones), India (cultivo de peces de agua dulce) y Perú (el rey de la pesca de captura pura, gracias a la anchoveta usada principalmente para harinas de pescado). Y, como no, EEUU y Rusia, que siguen teniendo flotas gigantescas centradas en especies salvajes como el salmón y el abadejo de Alaska.
Para los que consideren que el orgullo patrio ha sido mancillado por no aparecer en el ranking anterior, os diré que cuando miramos cuánto pescado se come por persona, la media global es de 20 kg por persona al año. Viendo los principales consumidores del mundo, está claro que tener costa influye directamente en las tradiciones culinarias y por eso seguimos estando en el top 5 mundial. Ese ranking lo lideran Maldivas e Islandia que superan los 80 kg por persona al año, seguidos de Portugal (alrededor de 55 kg), de Corea del Sur (más de algas y marisco) y de nuestra querida España, alrededor de los 40 kg por persona.
Ya ha quedado claro con el primer ranking mencionado antes, pero es evidente que actualmente más del 50% del pescado que se consume en el planeta proviene de granjas. Esto tiene que ver con la superpoblación de la Tierra y con que los océanos y los mares tienen un límite de capacidad. Criar peces, crustáceos, moluscos y plantas acuáticas en entornos controlados es algo imperativo. De hecho se considera que es una gran oportunidad para el desarrollo y para mejorar la alimentación de millones de personas del mundo. Sobre este tema os recomiendo leer el post del World Economic Forum: How Africa can lead the way on sustainable blue food production.
Se oyen muchos comentarios críticos sobre esta revolución, pero es importante destacar que actualmente se enfoca en no dañar el ecosistema. Por ello, se trabaja en que el agua salga de las granjas igual de limpia que entró con la Acuicultura Multitrófica Integrada (IMTA), donde se crían peces que generan residuos, junto a moluscos que los filtran y algas que absorben los nutrientes sobrantes. De igual modo, se tiende a dejar de pescar peces pequeños para alimentar a los grandes para hacer harina de pescado y se usan piensos alternativos hechos a base de insectos y microalgas.
Si os estáis preguntando por qué hablo de este tema en mi columna, os daré varias razones. De entrada porque la tecnología juega un papel clave en el Smart Farming. Por ejemplo, en España hay granjas en las Islas Canarias o en Galicia que usan sensores e IA para controlar cuánto hambre tiene cada pez y así evitar que el pienso sobre. Otro ejemplo sería ver cómo se seleccionan las especies más resistentes y nutritivas para que crezcan mejor sin necesidad de fármacos. Además, los bosques de algas ayudan a absorber el CO2 de manera mayúscula y nos dan proteínas y minerales.
Soy el primero que se preguntaba si el cultivo de peces hace que comamos pescados menos nutritivos, pero los datos indican que no es así, aunque sí que pueden ser algo distintos. El salmón de granja, por ejemplo, tiene más Omega 3 y más grasa por moverse menos que uno criado en libertad.
Mi conclusión está clara, con la cantidad de habitantes que hay en el planeta necesitamos cultivar en más sitios. Hace tiempo que oímos hablar de la fantasía de cultivar en la luna, pero el esfuerzo global se está orientando en algo más cercano: en aprovechar el agua de la Tierra, aprovechar el 70% de la superficie de nuestro planeta sin destruir más su biodiversidad.