Raúl Hernández, director general de Formación Online del Grupo Educativo UAX.
En España, el número de estudiantes matriculados en títulos oficiales universitarios en online de grado y posgrado ha pasado de unos 104.000 en el curso 2019-20 a más de 210.000 en el 2024-2025. En apenas cinco años, la cifra se ha duplicado y el ritmo de crecimiento sigue acelerándose curso tras curso. Lo vemos también en la Formación Profesional, con un crecimiento del +171% de alumnado en FP online en el mismo periodo, y las escuelas de negocios, donde se ha intensificado su oferta híbrida y online en posgrados y certificaciones para directivos y mandos intermedios.
Pero más que un cambio coyuntural, esta tendencia apunta a una transformación estructural en la forma en que profesionales e instituciones educativas se relacionan con el aprendizaje.
La expansión de la formación online responde, en gran medida, a dos tendencias profundas que están redefiniendo la educación superior: la globalización del talento y la necesidad de aprender a lo largo de toda la vida profesional. Durante décadas, el sistema educativo se organizó en torno a una lógica relativamente simple: estudiar durante unos años al inicio de la vida adulta y aplicar ese conocimiento durante el resto de la carrera profesional.
ese modelo resulta cada vez menos compatible con una economía marcada por la innovación. Hoy, vivimos en un ciclo continuo de actualización esencial para no quedarse atrás en un entorno de trabajo en constante cambio. Todos somos conscientes ya de cómo la transformación digital, la automatización y la aparición de nuevas tecnologías están modificando rápidamente las competencias que demanda el mercado laboral. Profesiones enteras evolucionan en cuestión de años, y los profesionales necesitan actualizar conocimientos, especializarse o adquirir nuevas habilidades varias veces a lo largo de su trayectoria.
En este contexto, el aprendizaje permanente —conocido como lifelong learning— se está consolidando como uno de los pilares del desarrollo profesional contemporáneo. La formación ya no se limita a la etapa universitaria inicial, sino que acompaña a las personas durante toda su vida laboral.
La modalidad online ha demostrado ser especialmente adecuada para este nuevo paradigma. Permite integrar el aprendizaje dentro de la vida profesional, facilitando que quienes ya trabajan puedan seguir formándose sin interrumpir su actividad o responsabilidades familiares. Esta flexibilidad resulta clave para profesionales que necesitan actualizar conocimientos o adaptarse a entornos laborales en constante evolución.
Pero el crecimiento de la formación online no se explica únicamente por la flexibilidad. También refleja otro fenómeno característico de la economía actual: la creciente internacionalización del trabajo cualificado.
Hoy es habitual que empresas operen en varios mercados simultáneamente, que los equipos de trabajo estén distribuidos en distintos países o que los profesionales desarrollen carreras cada vez más globales. En este contexto, la educación superior también está ampliando su dimensión internacional.
Los programas online permiten reunir en una misma aula a estudiantes de distintos países, sectores y trayectorias profesionales. Esta diversidad genera un intercambio de experiencias especialmente valioso y refleja mejor la realidad global en la que se desarrolla hoy el trabajo cualificado. Ahora bien, la oportunidad internacional también significa mayor competencia. Para estar a la altura, debemos redoblar nuestro compromiso con el estudiante a través de la innovación -educativa y tecnológica- y altos estándares de calidad.
La tecnología está desempeñando un papel decisivo en esta transformación. Las plataformas educativas digitales permiten diseñar experiencias de aprendizaje más flexibles, analizar patrones de estudio y ofrecer itinerarios formativos más personalizados. La analítica educativa y el uso emergente de la inteligencia artificial están ampliando las posibilidades de acompañamiento al estudiante.
Herramientas basadas en IA, por ejemplo, comienzan a integrarse en los entornos de aprendizaje como asistentes capaces de ofrecer apoyo individualizado, recomendar recursos formativos o ayudar a resolver dudas en tiempo real. Estas tecnologías no sustituyen al docente, pero sí amplían las posibilidades de personalización del aprendizaje.
Sin embargo, el éxito de la educación online no depende únicamente de la tecnología. Digitalizar contenidos no garantiza por sí mismo una experiencia educativa de calidad. El verdadero reto consiste en combinar las posibilidades del entorno digital con un diseño pedagógico sólido, acompañamiento docente y espacios de interacción entre estudiantes. Cuando estos elementos se integran de forma adecuada, la formación online no solo amplía el acceso a la educación superior, sino que también transforma la manera en que aprendemos.
En un mundo donde el conocimiento evoluciona constantemente y las carreras profesionales son cada vez más dinámicas, la educación superior está transitando hacia un modelo más flexible, internacional y continuo. La expansión de la formación online es, en buena medida, la manifestación de ese cambio. Más que una alternativa educativa, representa la adaptación natural de este sector a una economía global en permanente transformación. Por eso, la educación no solo acompañará este cambio, sino que contribuirá activamente a definirlo, ofreciendo a cada estudiante una propuesta de valor que merezca su tiempo, su esfuerzo y su inversión.
*** Raúl Hernández es director general de Formación Online del Grupo Educativo UAX.