José Miguel Herrero, managing partner de Big Sur Ventures.

José Miguel Herrero, managing partner de Big Sur Ventures. Big Sur ventures

Opinión ESPAÑA DEEP TECH

MWC: mucho más que movilidad

José Miguel Herrero
Publicada

Si sigues viendo el Mobile World Congress como una feria de móviles, te habrás perdido la parte más importante de lo que ha transcurrido la semana pasada en Barcelona

El MWC sigue siendo una gran cita de conectividad, claro. Pero eso ya no significa solo terminales, operadores y stands de hardware. El propio congreso se presenta como el mayor evento de conectividad, con una agenda mucho más amplia y con una idea central muy reveladora para esta edición: The IQ Era. No es un cambio de marketing. Es un cambio de perímetro. Del móvil como producto a la infraestructura tecnológica como sistema.  

Y ese cambio importa mucho. 

Con la IA pasa algo lógico: se lleva los titulares la aplicación que ves, la demo que impresiona, el asistente que responde mejor. Es la capa visible. Pero la capacidad real se decide más abajo: en redes, chips, fotónica, ciberseguridad, energía, cloudedge, computación especializada y materiales. Ahí está la base que sostiene la economía digital. Sin eso, la capa de software no escala, se encarece o depende de otros. 

Por eso me interesa tanto leer el MWC en clave Deep Tech. Deep Tech no es una etiqueta bonita para startups técnicas. Es ciencia e ingeniería profunda convertidas en producto, en infraestructura y en industria. Es el puente entre lo intangible y lo físico: del software al mundo real, y del mundo real otra vez al software. 

Si miras el MWC así, encaja todo mejor. Encaja que el congreso hable de ecosistema, de industria, de negocio y de policy al mismo tiempo. Encaja que el evento ya no funcione como una feria vertical, sino como un punto de encuentro entre capas que antes estaban separadas: grandes corporaciones, emprendedores, equipos técnicos, inversores y administraciones. Esa mezcla no es atrezzo. Es la condición para que una tecnología salga del laboratorio y llegue a despliegue real. El MWC, de hecho, insiste en esa idea de conexión entre líderes de tecnología, negocio y gobierno como parte de su propuesta central.  

4YFN refuerza esa lectura. Mucha gente sigue pensando en 4YFN como “la zona startup” del MWC. Hoy su papel debe ser más estratégico. La propia organización lo presenta como el evento de startups ligado a GSMA MWC, y subraya una ventaja muy concreta: al estar colocalizado con el congreso, el ecosistema de 4YFN gana acceso a una red de más de 100.000 asistentes entre ambos eventos. Para una startup Deep Tech, esa densidad importa mucho, ya que lo que necesita es acceso simultáneo a cliente industrial, capital especializado y socio tecnológico. Y eso no pasa todos los días.  

Hay además una señal local que conviene leer bien. En el ecosistema que rodea al MWC, Mobile World Capital lleva años empujando transferencia tecnológica con programas como The Collider, que se define de forma muy clara: ayudar a proyectos científicos e innovadores a pasar del laboratorio al mercado. Ese tramo es justo donde Europa suele perder velocidad. Tenemos ciencia. Tenemos talento. Lo que muchas veces falta es convertirlo en empresa a tiempo y con escala. Que Barcelona tenga este tipo de instrumentos cerca del MWC no es un detalle institucional. Es una ventaja competitiva.  

Un ejemplo muy concreto, y además cercano, es LuxQuanta, una participada nuestra. LuxQuanta trabaja en comunicaciones cuánticamente seguras y ya ha demostrado en Madrid una red quantum-safe entre centros de datos y AWS Direct Connect con arquitectura punto a multipunto. Dicho sin jerga: seguridad de nueva generación sobre infraestructura real, no una prueba aislada. Y hace apenas unos días volvió a comunicar resultados de validación en condiciones metropolitanas, con coexistencia sobre fibra y tráfico DWDM en un entorno representativo. Este tipo de compañías explican mejor que cualquier definición por qué el Deep Tech importa: porque une ciencia dura, integración industrial y necesidad estratégica.  

Aquí aparece la dimensión política, que ya no se puede separar de la tecnológica. 

Europa lleva años hablando de digitalización, pero durante demasiado tiempo aceptó una contradicción: querer liderazgo digital sin controlar suficientes capas críticas de la cadena de valor. Hoy esa contradicción se ve mejor. Por eso la conversación europea gira cada vez más hacia competitividad, inversión y autonomía tecnológica. La Comisión lo ha verbalizado con su Competitiveness Compass, presentado en 2025 como hoja de ruta para recuperar dinamismo económico. No es casualidad. Es respuesta a una realidad.  

Lo mismo pasa con semiconductores. El Chips Act europeo no se plantea solo como apoyo sectorial. Se formula explícitamente en términos de resiliencia de cadena de suministro, reducción de dependencias externas y soberanía tecnológica. Esa redacción es importante porque confirma algo que en el ecosistema ya sabíamos: la economía digital depende de capacidades físicas, industriales y científicas. No basta con consumir tecnología. Hay que saber producirla, desplegarla y mantenerla.  

Y en defensa esta lógica se vuelve todavía más evidente. La UE ya tiene una Estrategia Industrial de Defensa, la primera de este tipo, y la enmarca en una necesidad de preparación industrial en un contexto de alta intensidad geopolítica. Eso cambia la conversación. Muchas tecnologías que veremos en el MWC o en 4YFN tienen una lectura dual: sirven para industria civil y también para infraestructuras críticas, seguridad y defensa. Fotónica, comunicaciones seguras, sensores, ciberseguridad, IA, edge computing. Hablar de ello no militariza el debate. Lo aterriza.  

También conviene decirlo con claridad: soberanía tecnológica no significa autarquía. No se trata de cerrar Europa ni de fingir que puedes hacerlo todo solo. Se trata de no llegar desarmado a la próxima disrupción. Se trata de tener capacidad de decisión, de producción y de protección en las capas que realmente sostienen tu economía. 

España, en este contexto, tiene una oportunidad mejor de la que a veces reconoce. No por optimismo local, sino por datos: Mobile World Capital sitúa ya en 1.007 las spin-outs deep tech activas en España, con crecimiento anual, fuerte concentración en Cataluña y Madrid, y un vínculo directo con universidades y centros de investigación. Es decir: la materia prima existe. El reto ahora es convertir ese flujo en más compañías con escala internacional y en más integración con industria.  

Por eso el MWC de 2026 importa más de lo que parece

No es solo una semana de anuncios. Es un termómetro de dónde se está moviendo el poder tecnológico. Y si tú miras bien, la señal es nítida: la próxima ola no va solo de software ni de apps. Va de infraestructura, ciencia, industria y capital coordinados. 

Va de Deep Tech

Y esta vez, Europa no debería llegar tarde. 

***José Miguel Herrero es managing partner de Big Sur Ventures